PARA VERTE MEJOR – PASAJES DEL CINE CUBANO EN LA GACETA DE CUBA (2012), una compilación de Norberto Codina

Ya se acerca la gran fiesta del cine latinoamericano en La Habana, y además del festín de películas, podremos encontrar interesantes publicaciones en torno al audiovisual. Hay varios libros que llamarán la atención, pero hoy quiero recomendarles la compilación realizada por Norberto Codina, director de “La Gaceta de Cuba”, y para ello les dejo con el prefacio que él mismo escribiera. La presentación será el domingo 9 de diciembre, a las 3 de la tarde, en el Hotel Nacional.  

JAGB

 CINE CUBANO ENTRE DOS SIGLOS

  A Octavio Cortázar y Humberto Arenal

 I

Cuando hace medio siglo, en abril de 1962, aparece el número uno de La Gaceta de Cuba, en sus páginas se dan a conocer los dos primeros trabajos sobre el séptimo arte que se publicaran en el entonces tabloide quincenal, ambos motivados por el documental La tierra española, del reconocido realizador holandés Joris Ivens. Uno de los artículos, «La historia de un filme histórico», se debe al crítico Fausto Canel, y el otro aborda la narración de Ernest Hemingway, a la vez su guionista,  para dicho documental.

Tomás Gutiérrez Alea formaría parte, desde el período inicial de la revista, de su consejo de redacción, y aunque este no se hace público  en el machón hasta su número trece, ya venía colaborando en la misma. Esta es una de las primeras acciones que asocia a la naciente publicación con el cine cubano, en una nueva etapa que marcaría la mayoría de edad de la filmografía nacional.

En el epistolario de Titón, advertimos el interés para que a sus corresponsales en el extranjero les llegue La Gaceta,muestra de esa voluntad participativa que siempre caracterizó al intelectual orgánico que fue.

Desde entonces el cine, y sobre todo el de nuestros realizadores, ha tenido una permanencia constante, amén de determinadas intermitencias, en las páginas de la revista. Aparece una larga galería de colaboradores (ahora recuerdo al poeta Roberto Branly y sus habituales comentarios en los setenta), y trabajos que incluyen reseñas, crónicas, ensayos, entrevistas y diferentes dossiers que perfilaron una línea editorial en la segunda mitad de los noventa, vigente hasta nuestros días.  En diferentes momentos Reynaldo González, Rufo Caballero, Frank Padrón, Alejandro Ríos, Luciano Castillo, Wilfredo Cancio Isla, Mailyn Machado, Víctor Fowler, Desireé Díaz, Juan Antonio García Borrero, Dean Luis Reyes, Pedro R. Noa  y Arturo Arango, entre otros críticos y ensayistas, han publicado en las páginas de La Gaceta… Algunos de ellos, como Juan Antonio, Dean Luis, Pedro y Arturo, aparecen también en el presente volumen.

Quisiera detenerme en la firma del escritor Humberto Arenal, uno de los primeros guionistas del entonces joven ICAIC, y quien, entre otras colaboraciones de interés, nos entregó en exclusiva una serie de entrevistas, aparecidas con motivo de los cien años del invento de los hermanos Lumière. Esas entrevistas incluían figuras legendarias de la historia del cine como Buster Keaton, Orson Welles y  Mario  Moreno, el popular Cantinflas. Y también recordar la presencia del cineasta Octavio Cortázar, que, al igual que Humberto, perteneció al grupo fundacional en la cinematografía nacional de los sesenta y fue además un colaborador muy cercano a La Gaceta de Cuba. A ellos dos queremos dedicar esta selección.

Indiscutiblemente, las entrevistas a personalidades representativas de nuestro cine constituyen el acercamiento más generalizado al tema que nos ocupa. Un ejemplo que sobresale en los últimos años es la aparición, en el 2010, por el sello editorial del ICAIC, de Conversaciones al lado de Cinecittá, compilación de los diálogos que el escritor y director de cine Arturo Sotto sostuvo con un grupo de técnicos y especialistas que construyeron el ICAIC desde dentro,  y  que se publicaron en La Gaceta durante año y medio con motivo del cincuenta aniversario de la fundación del ICAIC.

Volver a esas entrevistas, a estos textos, resulta un redescubrimiento, y esto nos remite a la concepción del «lector» de Jean Paul Sartre. Sartre se debatía entre un lector ideal y uno real, y en esa dirección estaba encaminado el universo posible de los receptores de su libro y de su obra, lo cual es igualmente válido para las revistas culturales.

Me gustaría  recordar la entrevista que se hizo a Sergio Corrieri, donde se develan significativos acontecimientos, como la fundación y desarrollo de Teatro Estudio y el Teatro Escambray, o esa experiencia reveladora de los campesinos de la montaña, sin contacto durante siglos con la tecnología más elemental, casi vírgenes en cuanto a confrontación con el mundo exterior. Corrieri nos relata la  nueva experiencia cultural de aquellos campesinos en los primeros años de la Revolución con el llamado «cine móvil», ese «por primera vez» que también nos hizo llegar Cortázar, y que los lugareños, disfrutando la originalidad de la imagen, bautizaron, por extensión y con mucha imaginación al referirse a las representaciones teatrales, como «cine personal». Sergio, al que, en otro texto aparecido en este libro, Edmundo Desnoes llamara el «Mastroniani de los pobres», apelativo que, aunque alude a los clichés «del subdesarrollo», no deja de ser ocurrente y establece una asociación válida,  dado que Sergio fue, sin dudas, una imagen internacional del cine cubano.

