UN MENSAJE DE REYNALDO GONZÁLEZ

Querido Juany:

Hace dos o tres días te saludé y por supuesto, saludé el valor de tus textos en el blog que, sé, muchos estudiosos o interesados en el cine cubano pinchan. No quiero terciar –y sabes que no es mi intención brillar sobre el esfuerzo ajeno– en la discusión de tus puntos de vista sobre Vigón y Puig, las informaciones que aportas en afán de justicia.

Cierto que en ese caso, como en muchos otros, la información que se ha manejado es harto amañada. En un número reciente de la revista “Cine Cubano” –que vive una nueva etapa interesante, sin los compromisos férreos que la timonearon antes–, ventilaron el caso del filme “La vida comienza ahora”, de Antonio Vázquez-Gallo situándola, como se merece, como verdadero primer filme realizado en el período revolucionario. Y al parecer otras revisiones ocuparán sus páginas, si no se corta este hilo de Ariadna recién comenzado.

En una de esas me pidieron un texto sobre mi experiencia al frente de la Cinemateca de Cuba que, como sabes, por torceduras en la visión que se ha impuesto sobre el cine y la comercialización como tábula rasa, abandoné después de once años para devolverme a mi camino como escritor.

Entre los pecados que se cometen –excusa si ahora debo hablar de mi trabajo– es el desconocimiento de mi libro “Cine cubano, ese ojo que nos ve” (Plaza Mayor, San Juan, 2002), que el ICAIC no adquirió, y ni siquiera ha reseñado. No creo que ese libro sea perfecto, ni que en sus páginas yo me haya liberado de la malla tejida alrededor del pasado del cine cubano, pero ya era una mirada diferente, minuciosamente desatendida.

El libro no circula en Cuba y quizás al cumplirse los cinco años reglamentarios para recuperar los derechos, inste a una edición cubana, aunque sé que algunos de mis criterios desentonan en un coro de permanentes alabarderos a sueldo, particularmente en la negación que han hecho del pasado y en la sobrevaloración impuesta sobre las producciones del período revolucionario.

En mi libro, sin embargo, ya se podía leer una clarificación sobre el caso “La vida comienza ahora”. Cierto que en relación con la historia verdadera del cine cubano y sobre la valoración que se tiene de sus antecedentes hay mucha interesada oscuridad y tergiversación. Las brumas deberán borrarse con trabajo que supere el publicismo oficioso que rodea esos temas, incluidas las contradicciones entre los protagonistas de la aventura fílmica cubana, manejadas en tejidos engañosos, como de telaraña.

Aquí te copio párrafos de las páginas 142 y143 de mi libro “Cine cubano, ese ojo que nos ve” y te mando un abrazo, el de siempre, Reynaldo González.

