Archivo de la categoría: REFLEXIONES

POR PRIMERA VEZ, OTRA VEZ

En estos días en que se exhibe el animado Meñique (2014) en el multicine Casablanca he pensado otra vez en el hermoso documental de Octavio Cortázar Por primera vez (1967).

Como se sabe, este documental registra las impresiones de un grupo de campesinos que, por primera vez, se enfrentan a una proyección cinematográfica. La experiencia colectiva es filmada de un modo meticuloso por la cámara de José López, inmortalizando esos rostros asombrados en planos de una belleza insuperable. Alcancé preguntarle a Cortázar si nunca pensó en retornar a ese intrincado lugar, y filmar lo que hubiese podido ser Por segunda vez con algunos de aquellos niños convertidos en hombres y mujeres que aún viviesen en la zona.

Si asocio lo que está pasando en Casablanca ahora mismo con aquella experiencia del siglo pasado, es que una buena parte de los niños que están asistiendo a las proyecciones jamás se habían enfrentado al cine. Y hay que ver las caras que ponen cuando entran al salón, y se ven rodeados de otras personas, y luego se sumergen en un relato donde la oscuridad, el haz luminoso, la no interrupción de lo proyectado, convierten a la hora y media que dura la película en algo fascinante y único.

Los niños de ahora, desde luego, tienen una cultura audiovisual que no tuvo mi generación. Su visión más primigenia del mundo se ha estado conformando, no a partir de los patrones que pudiera conceder una cultura literaria (que fue la que nosotros tuvimos), sino desde el incesante consumo de imágenes acompañadas de sonidos (o a la inversa) que llegan ahora a sus sentidos a través de los más sofisticados dispositivos de grabación y reproducción que invade lo doméstico. Pero en esos casos, la ausencia de oscuridad, por ejemplo, la contaminación con otras experiencias simultáneas, el ejercicio adictivo del zapping, impide que podamos hablar de lo mismo que se vive en un cine.

Después de asistir al Casablanca, no serán pocos los que descubran que nunca será lo mismo ver Meñique en la pantalla inmensa del cine, que en la pantalla de la computadora, o en la del televisor del hogar. Será la misma película, pero no la misma experiencia, y el cine es sobre todo eso: experiencia única que se comparte entre muchos.

Aquellos que me dicen orgullosos que ya vieron en casa los últimos estrenos fílmicos no saben lo que hablan. O mejor dicho, reciclan el mismo disparate que ponen a circular los que creen que conocen el Guernica por las reproducciones de los libros, sin haber visto el cuadro original jamás en un museo.

Juan Antonio García Borrero

LA DISTANASIA DEL CINE

Conceptualmente, la distanasia, según el DRAE,  es el “tratamiento terapéutico desproporcionado que prolonga la agonía de enfermos desahuciados”.

Para mí el cine (entendido como aquella práctica que era capaz de generar, a través de dispositivos únicos – hablo de un proyector, una gran pantalla, y una gran sala oscura- una suerte de hipnosis colectiva), ya está muerto. En tal sentido, debo confesar que todo intento de prorrogar su hegemonía simbólica me parece una variante bastante prosaica de distanasia (lo opuesto a lo que sería una eutanasia capaz de reportarle una muerte a la altura de la dignidad que ha gozado en su tiempo de vida).

El hecho de que el cine (en el sentido que aludí antes) ya esté muerto, o al menos no goce de la vitalidad de antaño (eso lo dice el público que deserta de la experiencia en masa, no yo), no le resta un ápice de importancia a su legado humanista, y a lo que sigue significando en nuestras vidas su aparición y maneras de diseñarnos durante todo un milenio el sentido de nuestras existencias. Lee el resto de esta entrada

ITALIA EN CUBA; CUBA EN ITALIA

Me enteré tarde de la noticia: Julio García-Espinosa recibió la Condecoración Oficial de la Orden de la Estrella de Italia.

Es una noticia que retiene mi atención y me alegra muchísimo, no solo porque en lo personal siga viendo en García-Espinosa a uno de los pensadores más incisivos que ha tenido el cine cubano (y además, no menos importante, un amigo), sino porque precisamente a principios de este año, los de la “Cátedra Tomás Gutiérrez Alea” hablábamos en Camagüey de la posibilidad de conformar un grupo de trabajo que impulsase la investigación de las relaciones cinematográficas que han tenido lugar entre cubanos e italianos.

Como es fácil presumir, tomando en cuenta la existencia en nuestra ciudad de esa Cátedra, todo surgió a partir de esa circunstancia histórica que posibilitó que Julio y Titón coincidieran como estudiantes en el Centro Sperimentale di Cinematografía de Roma.

