DE GARCÍA BORRERO A ROLANDO LEYVA (2)

Estimado Rolando:

No hay que preocuparse. He aprendido a distinguir las diferencias que, humanos al fin, podamos tener en términos de ideas, de lo que podría ser mera hostilidad personal. En el blog no persigo imponer un consenso a la larga artificial, porque eso negaría la esencia misma de la vida; me interesa, eso sí, cultivar la complicidad intelectual (algo que va más allá de los estrechos intereses de grupos); así que lo del riesgo de las “fricciones indeseadas”, al menos en este caso, sobra.

Trataré de emular contigo en cuanto a lo de la honestidad. Dejo un margen al error, desde luego, pero me da la impresión de que Irremediablemente juntos (su análisis como película en sí), no te interesa por el momento. O no es lo que más te interesa. Y es que antes de analizar el filme ya has hecho público todo un horizonte de expectativas extra-cinematográficas que determinará (quieras o no) el sentido de la lectura que luego compartirán tus lectores o estudiantes. Te cito:

Cuando acuso al filme de evasivo, irresponsable y oportunista, me remito, más que todo, vamos a suponer que sea algo aleatorio o casuístico, al hecho de filmar y estrenar la cinta precisamente ahora, cuando se celebra el centenario de la masacre de los independientes de color, que como conoces, se desarrolló con todo su dramatismo en la antigua provincia de Oriente, en territorio de la actual provincia de Santiago de Cuba y zonas aledañas. Me parece demasiado políticamente correcto por no decir conveniente que desde la industria fílmica, “centralizada y democrática”, se filme el triunfo del amor idílico inter étnico de una pareja asimétrica y bicolor como la que habita el filme”.

En boca de un espectador común lo anterior pasa. Pero en boca de un académico al cual respeto, ese planteamiento merece un par de reprensiones. Odio parecer demasiado didáctico cuando recuerdo que una argumentación como la que haces, con tal de justificar el carácter “evasivo, irresponsable y oportunista” del filme, no está pasando del rango de un silogismo arbitrario y a todas luces tendencioso: según tu versión, a) este año hay aniversario cerrado de la Masacre de los Independientes, b) se ha estrenado por la industria un filme que habla del racismo con un final feliz, c) hay que interpretar que el filme forma parte de una campaña oficial de silenciamiento que persiste alrededor de ese trauma nacional que no acaba de cicatrizar.

Es un argumento demasiado endeble, tendencioso y, usando tu propia terminología, oportunista. ¿Tienes alguna prueba de que la cinta se preparó como una suerte de encargo o algo así o estás aprovechando lo que el azar ha reportado para construir (literalmente) las conclusiones a las que quieres llegar?, ¿cómo podrías demostrar que en la mente de los realizadores estaba esa coyuntura que ahora traes a colación, cuando en Cuba las películas demoran cinco, seis, siete años en terminarse?

Me llega a la mente Titón con Una pelea cubana contra los demonios, estrenada a principios de los setenta, en pleno quinquenio gris. Una lectura descontextualizada del filme, haría parecer a Gutiérrez Alea como uno de los tantos que prefirió “evadirse” y refugiarse en el pasado para no criticar por miedo su presente, tan solo porque el estreno de la película coincidió con fechas tan nefastas. Sin embargo, la idea original de Una pelea cubana contra los demonios es de finales de 1963, justo cuando el ICAIC sufría los embates estalinistas de aquellos que le cuestionaban una programación fílmica alejada de lo pedagógico y el realismo socialista. Por eso, cuando hablas de la masacre de los independientes antes de entrar en los fallos o virtudes del filme, y lo vinculas a una suerte de política estatal, veo aquí la aplicación involuntaria de una falacia lógica (todos incurrimos en ellas alguna vez) en la cual se asocia de modo arbitrario lo conocido con lo que está por investigarse, creando premisas que conducen a donde uno quiere, y no a lo que existe más allá de nuestra mente, y que puede resultar inesperado (como la vida misma).

El resto de tus “precisiones” son legítimas en la medida que responden al gusto personal. Pero siguen contaminadas, a mi juicio, por esa soberbia intelectual a la que aludí en un post anterior. Cuando dices “Le endilgo al filme los calificativos que en mi opinión deben hacer recapacitar al director” te estás concediendo tú mismo una condición mesiánica que se condena a no surtir efecto alguno. Si algo tenemos que aprender finalmente los críticos en Cuba es que nuestros criterios no harán ni mejor ni peor al cine que se haga. En todo caso nuestra función la asocio a contribuir a pensarlo de un modo diferente. Puede ocurrir que esos pensamientos ayuden a que los cineastas tomen conciencia de que a su vez podrían hacer un cine diferente, explorando otros ángulos de la realidad.

El crítico no es un ente especial dentro de ese conjunto de entes que conforman el mundo. Es cierto que ocupa un puesto de exposición privilegiado, pero también es rehén de los espejismos de la razón, y de un romanticismo trasnochado que le hace tomarse muy a pecho su papel de redentor. Cuando hablo de la necesidad de una nueva crítica estoy aludiendo precisamente a la necesidad de abandonar esa tendencia al proteccionismo abstracto, para colocarnos, con los pies sobre la tierra, ante este mundo que nos ha tocado vivir y que, efectivamente, merece ser mejorado.

Y sólo tendremos posibilidad de renovar la crítica si nos ponemos al día con los diversos sistemas de pensamiento que han examinado al cine. Entenderíamos que detrás de la multiplicidad de criterios y vivencias personales, podrían desmontarse las estructuras ideológicas sobre las que descansan las películas, y las industrias o grupos independientes que las producen. De ese modo, ya no estaríamos hablando de “la escuela de un crítico” (con todo lo que de excluyente tiene eso), sino de “las escuelas críticas”.

Seguirían los combates, las polémicas donde se desequilibran los egos y la autoestima, las lecturas erróneas que propician malentendidos que a veces duran siglos, las apropiaciones interesadas y más tarde abandonadas, pero al menos ganaríamos en tolerancia, que es la única forma de entender que aunque somos importantes en el mundo no somos su ombligo.

Un abrazo,

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el septiembre 27, 2012 en POLÉMICAS, SOBRE LA CRITICA. Añade a favoritos el enlace permanente. Dejar un comentario.

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