LOURDES PASALODOS SOBRE LA CRÍTICA

La ofensa jamás será el camino

Por Lourdes Pasalodos

El título “Definitivamente irremediable”, decidido por Antonio E. González para dar su opinión sobre el filme, Irremediablemente juntos, de Jorge Luis Sánchez, es portador desde el anuncio (gancho, en materia periodística) de la actitud de quien cree estar en posesión de la verdad absoluta. Si nos atenemos al significado de definitivamente: concluyente, irrebatible, indiscutible y un largo etcétera. (Se trata de un término con numerosos sinónimos, todos aplastantes.) Y de irremediable: irreparable, insalvable…, podremos pensar sin mucho esfuerzo que la película es un bodrio y, en lo adelante, leeremos los argumentos que así lo demostrarán. La afirmación, coloca o pretende colocar a priori a ese ente abstracto, que es el lector o el público, en el grupo de los detractores.

Como persona con cierta noción en materia periodística y cinematográfica, la afirmación de González me resultó, de inmediato, un error de lesa comunicación. No obstante, seguí leyendo. Mi apreciación del filme era (y es) diametralmente opuesta y quise encontrar en su visión, la mirada otra. No la hallé. El texto del ¿novel crítico?, es de principio a fin, demoledor, nada se salva, todo es pésimo.

Entonces llegué a la conclusión de que Antonio Enrique debe aprender a comunicar sus opiniones con consciencia de que el rol del crítico es de mediador y que tanto el hecho mismo de comunicar, como el de servir de intermediario, son ajenos por completo a la ofensa.

Quien se adentra en el conocimiento de las leyes de la comunicación y conoce los postulados de la mediación (1) lo primero que aprende es que, 1. hay que poseer una innata o cultivada vocación de servicio; 2., que esta no admite el protagonismo y 3. que las posturas agresivas son incompatibles con el ejercicio de la crítica, porque forman parte de lo que no debe hacerse, si de expresar un razonamiento en público y que implica a terceros, se trata. Máxime cuando el objeto de análisis es un producto artístico.

En lo adelante, no hay reflexión, sino la “demostración” de que el filme está plagado de: “un momento tan desastroso”, (el) “fracaso más palmario”, (la) “actuación encartonada”, (las)  “regulares interpretaciones musicales”, “la fallida fotografía”, (lo) “cursi in extremis”, (los) “despropósitos… Y así hasta el final:

“Cinta triste por sus grandes fallos (2) de factura, técnica y concepto, revoca toda nobleza sociocultural pretendida (?), difuminándose cualquier Norte a seguirpor esta barca sin remos, atrapada en un torbellino creado por su propia errática deriva”.

Las preguntas son: ¿qué objetivo mueve a Antonio cuando ejerce la crítica: colocar el filme en casillas de bueno, malo, excelente o pésimo; interactuar con el director y al propio tiempo con los espectadores para exponer un punto de vista enriquecedor, lo cual no es sinónimo de complacencia; o mirar desde una atalaya para sancionar o, en el mejor de los casos, ponderar?…

 

Crítica joven o nueva crítica

(Me atengo al orden de los comentarios  publicados en Cine cubano, la pupila insomne.)

 

“(…) De allí mi insistencia en que entre todos los que compartimos en el blog pensemos en cómo contribuir a fomentar entre nosotros verdaderamente una nueva crítica, un nuevo pensamiento crítico–, apunta Juan Antonio en la “Carta abierta a Antonio Enrique González Rojas…”

Debo comenzar por decir que, a propósito del comentario de Antonio Enrique y la carta de Juan Antonio, crucé con este varios correos personales en los que le exponía mis puntos de vista sobre la llamada “crítica joven” o “nueva crítica”.

 

Sintetizo ahora:

 

