Archivos diarios: junio 10, 2007

HOMENAJE A GERMINAL HERNÁNDEZ (Tomado de La Jiribilla)

Palabras de despedida de duelo

Roberto Smith • La Habana

Estimados familiares, amigos, amigas:

Si aceptamos que el cine es un milagro, hoy estamos despidiendo a uno de sus principales demiurgos, a un creador excepcional en una especialidad poco distinguida por el glamour, pero absolutamente imprescindible en el arte audiovisual. Germinal perteneció a esa generación que en los años más tempranos de la Revolución y del ICAIC, aprendió a hacer cine haciendo cine, fundando una cinematografía que es hasta hoy parte esencial de la cultura cubana.

Sería interminable la relación de películas y de documentales a las que aportó Germinal desde sus inicios como asistente hasta su rápida consagración como sonidista. Germinal trabajó con la mayor parte de los directores cubanos. Baste mencionar algunos títulos de su muy extensa filmografía como Memorias del subdesarrollo de Tomás Gutiérrez Alea, Páginas del diario de José Martí de José Massip, El hombre de Maisinicu de Manuel Pérez, Retrato de Teresa de Pastor Vega, De cierta manera de Sara Gómez. A todas estas películas, debemos sumar la reciente Kamgamba de Rogelio Paris, donde Germinal impuso su rigor profesional superando el acoso de su quebrantada salud. Los que compartieron con Germinal este último período de su vida, saben que Kamgamba le permitió renacer, otra vez calzar las botas para un nuevo combate.

A su filmografía debe agregarse el fecundo paso por el Grupo de Experimentación sonora del ICAIC y su papel en la formación de los nuevos sonidistas que se fueron sumando a la industria.

Al brillante ejercicio de su profesión, Germinal sumó una electrizante personalidad que ejercía una suerte de magnetismo entre sus compañeros. Ni el peso de los años vividos con desbordada intensidad, ni la enfermedad que lo perseguía, pudieron borrar su mirada pícara, la sonrisa contagiosa, la facilidad para construir una broma en las más difíciles circunstancias.

Germinal era y seguirá siendo un amigo entrañable para muchos de nosotros. Su concepto de amistad, de hermandad, descansaba en una lealtad indestructible.

Podemos juntar al dolor de su partida, la alegría de haberlo conocido. Son muchas las películas que detrás de un diálogo, de una canción, de un grito, de un disparo, de un suspiro, han dejado para siempre la obra de Germinal.

En nombre de sus familiares y amigos, agradecemos a todos habernos acompañado en este tránsito hacia su permanente memoria agradecida.

Muchas gracias.

Pronunciadas por Roberto Smith, Vicepresidente del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Publicado en Cubacine

Para Germinal Hernández a modo de responso

Amaury Pérez Vidal • La Habana

Se nos ha muerto Germinal y yo me he sentido solo otra vez. En kilómetros de celuloide quedará impreso su nombre, decenas de máquinas grabadoras guardarán sus huellas, los estudios de grabación detendrán el galope y el cine reinventará el silencio para rendirle un mudo tributo a modo de responso.

Lo conocí un venturoso invierno del 71 cuando, con la ternura como escudo, en el ICAIC de los sueños, me defendió, a como diera lugar, de la maledicencia de algunos y la ingenuidad propia, porque entre muchas virtudes profesionales era un valeroso institutor, ese profesor que entre bromas defiende a sus alumnos del garrotazo y el disparo mientras les enseña, en su caso, el arte del sonido, la mudez y la vida. Nos hicimos inseparables desde el primer momento, con orgullo aseguro que fui su microfonista preferido y que en aquellos años no se podía distinguir donde iniciaba él y terminaba yo.

Germinal me sacó del aséptico cascarón donde habitaba y llevándome del brazo, me mostró el mundo real, el terrible y encantado cosmos donde cruzan espadas el marginal y el admitido, el abakuá y el impío, el ebrio y el abstemio, el hombre y sus demonios.