Y es que faltan tantas cosas todavía por estudiarse de lo que significó para el posterior cine revolucionario esa estancia de los dos cubanos en aquel lugar. Es decir, se sabe lo que ambos han contado en diversos artículos y entrevistas, pero faltaría indagar en la impronta que no se deja apresar en los documentos escritos, o en las fotos que se recuperan, aún erosionadas por el tiempo.

Hablo de la huella sutil que va quedando en el camino, invisible, pero a la vez, imborrable. Como esas marcas de carmín que ya no existen, y sin embargo, uno no puede dejar de verlas.

Juan Antonio García Borrero

SOBRE LA CULTURA DEL ZAPPING

Los humanos de esta época aún no tenemos idea de los estragos que puede causar el exceso de información que tenemos ante nuestros ojos. Por lo pronto, el peligro mayor que veo está en la pérdida de un espíritu auténticamente crítico. Si antes el periodismo se erigía en tribuna casi única donde se debatían los grandes problemas, los problemas públicos que nos afectaban a todos, ahora la proliferación de canales informativos amenaza con narcotizar cualquier esfuerzo por llegar al fondo de los asuntos que se examinan. Se puede tener toda la libertad del mundo para expresarse, pero el tiempo humano no alcanza para examinar y resolver tal diversidad de intereses.

El gran escritor José Saramago reflexionaba de este modo en un artículo:

“Si una persona recibiera cotidianamente 500 periódicos del mundo entero en su casa, y si tal cosa llegara a saberse, es probable que la gente pensaría que está loca. Y sería verdad. Porque, ¿quién si no un loco puede proponerse leer diariamente 500 periódicos? Habría que leerse uno cada tres minutos, o sea más de 20 por hora las veinticuatro horas seguidas. Mucha gente olvida esa evidencia cuando vibran de satisfacción anunciándonos que de ahora en lo adelante gracias a la revolución numérica, podemos recibir 500 cadenas de televisión. ¿Y de qué manera 500 cadenas de televisión podrían tenernos mejor informados que los 500 periódicos que no podemos materialmente leernos?”

La revolución electrónica ha posibilitado la paulatina consolidación de “la cultura del zapping”, y con ello, la adicción al fragmento informativo. Esto puede ser liberador en la medida en que nos quita de encima el peso de “las verdades oficiales”. Nada más reconfortante que, a través de una simple operación con el mando del televisor, enviar al olvido (y sin remordimiento) las imágenes de esos intrusos que se cuelan en casa para vendernos como únicas sus particulares visiones de la vida.

Lo malo es que con ese gesto casi automático de pasar por pasar canales estaremos olvidando la búsqueda de una información “veraz”. En esos casos, para decirlo como Saramago, el individuo “será un consumidor de imágenes pero no un informado”.

Juan Antonio García Borrero

VOLVER A CAMAGÜEY

Siempre estamos regresando de algún lugar, inclusive cuando no ha existido desplazamiento físico alguno. En todos los casos, para nuestro propio bien, siempre estamos regresando a la realidad.

Mi realidad concreta se llama Camagüey, y a esta ciudad que está a punto de festejar sus cinco siglos de fundada, acabo de regresar luego de permanecer tres semanas en los Estados Unidos (la primera en Washington; las otras dos en Miami).

Volver a Camagüey nunca será lo mismo que volver a Cuba, país que la mayoría de los extranjeros (y algunos cubanos) asocian a La Habana. Volver a Camagüey significa retornar a un laberinto arquitectónico donde conviven, a veces como perros y gatos, y de un modo más bien viscoso, lo colonial con lo moderno. Y eso inevitablemente se refleja en el comportamiento cotidiano de sus habitantes, y en lo arduo que muchas veces resulta poner en práctica ideas innovadoras.

No me gusta idealizar a Camagüey. Ni me gusta que idealicen mi relación con este sitio al cual, luego de viajar fuera de la isla más de treinta veces, siempre he terminado por retornar. Sé que, en términos materiales, tengo escasos argumentos que ofrecer para demostrar que, a pesar de todo, es aquí donde me sigo sintiendo bien (al menos hasta ahora). Mi salario es una miseria (apenas 375 pesos cubanos); la casa vieja donde vivo no serviría para promover el turismo (más bien lo espantaría); mi bicicleta (que ha sido siempre mi medio de transporte privado) cada vez tiene más prisa en poncharse. Con un poco de voluntad y suerte podría estar materialmente mejor en otro lado porque, a decir verdad, ahora mismo no tengo materialmente nada. Entonces, ¿qué es lo que me sigue devolviendo a este sitio? Lee el resto de esta entrada

MEMORIAS DE LASA 2013: UN CAMAGÜEYANO EN WASHINGTON

El refrán habla de que “a la tercera va la vencida”, pero en mi caso con LASA fue a la cuarta. Ya con anterioridad me habían incluido tres veces en diversos paneles, y siempre el problema de los fondos para viajar (que al final es más determinante que la concesión de la visa por parte de la Oficina de Intereses) terminaba disolviendo las posibilidades en la nada.