«Otro valor tuvieron los noticieros de la época, por sus referencias contextuales. Su importancia: sacar las cámaras a la calle cuando ocurrían cosas de interés que resultarían históricas. En ese sentido, con reticencias y sin buscar más que el reflejo del acontecer político y social, los estudian especialistas que no se resignan a la nostalgia sublimada o a los esquemas llevados a slogans. Ese periodismo traducido en imágenes en movimiento dejó documentos de gran valor, en particular los trabajos de un arriesgado camarógrafo, Eduardo Hernández, Guayo. Captó batallas del gangsterismo político, imágenes de la turbulenta actualidad e intentos por derrocar la dictadura, incluidos reportajes de las guerrillas en las montañas. Partes de esas entregas conformaron un conjunto, “De la tiranía a la libertad”. Pudo exhibirlo en 1959, después del derrocamiento de Batista. Y fundaron su noticiero propio, “Cineperiódico”, con el que enfrentaron el monopolio noticioso en las salas de cine. (1)[1] Esa cooperativa (Guayo, José Guerra Alemán y José García) rescató noticieros silentes de los años treinta que montaron con el añadido de una voz de locutor y titularon Memorias de una vieja cámara. En una antología de sus propias imágenes concretaron un documental sobre la lucha clandestina previa al triunfo revolucionario: “El gran recuento” (1959), vorazmente canibaleada por otros documentalistas. “Gesta inmortal” (1959), de Eduardo Palmer, y “Surcos de libertad” (1959), de Manuel de la Pedrosa , también saludaron el triunfo revolucionario y resultaron obras de transición entre regímenes.,
»Glosando un título del Guido da Verona, “La vita comincia doman”i, Antonio Vázquez Gallo se arriesgó con “La vida comienza ahora” (1959). Comedia en exceso deudora del cine anterior y de los folletines televisivos, narró los primeros meses de la revolución desde la vida de una familia. Ha resultado un ejemplo de la transición, también en términos productivos. Por solicitud del interventor de la empresa RKO de Cuba, cuyos dirigentes americanos abandonaron el negocio, Vázquez Gallo, director de programas dramáticos televisivos, llevó a proyecto más ambicioso una simple escaleta sobre el socorrido tema “La hija del penal” y una canción de moda, “Ladrillo está en la cárcel”. Convirtió al preso en conspirador antidictatorial y lo metió en amoríos con la hija del alcaide, para una película que tuvo como gancho la presencia de actores populares de la televisión (Pedro Álvarez, Lilia Lazo y Angel Espasande). Tuvo el favor del público, llegó a pantallas del Este europeo, ¡la doblaron al chino!, pero sería desfavorecida por los analistas una vez redondeado el monopolio de producción y distribución cinematográfica. El futuro cine cubano sería otro y diferentes sus formas. La revista Bohemia fue drástica al considerarla el “primer melodramón cinematográfico revolucionario, en que se empata a la fuerza un tema de la lucha contra la tiranía y un folletín de rancia estirpe, […] pero su amateurismo, su lentitud y su libreto francamente risible lo colocan a la altura del cine mexicano de tercera categoría. Si este es el resultado comercial que se esperaba, la película es un éxito. Pero si se sondean las posibilidades de lo que debe ser la industria cinematográfica nacional, entonces hay que admitir que “La vida comienza ahora” pertenece sin remedio a la prehistoria del cine cubano” (2).[2] Su director no se contentó con los epítetos: “Como quiera que la película quedó olvidada al crearse el ICAIC, y por eso no aparece en la lista de realizaciones del cine cubano de la época, siendo en realidad el primer filme que se realizó al principio del triunfo de la revolución y del que en la actualidad no queda más (tengo entendido) que un rollo del mismo, pues no puedo señalar lo que yo decantaría actualmente de logros o defectos” (3).[3]
«”La vida comienza ahora” fue la pieza de ficción que anunció el ineluctable cambio, independientemente de sus errores y los que la nueva política cinematográfica le viera a todo el cine anterior, énfasis crítico no siempre aplicado a sus propias creaciones. Humberto Solás, el talento más joven de la primera hornada del nuevo cine, ha dicho: “Habría que recolocar un filme como “Casta de robles”, u otro realizado ya después del ‘59 como “Realengo 18”; obras fallidas en su conjunto, pero con secuencias dignas de ser remiradas con espíritu apolíneo más allá de las decepcionantes carreras o avatares morales o estéticos de sus autores. Otro tanto debiera ocurrir con un documental como “PM)” (4).[4] El cine diferente tuvo un antecedente en un filme de denuncia, el corto documental “El Mégano” (1955), de Julio García Espinosa (colaboración de Alfredo Guevara, Gutiérrez Alea y José Massip), sobre las misérrimas condiciones de vida de los carboneros en la Ciénaga de Zapata. Considerada como primicia del movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano, la pelicula fue censurada por la dictadura batistiana, lo que le dio valoración heroica. Su realizador la tiene como obra de aprendizaje: “Hoy lo vemos como una película naïf, sin encanto formal alguno y, lo que es peor, con una visión de la realidad muy simplona, como si sus autores tuvieran como única preocupación la de no adentrarse en complejidades que les hiciera imposible ensayar el poco oficio de que disponían” (5).[5] El otro talento definitorio del futuro cine cubano, Tomás Gutiérrez Alea, filmó una película previa a la fundación del ICIAC, “Esta tierra nuestra” (1959), sobre la reforma agraria, para la Dirección de Cultura del Ejército Rebelde, con auténticos campesinos como protagonistas, método que evocaba el neorrealismo. Esos documentales, como “La vivienda” y “Esta tierra nuestra” (1959, García Espinosa) se tienen por peldaños iniciales de una cinematografía que permanentemente tendría en cuenta los altibajos históricos y una actitud comprometida con el acontecer social. “No sería justo, aún hoy día, decir que estos primeros documentales fueron trabajos de ocasión o de propaganda [ha dicho García Espinosa]. La actitud de los autores no era premeditada sino orgánica, y si bien la anécdota era sencilla y hasta esquemática, la comunicación con el público se establecía con recursos tan lícitos como la misma historia que los originaba. En cambio, sí se puede afirmar que como factura cinematográfica esos documentales no reabasaron el nivel amateur”.» 6.[6]

________________________________________
1) Ref.: “La memoria compartida”, en Cuadernos de la Filmoteca , no. 7, pp. 30-31, Madrid, 1999.
2) Bohemia, La Habana , 21 de agosto de 1960.
3) Guía crítica…, ed. cit., pp. 351-353.
4) Humberto Solás en Rufo Caballero: “Habría que estar en mi piel. Cuatro décadas en la voz de Humberto Solás”, Revoluciòn y Cultura no. 2-3, La Habana , marzo-junio de 1999, p. 5.
5) Julio García Espinosa-Víctor Fowler Calzada: Conversaciones con un cineasta incómodo: Julio García Espinosa. ed. New England Latin American Film Festival. Pukara Life Archievement Award for the Media Arts, Rhode Island , 1997, p.54.
6) García Espinosa: “Sobre nuestro cine documental”, en Cine Cubano, num. 23-24, La Habana , 1964.

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Publicado el mayo 29, 2007 en POLÉMICAS. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. El Cubano Loco

    Estimado amigo:
    Una nota sobre Guerra Aleman, fundador de Cineperiodico y despues Vice-Presidente de la firma Guastella Films en San Juan, Puerto Rico.
    Guerra Aleman quien subio a la Sierra Maestra, donde capturo la verdadera faz del monstruo de Fidel Castro, y lo hace otra vez en su libro “Barro y Cenizas: Dialogos con Fidel Castro y Che Guevara”
    Hace un par de anos, Guerra Aleman publico:
    ” CUBA INFINITA, una obra enciclopédica que comprende un total de 6,500 fotografías en blanco y negro y color de los sucesos y personajes más sobresalientes de la historia cubana desde 1855 –fecha de la primera fotografía tomada en exteriores de La Habana– hasta la llegada al poder de Fidel Castro 1959.”
    Vea mas en: http://cubainfinita.com
    Lo saluda afectuosamente,

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