MARIO CRESPO SOBRE LA DICTADURA DE LOS CRÍTICOS
Es verdad, Juani, son unos tiranos la mayoría de los críticos, pero para eso existen, creo yo. Unos más justos, otros apasionados e injustos a veces, otros sin ninguna elegancia y otros, con gran sindéresis y cultura que lamentablemente no son la mayoría. Pero la crítica es también un género literario y como en todo, habrá críticos cuyas obras y nombre perduren; otros, cuando pasen los años, nadie sabrá que existieron. Les toca a ellos, como a todos los artistas velar por su futuro. ¿Cuántos críticos de arte coexistieron con José Martí? Las críticas de arte del maestro todavía son escuela; de muchos de sus contemporáneos, ¿quién se acuerda?
El peor problema, creo, es la crítica inculta, que parte sólo del análisis formalista de la obra. Ya Lezama y Octavio Paz se ocuparon de esto en los años 40, pero se ignora o se quiere ignorar ante la falta de capacidad de los críticos para ubicarse en este plano del análisis. Lezama quería una crítica que se alejara de lo formalista, de la simple enunciación de valores y defectos, obviando el simple dominio de los traducible, es decir una crítica que no tenga en cuenta los valores y criterios individuales y se atuviera a un saber construido metodológicamente. Una nueva epísteme, pedía. Y Luis Cardoza y Aragón decían en 1987 “Debemos ser suficientemente inteligentes como para siquiera desconfiar de nuestra inteligencia”
Y esto es lo que dice Octavio Paz cuando se refiere a la buena crítica. “La verdad no procede de la razón, sino de la percepción poética, es decir, de la imaginación […] el hombre es imaginación y deseo” coincidiendo con Lezama, Cardoza y también con Martí quien fue con Baudelaire uno de los primeros en abordar la crítica de arte desde un pensamiento poético, culto, literario.
Pienso firmemente que en las escuelas de arte y literatura debería existir una cátedra de crítica en la que todo el pensum esté basado en el estudio de la obra crítica de estos maestros; que no sea cualquiera que obtenga unas líneas en la prensa radial o escrita y decida hablar de arte, el que se arrogue el derecho a hacerlo. Si existe un colegio de médicos, de abogados, de ingenieros, por la importancia que tienen estos oficios en el bienestar del hombre; debería existir un colegio de críticos que vele por la salud cultural de la gente, por la tranquilidad del que desee buscar orientación en sus palabras.
A los artistas, en realidad debe importarles poco como artistas, pero su obra, aquella en la que dejan un pedazo de su alma, no merece que un cualquiera le de patadas desde su pobre y burda percepción. En este sentido, no puedo olvidar la crítica que a veces se hace con sentido político para complacer o complacerse, de acuerdo a líneas, postulados o corrientes políticas o de intereses en determinado momento. Eso sucede cuando se tiende a ver al arte y a la crítica en función de la política. Cuando se mezclan malsanos intereses de grupos o tendencias.
No olvido la arremetida de Mario Rodríguez Alemán contra la película Cecilia de Humberto Solás. En ella o ellas (creo que fueron varias) nuestro crítico estrella de ese momento (que por cierto, era uno de los más cultos de nuestros críticos) no concedió un sólo valor estético a la película, no intentó siquiera acercarse y entender el estilo de Humberto de todo su cine y se unió al grupo que quería abatir a Alfredo, usando como escudo la película y su costo. Ejemplo infamante de lo que no se debe hacer en crítica de arte: atacar al artista o a su promotor o mecenas en función de intereses extra-artísticos.
Mario Crespo
Publicado el octubre 1, 2012 en POLÉMICAS, SOBRE LA CRITICA. Añade a favoritos el enlace permanente. Dejar un comentario.
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