Esta vez Danae Diéguez, la organizadora del panel que nos llevó a Washington DC, consiguió que el Social Science Research Council (nuestro agradecimiento muy especial a Sarah Doty, coordinadora del programa) nos financiara a Gustavo Arcos y a mí el viaje y la estancia. Aquí también tendríamos que incluir en los agradecimientos a Ann Marie Stock, quien fue la que hizo posible que todos convivieramos esos días en el lujoso Marriott Wardman Hotel Park.

Debo confesar que LASA a ratos provocó en mí un efecto bastante brutal de “distanciamiento” hacia los asuntos cubanos que algunas veces se discutieron allí, lo que en el fondo agradecí. Supongo que ello se deba particularmente a mi condición de intelectual que vive en una “provincia” (no podría asegurar de modo convincente que fuera el único, pero al menos durante el evento no tuve contacto con ningún participante que viviera fuera de La Habana). Sí, ya sé que es una falacia provinciana eso de ir por allí enfatizando el lugar físico al cual se pertenece. En lo personal me siento cada vez más “ciudadano del mundo” arraigado a un sitio intangible al cual intento regresar siempre, aunque sea de forma mental. Lo he afirmado otras veces: soy triplemente insular, pues vivo en una isla (mi casona vieja adicta a los goteras) que forma parte de otra isla (Camagüey), que a su vez es parte de una isla mayor llamada Cuba. Lee el resto de esta entrada

ANTES DE LASA

Mañana estaré saliendo hacia los Estados Unidos, con el fin de participar en el LASA’s XXXI International Congress, que sesionará en Washington entre el 29 de mayo y el 2 de junio.

Nuestro panel, integrado por Danae Diéguez, Ann Marie Stock, Gustavo Arcos, Ernesto Pérez Zambrano, y el que suscribe, tiene por título “AUDIOVISUAL CONTEMPORÁNEO EN CUBA: ¿NUEVAS DINÁMICAS DE REPRESENTACIÓN?”.

En lo personal, me interesa llamar la atención sobre la posible emergencia de un nuevo tipo de “vanguardia intelectual” dentro del audiovisual cubano, a partir del uso de las nuevas tecnologías.

La academia suele aproximarse al audiovisual cubano a partir del examen frío de los textos fílmicos que llegan a las diversas pantallas. El uso de sofisticados enfoques nos ha permitido obtener ideas bastante lúcidas de cómo operan los filmes en nosotros; sin embargo, muchas veces hemos perdido de vista el origen fangoso de ese corpus audiovisual. La descripción de su origen y permanencia termina ocultando la impronta humana, demasiado humana, de los grupos que hicieron posible esa producción.

En el siglo anterior era fácil identificar el papel de los diversos grupos intelectuales que contribuyeron a consolidar la cinematografía post-59. Ya fuera desde el ICAIC o desde “Lunes de Revolución” se hacían públicas las preferencias o fobias estéticas (que a su vez simbolizaban una feroz pugna política), pero ahora, donde la descentralización de la producción y distribución no hace más que reforzar el consumo informal, ¿puede hablarse de una “vanguardia intelectual” dentro del audiovisual del siglo XXI? Lee el resto de esta entrada

PABLO RAMOS

Todavía no acabo de salir del cruel desconcierto. Ya sé: todos nos morimos un día. Es, sencillamente, algo natural. Pero hay ciertos momentos en que la muerte nos parece la cosa más inadmisible que se pueda concebir. Sobre todo cuando sobreviene en esos instantes en que el individuo que fallece se encuentra en plena madurez espiritual.

No puede decirse que la labor profesional de Pablo Ramos no haya sido reconocida en vida. Al contrario, son varios los colegas (dentro y fuera de Cuba) que ya han expresado el testimonio del dolor que propicia su pérdida física. Aún así, creo que todavía no tenemos la conciencia exacta de la envergadura de sus proyectos.