Se nos iban las horas desandando la ciudad, los Estudios de Prado, las Cañitas del Habana Libre, su casa en 26 y la mía en B y 25 resguardan los ecos de mujeres amadas y temas prohibidos acompañados por el alcohol y Stevie Wonder. Me regaló sus amigos, hoy para siempre míos: Rapi Diego, Juan Carlos Tabío, Luís García Mesa y Sergio Vitier, todos verdaderos hombres de cine y por lo tanto inveterados jodedores con quienes dividí los años de lozanía y a quienes les debo casi todas mis alegrías de entonces.

En los últimos meses hablábamos con intermitencias por teléfono y alguna que otra vez compartimos un trago que nos pareció el primero. Germinal no perdió jamás su capacidad de asombrarme, provisto de una personalidad contagiosa, le adicionó a la mía un mucho de la suya y ahora, gesticulando frente al espejo, creo advertir sus ojos pícaros y su quijotesco perfil adueñándose del mío ya para siempre.

Otros reseñarán su invaluable aporte a la cinematografía cubana, y el destino de su obra detendrá la muerte, pero, a horas de su deceso, haciendo un repaso de nuestros años de juventud, lo recuerdo sonriente y cercano, ingenioso y dicharachero, eternamente libre de culpas y temores, con su grabadora a cuestas y los audífonos resguardándole del ruido exterior.

Germinal se nos fue, eligió el modo de partir, no lo culpo, debe andar por allá, a la espera, sonorizando el cielo.

Adiós a Germinal, un artista del Sonido

Jorge Luis Sánchez • La Habana

En el caluroso cementerio desde el que se ve el Estudio de Sonido del noveno piso, en el que tantas noches y días trabajó, los del sonido del ICAIC colocaron micrófonos, bocinas y audio. Mientras se depositaban las coronas fúnebres sobre la pesada lápida, se escuchó Tonada para dos poemas de Rubén Martínez Villena, en la versión que Silvio Rodríguez grabó hace muchos años. Linda versión esta de los versos de Rubén, seguro estoy que grabada por el propio Germinal aunque no lo se con certeza, pero la presencia acuciosa de Galiño estaba allí para que la memoria fuera justa, coherente y exquisita, como ha de ser.

No se si eran ekobios, si cultivaban la amistad, pero delante de los micrófonos se ubicó Roberto Smith, vicepresidente del ICAIC, para hacer el panegírico. Como casi siempre hacen los cubanos para vencer el miedo escénico, dio los acostumbrados toques, dos, casi nunca son tres o cuatro, para verificar que funcionaba bien el aparato de audio, y el micrófono. Entonces comenzó a leer bellas verdades que merecía nuestro amigo, como esa de que el Sonido es, de las especialidades del cine, la menos glamorosa… Después de treinta segundos la utilidad del audio terminó ahogada en las fauces sedientas de silencio de las tumbas.

Viendo los rostros de los técnicos que jamás encontraron la solución para restaurar lo que definitivamente se había ido allí mismo. El sonido, los que conocimos a Germinal tuvimos que sonreír. Las atribuladas expresiones de desconcierto de los técnicos parecían decir “no puede ser.” ¿Cómo en el entierro de uno de los grandes artistas del sonido de este país, justo en su despedida, no lo acompañaría un mínimo de decibel reproducido tecnológicamente? ¿Era la mano y la mirada burlona del alma de Germinal desde el más allá, que no fue más que ese sol insoportable que antes no nos dio sosiego durante la marcha ascendente tras el cortejo?

Terminó Smith a viva voz. Natural. Luego de los aplausos que no suelen darse en este sitio, nos retiramos en paz, en complicidad no pocos porque de otra manera no se concibe el descanso eterno de un hombre chévere, de excelente y finísimo humor, además de buena persona.

El 2 de junio de 1974 se fue Sara Gómez. A ella y a Germinal no solo los unió el cine, sino, el amor y como resultado dos hijos, Ibis y Alfredo. Treinta y tres años y un día después, el pasado 3, con la fina inteligencia de su personalidad jodedora se nos fue también Germinal, inasible, sin ruidos, como un eco que acompaña el silencio expresivo de las inolvidables bandas sonoras.

Publicado en Cubacine