EL SOL ES JOVEN CADA DÍA
Hoy, en “La ciudad simbólica”, a las cinco de la tarde, en la sede de la UNEAC de Camagüey, estaremos hablando una vez más del “audiovisual joven en Cuba”. Para muchos, ya se ha hablado demasiado. Para mí, todavía es poco, porque hasta que no se consiga crear una suerte de conciencia de eso que llamamos “joven”, seguiremos tallando en las nubes, como hubiese dicho Martí.
He tomado como pretexto una efeméride: hoy se está cumpliendo un nuevo aniversario de aquella noche en que dejamos inaugurada en el Chaplin lo que entonces se llamó “Primera Muestra Nacional del Audiovisual Joven”. Fue el 31 de octubre del 2000, y el hecho de que me tocara ser su primer director ha despertado en mí no poca nostalgia. Así que he ido a los papeles que conservo, y he regresado al programa inaugural, integrado por los cortos Clase Z Tropical k(2000), de Miguel Coyula, Se parece a la felicidad (2000), de Aarón Vega, Caidije… la extensa realidad (2000), de Gustavo Pérez, Rrring (1998), de Pavel Giroud, Más de lo mismo (2000), de Esteban García Insausti, y La Época, El Encanto y Fin de Siglo (2000), de Juan Carlos Cremata.
El propósito no es la remembranza por la remembranza. Cada vez me interesa menos esa suerte de pornonostalgia que vive de lo que fue, de lo que alguna vez quizás resultó espléndido, renovador, revolucionario, pero que hoy no hace más que condenarnos a la patética condición del eterno epígono. Me interesa en todo caso la interrogante que fiscaliza el conjunto: ¿qué se ha entendido en esta nación, en términos audiovisuales, por “lo joven”?
Esa pregunta me obliga a tomar como un mero pretexto a aquella “Primera Muestra Nacional del Audiovisual Joven”, para intentar internarme en zonas de mayor densidad, pues antes y después, se ha querido hacer “cine joven” entre los cubanos. Lo intentaron los cineastas “aficionados” que en la década del cincuenta, sin el menor apoyo, pretendían rodar en la isla (Plácido González, Germán Puig, Néstor Almendros, Titón, García Espinosa, entre otros), al igual que quisieron rejuvenecer esa estética Sabá Cabrera Infante y Jiménez Leal junto a buena parte de los fundadores del ICAIC (aún existiendo diferencias ideológicas irreconciliables), y más adelante Tomás Piard y Jorge Luis Sánchez encabezando un movimiento de cine aficionado que, aunque trabajó (en el caso del Taller de Cine de la AHS) con el apoyo de la industria, consiguió extenderse a lo largo de la isla.
Heráclito nos legó ese aforismo que ha conseguido llegar invicto a nosotros: “El sol es joven cada día”. ¿Por qué entonces esa otra fuente de luz que podría ser el audiovisual hecho por cubanos, muchas veces lo que acusa es senectud detrás de la lozanía?
Están invitados a la polémica, hoy, a las cinco de la tarde en la sede de la UNEAC de Camagüey, en el espacio “La ciudad simbólica”.
Juan Antonio García Borrero
Publicado el octubre 31, 2012 en AUDIOVISUAL JOVEN EN CUBA. Añade a favoritos el enlace permanente. Dejar un comentario.
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