  1. La crítica es (o debe ser), el ejercicio del criterio por alguien con cultura, no solo sobre la materia en cuestión, sino con dominio de la técnica de comunicación del medio por el cual se expresa, ya sea “terrenal” o virtual;
  2. Si una escuela o movimiento –en este caso cinematográfico–, produjera un estilo crítico en particular, este no sería una derivación de la juventud, sino del contexto;
  3. La condición de joven no presupone la creación de lo nuevo. De ahí que llamar “crítica joven” al ejercicio de los noveles sería equivalente a otorgar una cualidad especial a una franja etaria, solo por el simple hecho de transitar por un período de la vida;
  4. Llamar joven o nuevo a lo que simplemente debe ser, forma parte de ciclos que se repiten en diferentes ámbitos de la cultura cubana. Las generaciones se suceden e intentan hallar un lugar en el espacio;
  5. Examinar el estado de la crítica cinematográfica, con todos y para el bien de todos, es más importante que nombrarla de una u otra forma. Se impone analizar cómo es la crítica “terrenal” a cargo de los críticos “oficiales” en los medios de prensa nacionales y cómo la de quienes la ejercen en el ciberespacio;
  6. La prensa escrita, radial y televisiva tiene límites espaciales y perfiles editoriales. El ejercicio de la crítica en sitios y blogs, cuenta con una dimensión sin límites y pocas o ningunas reglas del juego. El cauce del torrente virtual puede contener discernimientos importantes y otros que solo el falso sentido de la libertad de expresión, podría explicar;
  7. Hacer la crítica de la crítica (“pensarla”, en palabras de Juan Antonio), tanto la de la “terrenalidad” como la virtual, debería de ser el tema principal del próximo Taller de la Crítica Cinematográfica, en Camagüey, junto con algunos tópicos que se desprenden, como la pertenencia o no de los críticos jóvenes a los medios de prensa y la necesidad o no de que la “terrenalidad” y la virtualidad sean vasos comunicantes, entre otros.

¿Cuántas de nuestras obras pueden estremecer hoy al espectador?

 

“¿Cuántas de ellas podemos recordarlas siquiera al año de haberse estrenado? ¿Cuantas significan algo para nuestras vidas?” –se pregunta y se responde Gustavo Arcos, después de un primer comentario cuya frase, “a films mediocres, críticas mediocres”, mengua notablemente el alcance de sus palabras.

La crítica no hace ni al cine ni a ninguna creación artística o literaria; su rol es contribuir al análisis que el propio artista, la Industria y el público, puedan realizar sobre la obra.

“El problema debe o tiene que resolverse ARTISTICAMENTE utilizando el lenguaje del CINE. No es teatro filmado, literatura, danza, fotografía ni pintura y mucho menos debe representar de manera “bonita” el discurso de los políticos”–concluye Gustavo.

A lo que digo: he ahí un tema para discutir, la calidad de las películas cubanas en determinado período de tiempo: ¿de los noventa al dos mil?,  ¿solo los más recientes doce años? y la crítica realizada durante el período que se determine evaluar, “terrenal” y bloguera.

El papel del crítico va más allá del filme, puede y debe, interactuar con la Industria y la sociedad. No es un acto estéril ni tampoco inusitado. Críticos (jóvenes y experimentados) y cineastas como Julio García-Espinosa y Pastor Vega, se reunieron alguna vez en diferentes espacios, en la entonces biblioteca que funcionaba además como sala de conferencias de prensa en el noveno piso del ICAIC y la Martínez Villena de la UNEAC, para examinar la “salud” de nuestro cine. Corría la convulsa década de 1980, en el medio cultural, con las artes plásticas a la vanguardia, seguida por otras manifestaciones, entre ellas, el cine. Los debates en el Premio Caracol de la UNEAC en más de una oportunidad propiciaron por entonces el análisis de los audiovisuales por parte de realizadores y críticos, jóvenes y no jóvenes, con la participación de representantes de todo el país. (Recuerdo vívidamente a Juan Pin Vilar y a Camilo Hernández, jovencísimos, debutantes en el medio televisivo, defender con pasión sus pareceres.)

Después vino la debacle de los noventa, la dispersión, la incomunicación y la desidia. Aseguro con conocimiento de causa que la Asociación de Audiovisuales de la UNEAC ha convocado en el pasado reciente numerosos talleres y espacios de discusión y la asistencia ha sido mínima. Ni críticos jóvenes ni experimentados acudieron a esas tribunas. Concentrados, al parecer, en hacer el trabajo de pan ganar, cuando no dedicados a otras urgencias. He ahí otra pregunta interesante. (Hubo un caso particularmente significativo. La idea era llamar la atención, estudio mediante, que La Gaceta de la UNEAC privilegiaba la literatura y las artes plásticas en detrimento de otras manifestaciones, lo cual en el caso del audiovisual tenía visos alarmantes. Uno o acaso dos textos a lo largo de un año, por ejemplo. No asistieron los compañeros de La Gaceta, quienes después se disculparon con justificaciones más o menos aceptables. Los asistentes nos cocinamos en nuestra propia salsa.)

