DE ROLANDO LEYVA A PEDRO NOA
Estimado Pedro:
En realidad no soy tan ingenuo ni romántico como cabría esperar en estos casos. No veo en la enseñanza superior cubana la solución final a todos los problemas de la angustiada sociedad insular contemporánea pero si como la cantera humana de la cual extraer el talento aun larval con que empezar a suplir las carencias habituales y sustituir, de paso, los vacíos de las fuentes vivas en vías de extinción. Coincido plenamente en el sentido que la academia apenas nos deforma a tenor con las imposiciones subrepticias que emanan del currículo oculto suscrito desde las conveniencias y convenciones ideológicas del sistema y también desde la gestión aleatoria y carismática de las vacas sagradas que sentaron cátedras hace tiempo y luego comenzaron a rumiar su miedo a perder su posición de privilegio, pero quiero creer, así lo percibo, que las circunstancias comienzan a cambiar.
Desde el diseño curricular, en la Universidad de Oriente, en lo que concierne al estudio de la Historia del Arte, aunque como ciencia se concentró durante décadas en el análisis de las artes plásticas, en la actualidad, en nuestro caso, no es así. En realidad no es tan difícil de entender. La propia lógica de las circunstancias socioculturales, dominantes en la actualidad, ha desplazado el interés académico, estudiantil e investigativo, hacia otras áreas del conocimiento artístico y estético, en especial, contra todo pronóstico, hacia el audiovisual. Ocurre así por lo difícil que resulta integrarse a la dinámica y la lógica interna del mercado laboral en Santiago de Cuba, por lo menos en lo que concierne a los egresados de las carreras de la Facultad de Humanidades.
A diferencia de La Habana, epicentro telúrico del arte cubano contemporáneo, con movimientos breves a modo de réplicas de baja intensidad en otros contextos socioculturales muy específicos, en Santiago de Cuba el medio artístico creativo sigue siendo extremadamente conservador y dolorosamente provinciano, no tanto en el aspecto referido a la producción ensayística e intelectual (aunque también), sino sobre todo a las estructuras y modos de hacer de los creadores y gestores institucionales, adocenados por el estatismo estalinista, estético, de una sociedad aún decimonónica y con tendencia a la ruralización, en muchos sentidos.
No me voy a detener en lamentar las circunstancias adversas que rodean la praxis del oficio de la crítica de arte en las heroicas provincias orientales, situación harto conocida y aburrida, por recurrente. Soy el típico optimista, en medio del cinismo corrosivo que nos consume, que trata por todos los medios de mover el mundo, las ideas, aún en contra de su eje natural de rotación. Si quizás me pueda adjudicar, sólo en parte, el mérito, la oportunidad irrepetible y el privilegio básico de resucitar los estudios sobre audiovisuales en Santiago de Cuba, es más bien por una cuestión casuística, casi generacional inevitable, que emana del simple hecho de graduarme justo en un momento en que, en mi opinión, florecía el oficio.
Luego viene el trabajo hercúleo de captar para la causa de la crítica de cine a los pocos interesados aptos en afrontar los riesgos consecuentes de la decisión tomada. Aunque no lo creas, en casi todo Oriente, por lo menos en Santiago de Cuba, ciudad que conozco, se sigue trabajando por amor al arte, literalmente. Los artistas de la plástica y cineastas no acaban de entender la alianza necesaria, simbiótica, mutuamente conveniente, entre el aparato axiológico institucionalizado, que los avala- apoya y ellos en su condición innata de creadores. Es imposible hablar ya de una tregua, que no hay conflicto alguno, sino de la consiguiente compenetración que implica que ellos generen su obra para que los críticos, historiadores y teóricos la validemos desde nuestro criterio autorizado. Lo que quiero decir es que ninguno de los egresados de la especialidad gana dinero contante y sonante como comisario- curador, corredor, representante, galerista o promotor, por lo cual esa no es una razón válida para explicar el desplazamiento del interés de los Historiadores del Arte hacia las artes plásticas. Por el contrario, creo que en las circunstancias actuales se ejerce la crítica por pura complacencia o satisfacción personal del deber cumplido, en esos términos, así que si se puede contar con algo es con la honestidad intelectual de los que ejercen el criterio, aun con las limitaciones intelectuales derivadas de un modelo educativo que apostó en su momento, aún hoy, por la improvisación y la potenciación, ya lo he dicho, de dos virtudes fundamentales, entre otras: la mediocridad feroz y el oportunismo rapaz de los estudiantes políticamente correctos, aquellos que callan por miedo o los que repiten como un papagayo ciertas verdades gastadas.
Por otro lado, aunque parezca insistir en el tema, si para profesionales egresados hace años y con una cierta e inexcusable experiencia acumulada resulta difícil acceder al micro mundo agreste, bacteriano o viral, de las publicaciones seriadas, socioculturales, imagina para los estudiantes. Si bien los que estudian periodismo en la celebérrima Universidad de Oriente ocasionalmente publican en el no tan ilustre semanario provincial Sierra Maestra, que parece en cuanto a sus criterios y diseño editorial un periódico del siglo XIX, para otros resulta simplemente imposible. Si no te has dado cuenta, te lo digo. A Santiago de Cuba llega el Diario del Festival o el Bisiesto cuando algunos de los que viajamos a la capital por motivos de trabajo compramos algunos ejemplares de cortesía y los repartimos o prestamos entre amigos, conocidos y colegas del medio, pero el presupuesto no da para tanto, es decir, para comprar al menos varias docenas. Recuerda que aunque sea profesor universitario gano el equivalente a menos de un dólar estadounidense al día y ya sabes que los artistas santiagueros no pagan nuestros esfuerzos adicionales.
Esa sigue siendo la triste realidad de vivir y trabajar en provincias, como tanto les gusta recalcar a los habitantes, nativos o no, de nuestra inhóspita capital de no todos los cubanos. Eso no significa que no se piense ni conspire contra la desidia, pero a veces implica asumir voluntariamente la actitud patológica y suicida de enfrentar los molinos de viento de un medio sociocultural alienante. En resumen, que todavía hay esperanzas en el fondo de la caja y se trabaja duro, una vez más, por amor al arte. Por lo menos en lo que concierne a los ejercicios de culminación de estudios no sólo se escriben trabajos de diploma sobre audiovisuales, sino que incluimos la modalidad del examen estatal donde el estudiante puede escribir un ensayo de hasta treinta cuartillas sobre el tema escogido o presentar el expediente correspondiente y filmar un proyecto audiovisual en cualquier género posible. Nada, que se buscan soluciones, pero debes saber de sobra que lidiar con las estructuras, individuos e instituciones anquilosadas y decisoras de las prácticas culturales instituidas y validadas como correctas puede llevar tiempo y costar sangre, sudor y lágrimas, un trabajo para nunca acabar pero que hay que hacer.
Por ahora es todo Pedro. Espero que mis explicaciones al respecto no hayan resultado en extremo plañideras ni entendidas con el ánimo conciliador de justificar nuestra situación calamitosa. Un saludo desde Santiago de Cuba.
Msc. Rolando Leyva Caballero.
Departamento de Historia del Arte.
Facultad de Humanidades.
Universidad de Oriente.
Publicado el octubre 1, 2012 en POLÉMICAS, SOBRE LA CRITICA. Añade a favoritos el enlace permanente. Dejar un comentario.
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