ROLANDO LEYVA CABALLERO SOBRE LA CRÍTICA DE AUDIOVISUALES EN LOS PLANES DE ESTUDIOS DE LAS CARRERAS HUMANÍSTICAS

Sobre la inclusión de la crítica de audiovisuales en los planes de estudio de las carreras humanísticas. El caso de Historia del Arte en la Universidad de Oriente.

Por Rolando Leyva Caballero

Es imposible enseñar, en el sentido académico, artístico y estético más estricto y limitado, a criticar el cine, por lo menos en el aspecto concerniente al mero acto,  no tanto de pensar, sino de escribir, al menos opinar, desde lo oral, después de analizar el texto audiovisual con detenimiento. Es decir, desde su praxis diaria se confunde y reduce el ejercicio del criterio al mero hecho de evaluar sin entresijos ni argumentación mediadora que aplaque el sentido de incertidumbre científica, pero también creativa, que encierra o inunda la decisión arriesgada de tomarse la atribución, a lugar, de enjuiciar el arte, la vida, con la cabeza en la picota pública, sin fungir servil, que no servicialmente, como portador final, mediador e intérprete autónomo de una verdad prefabricada, ensamblada para la ocasión.

Gustavo Arcos hablaba de lo angustioso, ingrato y hasta peligroso de escribir u opinar sobre el cine en Cuba, cuando en realidad funciona así para todo, acostumbrados como estamos a la imposición, no siempre sutil, de un criterio vertical y dirigido, omnisciente y todopoderoso, que mana sobre nuestras cabezas, lo mismo como el Maná salvador en medio del desierto que cual heraldo negro agorero de nuestra muerte inmediata, anunciada en el guión, llevada a la escena, con éxito de público pero no de la crítica. La paranoia de persecución y vigilancia revolucionaria, ese miedo patológico por el gran hermano, nos lleva a presuponer que no tenemos el derecho inalienable de opinar, eso sí, responsablemente, sobre cualquier tema, por espinoso o inoportuno que parezca.

En Cuba, después del último congreso del PCC, a pesar de los lineamientos  (yo hablaría en todo caso de alineamientos, alienaciones, nunca aleaciones económicas), trazados como la salvación del modelo socioeconómico imperante, todavía no ha sido aprobada la posibilidad de ser un pensador por cuenta propia. Esa triste realidad aturde a una parte sustancial de la intelectualidad cubana, atrapada entre el deber, el querer y el poder ser, en aferrarse con uñas y dientes careados a la historia sin tratar de escribirla de nuevo, con actos, no con palabras. En lo concerniente al caso específico de la crítica de cine en Cuba, ocurre algo muy parecido, a partir de la coexistencia no armónica de varias facciones, muchas veces antagónicas e irreconciliables, que en un aburrido juego de tronos intentan desbancar o desacreditar al contrincante desde la denigración visceral del método deconstructivo escogido voluntariamente a la hora de procesar desde lo intelectual ideológico, el ARTE, el CINE contemporáneo, sin fronteras o gentilicios que limiten la capacidad de elección y entendimiento del crítico.

En las universidades cubanas los estudiantes de las carreras de ciencias sociales- humanísticas, se forman en torno a esta contradicción no precisamente dialéctica. Por un lado tienen la sana y preclara intención de remover su realidad habitual, de implotarla para luego reconstruirla desde cero. Por el otro, están, los hacen sentir incapacitados, de ejercitar lo aprendido arduamente. Esta disyuntiva muchas veces los decanta por prácticas profesionales menos conflictivas, satisfactorias, los lleva conscientemente a renunciar al raciocinio, pues presuponen, le han dicho, se lo recalcan enfáticamente cada vez que pueden, que todo está dicho y hecho, que tan sólo es posible perfeccionar el proceso, nunca revertirlo ni sustituirlo por algún modelo alternativo de comprensión y construcción de la realidad social, y eso aplica para cualquier esfera de la vida.

