Archivos diarios: junio 15, 2007

JOSÉ MANUEL PARDO

Lo más seguro es que su nombre nunca sea mencionado en los libros que hablan del cine cubano. No era un artista. No dirigió películas. Nunca escribió un libro. No protagonizó ninguna polémica pública. Y sin embargo, se pasó la mayor parte de su vida viviendo “por” el cine nacional. Tenía varias tareas, lo sé, pero una de las que más placer le reportaba, era esa que lo obligaba a viajar “al interior”. Terminó siendo la cara pública del ICAIC en las provincias.

No me queda claro cuándo entró a trabajar en el Instituto. He visto algunas de las fotos de esos primeros tiempos, donde muestra una imagen totalmente alejada a la que me acostumbré a ver en persona. Me cuesta trabajo ubicar cuándo pasó de hombre flaco a alguien más bien regordete. Creo que algo de eso le dije una vez, y se echó a reír. Era su mejor manera de dar por concluido un asunto cuando no le convenía responder.

Una de las fotos que más evoco es esa donde aparece en el estribo de uno de esos carros-móviles que, desde principios de los sesenta, se encargaron de llevar el cine a las zonas más intrincadas de Cuba. Una tarde le dije que me interesaba indagar en la manera en que había surgido aquella idea, en la cual él había tenido bastante protagonismo a la hora de ejecutarla. Me hubiese gustado armar algún testimonio sobre eso. No sé por qué no insistí más, pues se está perdiendo impunemente la memoria de esa actividad. Como si la misma no formara parte también de la historia del cine cubano. Menos mal que existe “Por primera vez”.

Habrá muchos que, desde luego, no lo recordarán de la misma forma que yo. Estamos condenados a ser apreciados según la circunstancias, y él perfecto no era (pero, ¿quién lo es?). Nuestras relaciones, por ejemplo, en un inicio no fueron demasiado edificantes. Por aquellos años lo consideraba simplemente “un funcionario”. Y yo pensaba que “un intelectual” tenía el deber de llevarle siempre la contraria al “funcionario”.

El primer desencuentro fue a propósito del Primer Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica. Nunca entendí muy bien por qué le parecía mal que se nombrara “nacional”, algo que aunque se celebraba en Camaguey, estaba invitando a críticos de todo el territorio. Jamás nos pusimos de acuerdo, porque en esas cosas era bastante tozudo. Pero aunque no dio su brazo a torcer (o demoró en darlo, ya no me acuerdo), al final resultó ser el que más nos ayudaba en la parte organizativa. Después llegaron otras valiosas ayudas, pero el primer vicepresidente del ICAIC en apoyar al Taller de modo incondicional fue él. Veía al evento como el pretexto idóneo para, ya de paso, darle una mano de pintura y algo más a los cines de la provincia.

La noticia de su muerte, ocurrida el 30 de julio del 2001, todavía me parece una novedad escandalosa, no obstante el tiempo transcurrido. Al menos lo es para aquellos que en las provincias nos acostumbramos a llamarlo a cualquier hora a esa casa de dos plantas que está en La Corea, y que alguien bautizó como “La Casa Parda”. Hoy me he acordado de él y he querido escribir esto. Yo sé que se me quedaron algunas cosas por agradecerle. Por ejemplo: que se sintiera “uno más del interior”.

Juan Antonio García Borrero.