Archivos diarios: marzo 15, 2007

X FESTIVAL DE MÁLAGA: “ARRITMIA”, de Vicente Peñarrocha

FICHA TÉCNICA: Arritmia/ Guantanamero/ España-Gran Bretaña/ Año: 2007/ Director: Vicente Peñarrocha/ Guión: Philip Palmer, Vicente Peñarrocha/ Música: Rich File/ Fotografía: Kilo de la Rica/ Dirección de arte: José Luis Arrizabalaga, Arturo García/ Diseño de vestuario: Paco Delgado/ Maquillaje: Ann Spiers/ Edición: Sam Sneade, Michael Bradsell/ Sonido: Ricardo Steinberg/ Actúan: Natalia Verbeke (Manuela), Rupert Evans (Ali/ Jeb), Derek Jacobi (Guido/ Comandante), Said El Mouden (Smail), Javier Manrique (Iván), Erica Prior (Interrogadora).

Sinopsis: Cuenta la historia de Alí, un prisionero árabe en Guantánamo que logra escapar de su condena en un sueño que le lleva a descubrir una ciudad completamente nueva para él. En su viaje entre la ficción y la realidad Alí conocerá a Manuela, una bailarina cubana que le ayudará a conocer esa ciudad extraña pero estremecedoramente bella. Tras un grave acontecimiento, Alí saldrá de su sueño y descubriremos que nada es lo que parece.

“Arritmia” es el segundo filme de Vicente Peñarrocha (Valencia, 1965), quien en el 2003 había debutado como realizador con la muy bien recibida “Fuera del cuerpo” (premio al mejor director y guionista en el Festival de Málaga). La historia de este prisionero árabe que consigue escapar de los horrores de la base naval de Guantánamo, tiene un claro mensaje político. Sin embargo, su director ha optado por un relato donde la retórica anti-norteamericana es sustituida por un drama donde alcanzan a percibirse las emociones y contradicciones existenciales de todos aquellos que participan en la tragedia. Los prisioneros obtienen otra dimensión, pero también quienes ejercen los interrogatorios. El punto de giro que enseña hacia las postrimerías el guión es de lo mejor del filme. Sin embargo, a menudo uno siente que la película se estira de una manera gratuita.

Hay planos formidables, el sonido ayuda a sembrar inquietudes, y la edición contribuye a mantener el suspenso, pero creo que hubiese ganado en intensidad con un poco menos de metraje. Llegar más rápido a lo que se presentía inesperado no habría estado tan mal. En cuanto a La Habana que se muestra, tampoco es preciso entenderla en términos “realistas”. Después de todo hablamos de una ciudad soñada por el protagonista, una fantasía que se disuelve y reinventa según las expectativas que cada cual tenga (y que casi siempre hablan de una Habana que no existe). En ese sentido, el cine internacional ya ha hecho de las suyas, y Peñarrocha no ha podido más que añadir un nuevo ítem en esa larga lista de filmes foráneos que dan noticias de esa ciudad desde los sueños y las fantasías, y muy pocas veces desde el espacio real que la hace dolorosamente tangible.

Juan Antonio García Borrero

CINE CUBANO Y MARGINALIDAD

No abundan en el cine cubano las miradas al “margen” social. Si descontamos los trabajos de Sara Gómez, las versiones fílmicas de los textos teatrales de Eugenio Hernández (“La inútil muerte de mi socio Manolo”/ 1989, de García Espinosa, y “María Antonia”/ 1990, de Sergio Giral) y aquel polémico noticiero de José Padrón titulado “Los albergados”, pudiera decirse que el cine nacional más bien se ha caracterizado por describir en pantalla una sociedad que es todo “centro”, y que por ende, carece de márgenes, matices, o al menos de sitios ubicados en la periferia de un conjunto de prácticas sociales. Con “Un pedazo de mí” (1990) primero, pero sobre todo con “El Fanguito” (1991), el cineasta Jorge Luis Sánchez logró reinsertar en el discurso fílmico de la isla aquellas inquietudes que Sara Gómez había sometido a debate en algunos de sus documentales y “De cierta manera” (1975), pero que jamás alcanzaron a discutirse con la intensidad que demandaba el asunto.

En realidad, es fácil entender la ausencia del marginalismo como tema fílmico, si se recuerda que este mismo término ya antes había sido prácticamente suprimido del pensamiento social insular, en la creencia más bien ingenua de que la implantación del socialismo, con sus estrategias tendentes a desarrollar de manera igualitaria la salud, la vivienda y la educación, bastaban para anular un fenómeno tan complejo.

Hoy sabemos que no era tan simple, pero el enfoque aún sigue siendo inmaduro, cuando no extraviado: se insiste en enumerar los indiscutibles logros sociales del país, mas sin tomar en cuenta la diversidad de grupos existentes dentro de la misma sociedad. Lo lastimoso es que en casos así, sucede que las voces subalternas (esas que se saben en minoría o distintas a la voz oficial o mayoritaria) terminan resultando excluidas de un esquema sociológico que en su búsqueda de homogeneidad, apenas le conceden un espacio al sujeto no representativo de esa sociedad idealizada.

En próximos días colgaré un par de comentarios breves sobre “De cierta manera”, de Sara Gómez, y “El Fanguito”, de Jorge Luis Sánchez, dos de las películas que, a mi juicio, mejor suerte han tenido a la hora de aproximarse al tema.

Juan Antonio García Borrero