LA HISTORIA SIN ACONTECIMIENTOS (4)

En la variada y casi siempre antagónica percepción de los acontecimientos históricos,funciona lo mismo que Alexis de Tocqueville anotaba de un modo más general sobre la vida humana: “Más que las ideas, a los hombres los separan los intereses”.

El historiador o historiadora, por supuesto, no escapa de esa regla. De hecho, los puntos de vista concebidos a partir de los géneros (que recién ahora es que comienzan a tomarse en cuenta con la seriedad académica que demanda el asunto), podrían enfatizar esa separación de intereses puntuales.

No será lo mismo pensar en “el caso Cecilia” o en “el caso Alicia” desde la perspectiva masculina que desde la femenina: los intereses de género también aquí imponen una determinada comprensión de los acontecimientos. Lo mismo podría aducirse de la perspectiva racial o relacionada directamente con los intereses de aquellos que vivan en el margen social: para estos últimos, ¿qué importancia podía tener en 1961 PM como acontecimiento que marcó una política cultural inédita entre los cubanos?, ¿fue realmente un acontecimiento?

En uno de los aforismos de “Más allá del Bien y del Mal”, Nietzsche anota:

Los acontecimientos y pensamientos más grandes – y los pensamientos más grandes son los acontecimientos más grandes – son los que más se tarda en comprender: las generaciones contemporáneas de ellos no tienen la vivencia de tales acontecimientos,-viven al margen de ellos. Ocurre aquí algo parecido a lo que ocurre en el reino de los astros. La luz de los astros más lejanos es la que más tarda en llegar a los hombres; y antes de que haya llegado, el hombre niega que allí existan astros-. « ¿Cuántos siglos necesita un espíritu para ser comprendido?» – éste es también un criterio de medida, con él se crean también una jerarquía y una etiqueta cuales se precisan: para el espíritu y para el astro”.

El nuevo historiador debería tomar en cuenta que, allí donde existieron en su momento exhaustivos repasos de acontecimientos históricos, casi siempre lo que estaba hablando era la voz impersonal de la época, con sus imperativos institucionales, su creencia ingenua de que, de algún modo, los historiadores habían llegado al fin de su propia historia. El nuevo historiador debería colocarse, pues, más allá o más acá del acontecimiento, para ensayar lo que Dilthey tempranamente llamó “comprensión espiritual”.

Aclaremos que una historia sin acontecimientos no es sinónimo de una historia sin “hechos”. Más bien estaríamos hablando de un regreso a los eventos originarios que en su momento dieron lugar a esas crisis y traumas que hoy resulta imperioso registrar y estudiar, en tanto son los conflictos profundos que en todas las épocas han diseñado los escenarios donde los hombres y mujeres viven, colaboran, luchan entre sí sin piedad, y mueren no tanto en nombre de las Ideas, como defendiendo con las garras sus más humanos intereses.

Juan Antonio García Borrero  

 

OTRAS ENTRADAS EN EL BLOG:

LA HISTORIA SIN ACONTECIMIENTOS (1)

LA HISTORIA SIN ACONTECIMIENTOS (2)

LA HISTORIA SIN ACONTECIMIENTOS (3)

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Publicado el noviembre 22, 2012 en REFLEXIONES. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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