ESCENAS DE LOS MUELLES, de Oscar Valdés.

Título: ESCENAS DE LOS MUELLES (1970)/ Drama / 35 mm. / Panorámica / B/N / 29min./ Prod. ICAIC / Pdtor. Eduardo Valdés Rivero / Estr. Diciembre 28, 1970. Cine Rex Cinema / Dir. Oscar Valdés / G. Víctor Casaus / Diál. Improvisados / Fot. Livio Delgado / Op.Cám. Luis García, José M. Riera / Mús. Roberto Valera / Ed. Amparo Laucirica, Rolando Baute / Son. Germinal Hernández, José Borrás / Int. Humberto Molina, Ramón Ponce, Lupe Ramírez, Marta Cartaya, Edwin Moore, Elsa Liangert, Lázaro Elliot .

Sinopsis: Dos estibadores, antiguos compañeros, enfrentan sus contradicciones con el nuevo status político-social, la responsabilidad moral en conflicto con la amistad. Interpretado por actores no profesionales, el filme mezcla el documental con la ficción.

Premios: 1971. Seleccionado entre los cortometrajes más significativos del año. Selección Anual de la Crítica. La Habana, Cuba.

Una de las obsesiones más intensas del cine cubano nacido en 1959 fue la construcción de un “verosímil fílmico”, distinto al que hasta entonces imperaba en el imaginario colectivo de la época. El cine cubano revolucionario hizo suyo no pocas observaciones críticas de Glauber Rocha (“un cine no puede ser descolonizador si usa el lenguaje colonizador”), desechó más bien temprano el modelo de representación propuesto por el neorrealismo italiano, y apeló a cuantos recursos estilísticos cayeran en sus manos con el fin de apresar una “realidad” hasta entonces inédita en la historia del país. Al carecer de medios y tradición suficientes para encarar las ficciones con la sistematicidad deseada, sus mayores esfuerzos se concentraron desde un inicio en el fomento y ejercicio de un documental iconoclasta e innovador. Con el tiempo, llegaron esas grandes películas donde apenas puede notarse el mestizaje de texturas; “Escenas de los muelles” (1970) de Oscar Valdés (n. 18/ agosto/ 1919; m. 18/ febrero/ 1990), acaso sea una de las cintas que mejor logró esa operación linguística.

Antes de ingresar al ICAIC en 1961, Valdés había colaborado con el cineclub de la Sociedad Cultural “Nuestro Tiempo”. Su primer documental se tituló “El hombre contra el dolor” (1961), luego codirigió junto a Humberto Solás los cortos “Minerva traduce el mar” (1963) y “El retrato” (1963), para lograr dos años después lo que se considera un verdadero clásico de la documentalística cubana: “Vaqueros del Cauto” (1965). De su obra posterior resultaron significativas “El ring” (1966), “Muerte y vida en el Morrillo” (1971), “El extraño caso de Rachel K” (1973, su único largometraje de ficción), “Arcaño y sus maravillas” (1974), “Lecuona” (1983) y “María Teresa” (1984), por mencionar apenas algunas.

Inspirado en el Lionel Rogosin de “En el Bowery” (On the Bowery/ 1956), Oscar Valdés se propuso con “Escenas de los muelles” realizar un filme que registrara en forma de crónica las relaciones entre Raúl y El Moro, dos estibadores de los muelles habaneros, cuya amistad de alguna manera se había visto afectada por los cambios sociales que acontecían alrededor de ellos. Pero a diferencia del grueso de los documentales cubanos de entonces, que abusaban de la encuesta fría y la descripción prosaicamente analógica de los hechos, Valdés utilizaría el método de la puesta en escena y el cine directo, como resortes reveladores de los conflictos de sus personajes, quienes se representan a sí mismos dentro del filme, intuyo que más animados por la idea de recrear sus vidas, que devenir pasivos objetos de observación ajena.

Si bien desde principios de los sesenta, el término “cine verdad” se había hecho cada vez más popular, en ese afán casi colectivo de desmontar la inocente “transparencia” del lenguaje realista de Hollywood, es igual de cierto que no faltaron las observaciones empeñadas en demostrar lo ilusivo de la pretensión verista: el cine jamás podría escapar de esa condición fenoménica a que parece condenado el hombre que opera con la cámara, por lo que el cineasta lo más que alcanza a conquistar con su acción indagadora en la realidad es la “verosimilitud”, y esta, ya se sabe, no necesariamente guarda relación con la verdad. Mientras la verdad se refiere a lo indiscutible, a lo que existe con independencia de nuestros juicios e impresiones, la verosimilitud expresa el vínculo con lo que la mayoría de las personas entienden que es “real”. Más concreto: con la opinión pública.

Lo más valioso de “Escenas de los muelles” está relacionado con su nueva propuesta de “realismo” documental, o lo que es lo mismo, con la inserción de una ambigüedad narratológica que aún contraría los postulados estéticos y éticos pregonados por el grueso de la producción de entonces. Mientras en no pocos de los cineastas de la época, imbuidos por un espíritu colectivo de absoluta confianza en la transparencia del lenguaje cinematográfico, predominaba el deseo de llegar al público más por altisonantes ideas que por las sutilezas de las formas, “Escenas de los muelles” introduce en el cine de la isla una suerte de reflexión alrededor de la naturaleza misma de ese lenguaje, y la relación que suele establecerse entre las imágenes y su referente.

Y es que después que se termina de ver “Escenas de los muelles” uno puede preguntarse por la esencia misma del documental. Si lo que hemos visto no es ficción, como aseguran sus realizadores, ¿qué es entonces?, ¿realidad ficcionada?. Y si es esto último, ¿no está deformando el documentalista la realidad (la verdad) y con ello faltando a uno de los principios éticos defendidos por la Ley que creó el ICAIC?. ¿Dónde estaría la diferencia entre el gesto de Oscar Valdés y el de los camarógrafos Blackton y Smith, aquellos corresponsales norteamericanos que en 1898 armaron sobre su mesa de trucaje en Nueva York un corto que titularon “Combate naval de Santiago de Cuba” y que vendieron como real?.

Creo que para Oscar Valdés estaba muy claro el sentido de “lo real” en un filme, fuera este un documental o una ficción. Con “Escenas de los muelles” quedaba inaugurada en el cine cubano una manera de narrar que más tarde resultaría estropeada, en muchos casos, con el abuso del llamado “docudrama”. La soltura de Oscar Valdés para mezclar épocas, intereses individuales y conflictos colectivos, terminaron concediéndole a la cinta un aliento poético que los que han llegado después, aún cuando igual aprovechen “la Historia”, no han podido superar. De hecho, si el filme es aún hoy efectivo se lo debe a ese tratamiento tan desenfadado que hace del contexto que describe; Valdés explota como un consagrado el carisma de sus imprevistos “actores”, poniendo en crisis de paso aquel viejo mito del director como único creador de las situaciones dramáticas dentro de una película. El guión de Víctor Casaus es riquísimo en sugerencias que más tarde la cámara operada por Livio Delgado, Luis García y José Riera se encarga de traducir en pantalla de manera convincente y que hizo comentar a Oscar Valdés en aquella fecha: “Escenas de los muelles es la obra más difícil que he hecho hasta el momento, la más compleja y la que ha exigido de mí un mayor esfuerzo. He aprendido más que nada por la experiencia de hacer una puesta en escena con sonido directo y dirigiendo a actores no profesionales”.

Juan Antonio García Borrero

Publicado el marzo 25, 2007 en DOCUMENTALES CUBANOS. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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