Hay otros textos evocatorios, como los que rinden cumplido homenaje a dos realizadores de culto para las nuevas generaciones: Sara Gómez y Nicolás Guillén Landrián, quienes le otorgaron sonido e imagen a determinados márgenes de nuestra cultura y de nuestra sociedad. Además se incluyen abordajes al cine de la diáspora, zona que fue recuperada con vocación precursora por nuestra revista, como parte integrante de la cinematografía nacional.

 

II

Esta compilación pretende cubrir los últimos veinte años, establecer una especie de parte aguas entre dos siglos, referido a figuras, películas, modos y anti-modas de la filmografía criolla, y sobre todo a la ejecutoria del ICAIC, institución emblemática del cine cubano, más allá de polémicas, continuidades y sucesivas rupturas.

Su impronta constituye un ineludible legado no solo por sus películas de ficción y documentales, sino también por haber sido el epicentro de incesantes oleadas de creación que generaron lo mismo un  Noticiero ICAIC Latinoamericano—hoy declarado patrimonio en el Registro la Memoria del Mundo, de la UNESCO—, con Santiago Álvarez al frente;  una cartelística propia y muy original, con nombres tan imprescindibles en la plástica cubana como Eduardo Muñoz Bachs (durante varios años mi vecino silencioso en Línea número 10); que el auspicio a la innovación musical ejercido con  el Grupo de Experimentación Sonora. Paralelamente, promovió el disfrute y el conocimiento del cine, no solo llevándolo a todo el país mediante los llamados «cines móviles», que, como apuntamos antes,  perpetuara Octavio Cortázar en su documental Por primera vez, o exhibiendo sucesivos ciclos en la Cinemateca de Cuba, con Héctor García Mesa y su equipo, sino también incentivando los cines debates,  propicios para la formación de un nuevo público en el gusto por lo mejor del cine universal.

En una primera versión, nos ilusionamos con un volumen de casi seiscientas páginas, pero por imperativos de la industria y la economía, debimos de reducirlo en un tercio, haciendo aún más rigurosa la selección inicial, y lamentando algunas ausencias.

De los textos más recordados en estos muchos años de trabajo como revistero, está «Otro cine…», de Tomás Gutiérrez Alea. Esta colaboración me la ofreció personalmente Titón (con la complicidad de Ambrosio Fornet), en el otoño de 1995, y apareció por primera vez en español con una posdata especial para la revista, en el número de noviembre-diciembre que ese año La Gaceta de Cuba dedicó al centenario del cine. Unas semanas después moriría el reconocido  cineasta, y un par de periodistas extranjeros me contactaron, pues interpretaban ese documento como su testamento artístico, testimonio de su sobresaliente trayectoria.

De otros materiales de especial interés, pudiera citar: la declaración de fe en el cine de Humberto Arenal,  pasión que siempre lo acompañó; la entrañable crónica de Senel Paz sobre su «educación cinéfilo-sentimental»; el testimonio de Enrique Pineda Barnet acerca de Soy Cuba, película incomprendida en su momento y hoy icónica, de la que fue coguionista junto al poeta ruso Eugenio Evtuchenko; y Julio García Espinosa, sempiterno polemista a favor de un cine tercermundista, imperfecto e inconforme, con la vocación de hacer un arte «para vernos mejor», parafraseando el título de la presente compilación.

Este libro no hubiera sido posible, en primer lugar, sin todos lo que de una forma u otra se implican en la empresa pública que constituye una revista de larga data, cuyo medio siglo de existencia, y su vínculo con el cine, Ediciones ICAIC quiere celebrar.

A Pablo Pacheco, Mercy Ruiz y el editor Daniel García Santos, todos amigos del autor y de la revista, y demás colaboradores de ese sello editorial, queremos agradecer esta iniciativa. Y en especial a Lisandra Fernández, Arturo Arango y Arturo Sotto, imprescindibles colaboradores para que «el rodaje» que estas páginas quieren cumplimentar, «cuadro a cuadro» y «rushes» mediante, se haga realidad.

 Norberto Codina

El Vedado, mayo del 2012

 

FICHA TÉCNICA: 

PARA VERTE MEJOR – PASAJES DEL CINE CUBANO EN LA GACETA DE CUBA, Norberto Codina (compilación), Ediciones ICAIC, La Habana, 2012

Múltiples puntos de vista sobre el cine cubano, desde las perspectivas que ha generado este parteaguas que significa la última década del siglo XX y la entrada al nuevo milenio, confluyen en este volumen para componer un mosaico con las principales problemáticas que ha abierto esta nueva etapa, tanto dentro del ICAIC, como en el entorno donde interactúan alternativas a los procedimientos tradicionales de hacer cine, utilizando las opciones que ofrecen las nuevas tecnologías. En estas páginas se desgranan juicios, a veces controvertidos, otros apologéticos, pero todos complementarios, emitidos en entrevistas, crónicas y ensayos que La Gaceta de Cuba fue publicando entre los años 1993 y 2011. Por primera vez reunidos en un mismo espacio por Ediciones ICAIC, como parte de su esfuerzo por enriquecer el conocimiento sobre el cine cubano, y en ocasión del 50 aniversario de La Gaceta de Cuba, estos textos aportan información de primera mano a partir de testimonios y de las reflexiones de directores de cine, críticos, guionistas, actores, que han contribuido a la configuración de nuestra cinematografía. Asimismo, este libro constituye una manera de desatar en el lector, en el espectador, su propio diálogo con estos «pasajes» del cine cubano.

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Publicado el noviembre 27, 2012 en LIBROS SOBRE CINE CUBANO. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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