Mis criterios son bastante afines a no pocos de los razonamientos de Pedro Noa y coinciden, en lo esencial, con los de Juan Antonio. Él redondea, y me adhiero a sus palabras:

“¿Cómo lograr entre nosotros una crítica que sea capaz de superar el juicio impresionista y voluble, una crítica que sepa poner a un lado la vivencia particular para rastrear en los filmes determinadas lógicas disimuladas por las más diversas tramas y efectos visuales? ¿Será posible eso entre nosotros cuando términos como epistemología o semiótica devienen para algunos excentricidades idiomáticas? ¿Será posible esa renovación de la mirada que indaga si el que produce la interpretación se limita a opinar según lo que el humor o malhumor puntual le empuja a escribir?”

Opino que sí, que una crítica mejor es posible.

 

Para ver, pensar el cine y luego argumentarlo

 

      Eso dice el profesor Rolando Leyva, y agrega:

 

“¿Qué decirte [Juan Antonio]? Resulta en extremo difícil escribir, opinar, desde el comprometimiento personal de un individuo, es mi caso, que se desplaza de un extremo al otro de la cuerda floja que enlaza la docencia universitaria con la crítica de arte, específicamente audiovisual. Lo más difícil es precisamente eso, predicar con el ejemplo, para ver, pensar el cine y luego argumentarlo”.

Parecería una broma de pésimo gusto, sino fuera tan grave y real, que esa misma persona, el profesor universitario llamado a entrenar a sus estudiantes “para ver, pensar el cine y luego argumentarlo”, afirme con impudor hacia el final de su comentario:

“Si en los demás, los pocos que leen lo que escribo, causo algún afecto (Sic) parecido al estupor, pues agradecido, pero no me preocupa, de veras. Al final me consta que soy un provocador, no más. En cuanto a sí (Sic) la crítica cubana camina en la dirección correcta no creo que valga la pena detenernos a pensar en ello (3)Para eso están los críticos de los críticos, y también,  en su momento, a posteriori, los historiadores”.

En otra parte de su comentario peca por desconocimiento:

“Que se estrene en los circuitos oficiales un largometraje evasivo e irresponsable, oportunista, como Irremediablemente juntos, me dice que nada ha cambiado, que seguimos en las mismas, adocenados en la autocomplacencia y la enajenación, eludiendo confrontar la dura realidad social que nos anega y encuentra sus formas de expresión artística en el audiovisual cubano alternativo, ese descentrado pero no completamente desmarcado de la esfera de influencia del ICAIC pero que disfruta de cierta autonomía productiva que le ha permitido introducir el dedo en la llaga purulenta, pero ese ya es otro tema del cual pienso hablar más adelante”.

Ha dicho del filme y, por lo mismo, del director, que es evasivo, irresponsable y oportunista. Afirma, pero no argumenta como dice enseñar a sus alumnos. Ataca, pero no valora. ¿De qué se evade el filme?, ¿por qué es irresponsable?, ¿qué lo hace pensar con tanta convicción, que es oportunista en vez de pertinente? Si algo no se le pude negar a Irremediablemente juntos y a Jorge Luis Sánchez (4) es una proyección limpia y pletórica de osadía:

Osadía de hacer una película musical sin apenas antecedentes en la cinematografía nacional; osadía de incluir en el filme la entonces aún más oculta que estudiada, masacre de algunos miembros del Partido Independiente de Color en 1912, cuando dos años antes de la reivindicación del asunto, escribía el guión de la película, cuyo único antecedente audiovisual eran dos documentales de Gloria Rolando y recién se aplicaban, todavía en silencio, historiadores y otros académicos para colocar en su justo lugar aquellos hechos vergonzosos, y no había sido creada la Comisión Aponte de la UNEAC; osadía de elegir canciones todas y por primera vez en el cine cubano, inscritas en la tradición trovadoresca nacional; osadía de decidir junto con su editor un montaje vertiginoso y tajante que desde hacía muchísimos años no había vuelto a hacer acto de presencia en las cintas cubanas; osadía de expresar en una secuencia memorable en la que se mezclan rastas, emos, roqueros, trasvestis, santeros y otras “minorías”, que hay que cambiar los muebles, no la casa, en un emotivo llamado al respeto a la diversidad dentro de la unidad por la innegociable soberanía; no obstante urgida de transformaciones.

Al profesor Leyva y probablemente a Antonio Enrique González los perjudica la distancia geográfica o la falta de contacto directo con los realizadores, sean estos de la Industria o independientes. Es una condición absolutamente salvable.

