LA HISTORIA SIN ACONTECIMIENTOS (5 y final)

Una especie de “revolución copernicana”, nos dice Jean-Claude Schmitt en su ensayo sobre “La historia de los marginales”, “afecta hoy la escritura de la historia. Es sensible desde hace 15 años, aunque estaba preparada desde mucho tiempo atrás. Sin estar necesariamente abandonada, la perspectiva tradicional parece insuficiente, limitada por su propia posición: a partir del centro, resulta imposible abarcar de una mirada una sociedad entera ni escribir su historia de otra manera que reproduciendo  los discursos unanimistas de quienes detentan el poder. La comprensión brota de la diferencia: para ello hace falta que se entrecrucen múltiples puntos de vista, que revelen del objeto –considerado esta vez a partir de sus márgenes o del exterior- los tantos rostros diferentes que se esconden entre sí”.

El acontecimiento sería entonces ese fósforo encendido en medio de la oscura noche de la Historia, el cual permite vislumbrar a los sujetos más relevantes. Sin embargo, los marginales suelen quedar excluidos del inventario de acontecimientos históricos. La luz nunca llegará a ellos. El acontecimiento hablará apenas de los sujetos capaces de poner en marcha eso inefable que llamamos Progreso (con mayúsculas).

De allí que en la interpretación tradicional del acontecimiento el azar no exista: todo ha sucedido como parte de un guión que le permite al historiador explicar a su auditorio, el curso exacto de ese proceso que él asegura conocer igual que una película que ya ha visto. Ese saber ha sido construido básicamente a partir de fuentes que, en su momento, le aportaron publicidad a los hechos asociados al Progreso como bendición o fatalidad. El primero de ellos, los periódicos de la época.

La lectura de ese periódico de antaño, sin embargo, en modo alguno resulta pasiva. Lotman ha observado que “cuanto más inmutable es un texto, más activa es la percepción del que comprende”. Y en ese mismo artículo rememora esta interesante anécdota: “El difunto N. Smirnov-Sokolski, en una charla en los años cincuenta con los entonces jóvenes filólogos, preguntó cuál era la mayor rareza bibliográfica. Y él mismo contestó: el periódico de ayer: todos lo leyeron y todos los tiraron”.

Por lo general, cuando el historiador recupera el periódico de ayer, no lo asume como una fuente de información, sino como un documento histórico. Como algo absolutamente inerte, o inmutable, al decir de Lotman. Esto significa que no se está posicionando frente a esa multitud de noticias que tiene ante sí de la misma manera que lo hacemos en el presente ante nuestros periódicos o medios informativos, sino más bien a la caza de detalles que confirmen las teorías que ya el experto ha sustentado en su interior sobre determinados acontecimientos. Si en el presente de cada cual la incertidumbre existencial es lo que marca nuestra relación azarosa con la realidad, el presente del historiador con ese documento histórico más bien estaría regido por la sutil convicción de quien conoce el desenlace de la Historia que está escribiendo, si bien desconoce los móviles profundos que ha tenido el conjunto de eventos.

Lotman propone romper con ese modelo hegemónico en la práctica interpretativa de la Historia, donde el historiador sería una suerte de “gran pedagogo que con inusual arte demuestra (¿a quién?) un proceso previamente conocido por él”, para asumir otro donde el estudioso  “puede ser ilustrado con la imagen del creador-experimentador que realiza un gran experimento, cuyos resultados son, para él, inesperados e impredecibles”.

Los estudios más recientes sobre el cine cubano muestran una muy laudable tendencia a la experimentación. La aparición de fuentes hasta ahora desconocidas (como los epistolarios de Alfredo Guevara o Gutiérrez-Alea, por mencionar dos) ha contribuido a restarle fortaleza a esos enfoques binarios y rígidos que pretendían explicar los principales acontecimientos en que se ha visto sumido el cine del ICAIC sólo desde lo ideológico. Ahora ya no bastaría con explicar qué pasó con PM en el ámbito nacional (ICAIC vs. Lunes de Revolución y el consabido “Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución, nada”), por ejemplo, sino qué tendríamos que tener en cuenta también qué pasó con PM “dentro” del ICAIC.

En esta nueva circunstancia que vivimos, luego de una intensa polarización ideológica, los bandos que hasta ahora han pugnado por imponer sus respectivas versiones de los acontecimientos, terminan difuminados en una realidad que les supera, que les absorbe, y da lugar a una visión más compleja de ese proceso inclusivo que nunca cesa, y al cual tendríamos que reconocer como la verdadera Historia.

 Juan Antonio García Borrero

About these ads

Publicado el noviembre 26, 2012 en REFLEXIONES. Añade a favoritos el enlace permanente. Dejar un comentario.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 596 seguidores

%d bloggers like this: