Archivos diarios: mayo 7, 2007

FRESA Y CHOCOLATE EN LA TV CUBANA

Fresa y chocolate o la nación “perfectible”

Por Jesús Laó

La noticia no es, como han creído y divulgado algunos, que “Fresa y chocolate” (1993), de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, llega catorce años después de su estreno a la TV cubana. Si pensamos bien, muchos interesantes filmes del patio realizados en la década de los 60 (léase “El Huésped”, de Eduardo Manet, o “Desarraigo”, de Fausto Canel tampoco han corrido tal suerte (y sabe Dios si esto ocurrrirá algún día).

Lo importante, a mi juicio, radica en que era ésta la más esperada de las películas del patio, la que más reclamaban los telespectadores, y si bien no pudiera afirmarse que la misma inició un “nuevo cine cubano”, al menos sí, indudablemente, que abrió una nueva etapa para éste.

No voy a cuestionar ahora si salió en el espacio debido, incluso reconozco que, pese a lo que afirmé en mi anterior artículo sobre el tema, cuando se trata de un suceso así (con implicaciones que trascienden lo artístico para alcanzar lo sociopolítico) no hay telenovela o hasta juego de pelota que lo derrote.

Sí: “Fresa…” , pese a los miles que la vieron durante su estreno en cine, o grabada en rústicas cintas de video casero, era esperada en el medio por excelencia: la TV (no olvidemos que, para muchos en Cuba, el cine sólo existe cuando llega por esta vía).

“Espectador crítico”, el mismo programa elegido para trasmitir los dos anteriores filmes “descongelados” (“Páginas del diario de Mauricio” y “Suite Habana”) acogió el sábado 5 de mayo del año 2007, a las 8:30 p.m (hay que anotar desde ya, y por más de una razón, esta fecha) la muy significatica obra de Titón/Tabío partiendo del laureado relato de Senel Paz “El bosque, el lobo y el hombre nuevo”, Premio “Juan Rulfo” 1991.

Pero las sorpresas no acababan, desde que varios mails y websites indicaron quién era el especialista invitado: nada menos que Frank Padrón, lo cual no tendría nada de particular, al contrario, si no fuera porque el famoso crítico, muy en la “caldera” pública últimamente por una carta donde amenaza al ICRT con renunciar si cambian de canal su programa televisivo “De nuestra América” –y por ciertas resonancias (incluso políticas) de su libro de relatos “Las celadas de Narciso”– se ha desgañitado reclamando justamente cine cubano “prohibido” para su espacio (lo cual, hasta ahora al menos, no ha ocurrido, de modo que esta invitación huele a “desagravio”.

De cualquier manera, y lo que de veras importa, es que la elección no pudo ser mejor: de que hubiera asistido un crítico oficialista que se dedicara a hacer loas gratuitas, o alguno de los caballeros (o damas) de la “Mesa Redonda”, o el tipo de invitado que con más frecuencia asiste al programa, a mi juicio, de modo excesivo (los sicólogos, como si los más importantes desmontajes del cine provinieran sólo desde tal ángulo), con Padrón se dio en la justa diana no tanto por su especialización en cine cubano y latinoamericano, como por su condición de estudioso sistemático de los temas gay-lésbico en tal manifestación; pero sobre todo, por la serenidad y rigor habituales de sus análisis.

Luego vino el filme, presentado íntegro, sin un mínimo corte; admira comprobar su extraordinaria vigencia, las lecciones cinematográficas, éticas y estéticas que (sin didactismos ni consignas) imparte hoy mismo, catorce años después.

“Espectador crítico” fue, entonces, un programa redondo, en el cual la conductora, Magda Resik, si bien hizo preguntas un tanto generales, al menos ofreció la oportunidad de que las mismas fueron respondidas no sólo amplia, sino (lo mejor) sutilmente. Del intercambio quedó claro para los (me consta: muchísimos ) televidentes, dos puntos axiomáticos:

1ro)-La apuesta que hace el filme por una nación inclusiva, respetuosa del criterio ajeno (en política, en cultura, en sexualidad, en TODO) como única posibilidad de progreso, de verdadera democracia participativa, de co-laboración (mucho más que de tolerancia) entre “iguales” y diferentes.

2do)-El protagonismo de uno (o de dos, en uno) de los sujetos más lastimados por el proceso revolucionario en el pasado (los homosexuales, los cristianos) muchos de los cuales, como el Diego del filme, no sólo no eran noscivos a la sociedad “en construcción” sino, incluso, muy positivos por su ayuda incondicional , su pasión, su honestidad, al margen de sus tendencias eróticas y/o religiosas.

De ello puede brotar, ya lo creo, una Cuba perfectible, mejorable, que al margen de quien la dirija o del rumbo que tome en un futuro, pueda avanzar hacia una sociedad basada en el martiano “con todos y para el bien de todos”, algo por lo cual brindó en su momento Fresa y chocolate, que resume el abrazo final de Diego y David, y que “Espectador crítico” ha llevado, en esta feliz tarde-noche del 5 de mayo de 2007, a un sinúmero de agradecidos, esperanzados hogares cubanos.

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