Como tuve ocasión de asistir a la premier y hacerle un comentario in situ a Jorge Luis, él me salvó de lo que podía haber sido una pifia. “Me parece genial –le dije– que hayas rescatado el tema de la masacre de 1912, ausente hasta hora en el cine cubano. A lo que respondió: “No, no, la primera persona en reivindicarlo fue Gloria Rolando. Tiene un par de documentales sobre el tema. Deberías de verlos”. (5)

Me di entonces a la tarea de identificar el orden: supe que con simultaneidad, tanto Gloria, como algunos estudiosos, estaban resucitando el tema cada uno por su cuenta sin estar comunicados y que por esa fecha la UNEAC creaba la Comisión Aponte, que tiene un espacio en la WEB de la institución, en la que pueden hallarse artículos excelentes de Fernando Martínez Heredia, entre otros.

No me extrañó en absoluto la sincronía, suele ser más común de lo que parece en el arte, la literatura y la ciencia a lo largo del tiempo. Es como si de repente le llegara su turno en el devenir y varias personas, inclusive en latitudes distantes, se ocuparan de lo mismo, no siempre en idénticas disciplinas, para decirlo mal y rápido.

Al margen de datos que evidentemente el profesor Leyva no manejaba, no sería ocioso preguntarse, para qué escribe: ¿para llenar su tiempo?, ¿para estar on line? ¿Qué es lo que pretende provocar, si declara con total indolencia que no le interesa lo que pase?

Es ante textos como ese que me reafirmo en la idea de que no todas los criterios deben ocupar un espacio en sitios y blogs. La ansiada libertad de expresión mediática, no deja de ser una quimera, donde quiera que se la coloque. Los medios de prensa terrenales a nivel mundial tienen su propio perfil editorial; si usted es parte del equipo tiene que compartir las reglas del juego, si no, vaya a otro sitio. Internet, con infinitamente más capacidad, debe precaverse de un sentido equívoco de la libertad. Hay que luchar por  la libertad, sí, pero no solo como responsabilidad personal, sino, además, social, con un discurso que transite por el razonamiento y se aparte por completo la superficialidad y el irrespeto.

Es deseable que el debate continúe con los criterios de otros críticos (los “oficiales” también, ¿por qué no?), sin desdeñar la posibilidad de que pase, como una posibilidad natural, al blanco y negro “terrenal”; y que, llegado el momento, se propicie la participación de cineastas, en primer lugar de Jorge Luis Sánchez, por todo cuanto se ha dicho en Cine cubano, la pupila insomne de Irremediablemente juntos. Críticas que, por cierto, difieren de una decena colocadas en diferentes WEB.  (Aprecio su silencio como una señal de respeto por el debate, mientras aguarda por la hora de manifestar su parecer acerca de los análisis, positivos y negativos a su arriesgado segundo largometraje de ficción.)

No me ha sido posible referirme una a una a todas las opiniones emitidas; sin otra alternativa, marcada por la falta de tiempo, solo he hablado de aquellas que estimo positivas, negativas e inclusive inadmisibles.

NOTAS:

 

(1)   Existen textos excelentes publicados en Cuba por el Centro Félix Varela, en La Habana (disponibles en las bibliotecas públicas del país),  acerca de la mediación; si bien se trata de una materia que apunta a la mediación de conflictos entre personas, el comunicador puede hallar en ellos las claves para que sus mensajes lleguen de la mejor manera posible al receptor, aunque contengan críticas, cualesquiera que sea el origen de la discrepancia  y el escenario.

(2)   Error, fallo es relativo a sentencia; falla a defecto. Hay que ser cuidadoso en el uso del idioma cuando se quiere compartir pensamientos por escrito a nivel de difusión masiva cualesquiera que sea el soporte.

(3)   Los subrayados son míos (L. Pasalodos).

(4)   No solo en este filme, sino a lo largo de una obra documental que siempre indagó en los márgenes, en la discriminación, en lo que no andaba bien, en variados segmentos de la sociedad cubana, presentes o pasados desde los frikis hasta Fidelio Ponce, pasando por Julián del Casal.

(5)   Lo intenté, pero el día señalado me avisaron del ICAIC que la mayoría de las personas se iba por apagón prolongado. Después, ni volví sobre el asunto ni me llamaron para un nuevo tiempo en sala. Soy crítica así que continué sumida en el trabajo que me ocupa. No sería ocioso ver esos documentales que abren el camino cinematográfico de la masacre del 12. Es algo que tengo pendiente.

 

 

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Publicado el octubre 1, 2012 en POLÉMICAS, SOBRE LA CRITICA. Añade a favoritos el enlace permanente. Dejar un comentario.

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