Cuando lo invitamos a colaborar con nosotros en la pasada edición del Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica, celebrado en Camagüey, y le entregamos el premio Cinema como reconocimiento a su labor, fue porque pensamos que en esta nueva etapa donde los seres humanos se forman y deforman a diario a partir del consumo audiovisual, la atención al niño apenas se ha tenido en cuenta. Se ha creído que dejando en manos de los más pequeños el consumo de lo que los adultos con poder diseñan a través de las nuevas tecnologías, estamos garantizando su bienestar.

Pablo Ramos desmontó con un rigor tremendo esa falacia. Si los adultos somos rehenes de esas manipulaciones con las cuales todavía no hemos aprendido a lidiar (aunque creamos lo contrario), ¿qué quedará para los niños si no reciben desde temprano una orientación crítica?, ¿qué nuevo conjunto de individuos se estará formando si en ese universo audiovisual al que tienen acceso apenas se estimula el auto-reconocimiento, y se fomenta la imitación de valores estereotipados, muchas veces ajenos a nuestras posibilidades más íntimas?

Sé que poco a poco llegará la resignación (siempre llega). Y entonces regresaremos a sus textos, y será como seguir conversando, compartiendo sueños, proyectos.

Juan Antonio García Borrero    

¿LA POST-CRÍTICA O LA CRÍTICA EN UN POST?

En un cuestionario bastante extenso a que me viene sometiendo un joven estudiante de periodismo, encuentro esta pregunta: “¿Cree usted que la unión del post con la crítica como género dé origen a una suerte de hibrido? ¿Por qué?”.

La pregunta es interesante, al menos para mí, pues hasta ahora no se me había ocurrido pensar en las consecuencias de este reciente matrimonio. Sencillamente he incorporado a mi práctica profesional una herramienta tecnológica, propiciada por Internet, que poco a poco se va haciendo natural en nuestras existencias. Y como sucede siempre, la vida (que es por naturaleza más sabia que el conjunto de humanos que hace uso de ella, tan atados a la razón instrumental) ha ido por delante de la teoría, lo práctico primero que lo intelectual.

Temo que el día en que nuestra academia haga suya la innovación tecnológica, y la incorpore a esa producción de saberes que avalaría un grupo de expertos en pedagogía, se pierda para siempre la posibilidad de acceder a lo más auténtico, a eso que permanece casi siempre oculto a nuestros ojos: la verdad de las cosas. Entonces tendremos sofisticadísimos programas educacionales, en los cuales los maestros (las autoridades) retomarán el control de las palabras que se dirán, las ideas que se argumentarán, siempre en función de una impecable metodología que ya nos ha diseñado el campo donde debemos movernos, los límites que tendríamos que respetar. Lee el resto de esta entrada

GUSTAVO ARCOS SOBRE LA RECIENTE REUNIÓN DE CINEASTAS CUBANOS

No hay sábado sin sol  

Por Gustavo Arcos

Los cineastas cubanos se han reunido frente al edificio ICAIC, tras una espontánea convocatoria que movilizó a casi 60 de ellos en la sala Fresa y Chocolate. Hacía rato que tal encuentro no se producía y el acto, significó el primer punto llamativo de la cita. Los había de todas las generaciones y posturas estéticas, pero esas diferencias se dejaron a un lado para asistir al llamado del realizador Enrique Álvarez a salvar el cine nacional.

Y es que, por una parte, la unidad no ha sido precisamente una de las virtudes que han acompañado a las nuevas generaciones. Demasiadas cosas, que han afectado o contaminado el desarrollo de nuestro cine, se han dejado pasar. Decisiones desafortunadas tomadas por funcionarios sin contar con los artistas, reiteradas censuras de filmes, caóticos diseños de programación y estrenos, insuficiente presencia en mercados internacionales, cierre casi total de los circuitos de exhibición en el país, ausencias de fondos para el fomento de la industria cinematográfica, notable debilitamiento tecnológico, pérdida de espacios legítimos donde promover o comercializar las obras en el territorio nacional, excesivas demoras en la implementación de leyes que amparen al creador audiovisual autónomo, son entre otros muchos, los problemas que han venido mellando la voluntad de los artistas y cineastas alejándolos de la institución y del otrora sentido de pertenencia que tenían por ella. De otra parte, la llegada de las nuevas tecnologías han abierto el camino para una creación mucho más independiente y efectiva, generándose una conciencia individualizada que confía mucho más en las acciones personales o de pequeños grupos de producción, que se mueven bajo otras dinámicas, presupuestos e intereses. En Cuba, desde hace años se filma mucho, pero se sabe que una parte considerable de esa imagen de la nación está realizada, a cierta distancia del control oficial. Lee el resto de esta entrada

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