El estudiante de Historia del Arte en la Universidad de Oriente, consumido por una apatía transmisible por vía oral pero también genética, casi infecciosa, pandémica en su alcance e incidencia, ha renunciado a opinar, a intentar formarse como un pensador por cuenta propia, por tanto, no tiene mucho o nada que decir. Deslindado la responsabilidad personal del claustro, al cual pertenezco, que se da por sentada, creo descubrir otros síntomas, atisbos de una incapacidad gregaria, societal, la de no tomarse en serio lo de comprometer el criterio personal a sabiendas de las responsabilidades y riesgos que supone hacerlo.

Nadie quiere ser el altruista suicida calcinado por las llamas de la inquisición institucionalizada. La inoculación del virus mortífero de la desidia y la hipocresía nos ha llevado a la ruptura con la lógica biótica de la continuidad generacional, alimentando dos virtudes cardinales, sistémicas: la mediocridad y el oportunismo. Desde lo curricular, aunque bien pensado, resulta insuficiente un plan de estudios superiores que solo ahora contempla la posibilidad de incluir asignaturas electivas optativas que complementen o completen la formación integral que debe tener todo egresado universitario de una carrera humanística. Una asignatura como Taller de Crítica Audiovisual, que se construye sobre la basa de un corpus de materias afines, debe pensarse de una manera mucho más móvil, incluso táctil, incitando al estudiante a descubrir y disfrutar a plenitud el acto de pensar como el paso previo, ineludible, a escribir.

A veces olvidamos, en todo caso, que la crítica de cine, más que un discurso literario y un método analítico, es también un producto comunicativo asertivo y eficaz que responde a una función primordialmente promocional- publicitaria que, aunque no se declare tampoco se puede soslayar. Sus practicantes formamos parte de un engranaje o complejo ideológico intelectual que presupone la emisión periódica, en condiciones ideales, de un texto que, en nuestras circunstancias específicas, no sería recomendable que fuese disonante. Así piensan muchos, que aprovechan cada oportunidad pública a su alcance para cantar loas y declarar las fidelidades pertinentes, sin entender que la crítica de arte, de cine, puede ser entendida también como ese mecanismo de retroalimentación que nos advierte lo correcto pero también lo mal hecho para sancionar los errores debidos.

Es cierto que la crítica de arte ayuda a jerarquizar la cultura, a establecer desde nuestra perspectiva avalada institucionalmente, lo verdaderamente trascendente, pero no se puede perder de vista que los criterios no pasan de ser eso, opiniones, opciones que pueden llegar a ser tan sectarias como intolerantes y apocalípticas. Es cierto que el cine cubano no marcha por el camino correcto, que extravió el sentido de lo artística y estéticamente cualificado como esencial, para en su lugar priorizar la representación vacua de estados de ánimos francamente evasivos, hormonales, oportunistas, panfletarios una vez más, ¿hasta cuando?, pero como bien dice Justo Planas en su comentario, más allá de lo obvio, sintomáticamente esa producción fílmica expone al escrutinio y la res pública el círculo vicioso en que aparece atrapada la realidad cubana contemporánea, dubitativa en extremis, en trance, quisiéramos pensar y sentir, pero no es así.

El estatismo e intolerancia estalinistas de muchas estructuras económicas pero también ideológicas aún operantes, esa cultura a la coreana a la cual ha hecho referencia Desiderio Navarro en reiteradas ocasiones, ha castrado toda posibilidad de subsanar los errores cometidos en el pasado sin volver a incurrir en nuevos experimentos, fallidos a sabiendas. Que se estrene en los circuitos oficiales un largometraje evasivo e irresponsable, oportunista, como Irremediablemente juntos, me dice que nada ha cambiado, que seguimos en las mismas, adocenados en la autocomplacencia y la enajenación, eludiendo confrontar la dura realidad social que nos anega y encuentra sus formas de expresión artística en el audiovisual cubano alternativo, ese descentrado pero no completamente desmarcado de la esfera de influencia del ICAIC pero que disfruta de cierta autonomía productiva que le ha permitido introducir el dedo en la llaga purulenta, pero ese ya es otro tema del cual pienso hablar más adelante. No hoy. Por el momento sirvan estas elucubraciones de un cubano en Cuba para pensar en nuestra responsabilidad de mirar al futuro como algo que debe ocurrir mañana, no más tarde que nunca.

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Publicado el septiembre 26, 2012 en POLÉMICAS, SOBRE LA CRITICA. Añade a favoritos el enlace permanente. Dejar un comentario.

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