PEDRO NOA SOBRE EL EJERCICIO DE LA CRÍTICA DE CINE EN CUBA

Estimado Juany:

No acostumbro a seguir las ideas que mueves en tu blog por la sencilla razón que no tengo acceso a él; pero las veces que he recibido algo, lo he disfrutado mucho.

Este tema de la nueva crítica, mi opinión es que debe enfocarse más sobre las carencias que han tenido históricamente los críticos en su formación que sobre las deficiencias de personas específicas, porque sin uno no puede existir el otro.

Si miramos cronológicamente la formación de los críticos cinematográficos cubanos, nos daremos cuenta que todos han surgido desde plataformas diversas; pero sin una formación sólida sobre el arte cinematográfico. Desde el propio Valdés Rodríguez, Cabrera Infante y otros muchos que apenas se mencionan (por ejemplo Walfredo Piñera o Rodolfo Santovenia) la formación para acometer la crítica ha sido más autodidacta y apoyada en una cultura general que en una especialización sobre el tema.

Durante muchos años se ha puesto como elemento principal para ser crítico, el ver mucho cine, tratar de visualizar todos los títulos que recomiendan los textos especializados. Eso incluso fue también un aval para ser un buen realizador en los primeros años del ICAIC.

En Cuba, las generaciones de críticos que surgieron con la fundación del ICAIC tuvieron esa máxima como única premisa. Por suerte hubo algunos que lograron unir a esto un estilo, y hoy lo podríamos estudiar como buenos ejemplos.

Pero sabes tanto como yo, que desde los años sesenta del pasado siglo, incluso un poco antes, la crítica cinematográfica cambió y pasó de ser una función puramente periodística a un trabajo más analítico, más profundo, y apareció en la Academia una disciplina que se llama “Los Estudios sobre cine”, en la cual se ha ido valorando todo lo que se produce en esa industria- arte, por medio de las muchas herramientas analíticas que fueron surgiendo y consolidándose desde esa propia década, y que han valorado el filme como texto, no solo desconstruible en sí mismo, sino también inmerso en una transtextualidad, que hace posible abordarlo desde diferentes enfoques teóricos, y que, por supuesto, abarca también a todo el proceso de producción, distribución y exhibición, así como a todos los sujetos que participan en él.

Nosotros, los cubanos, estuvimos ajenos a la evolución de esa disciplina, y lo que es peor aún, todavía no la reconocemos, ni la tenemos en ninguno de los centros de educación superior que poseen carreras humanísticas. El cine, su estudio teórico, es escaso en nuestras aulas, y de ahí, su reflejo en nuestra crítica y análisis.

Hoy las nuevas voces que aparecen en los más diversos medios tanto impresos como digitales demuestran, en muchos casos, la carencia de un estudio organizado de las herramientas con que puede abordarse el fenómeno audiovisual actual. Nosotros mismos, los que ya hemos garabateados algunas páginas, nadamos en las mismas lagunas o mejor, en los mismos mares. Nos apropiamos de herramientas; pero no tenemos el conocimiento sólido de todas ellas.

Reconozco la existencia de algunas opiniones frescas y acertadas en nuestras publicaciones; pero a veces resulta como la fabula del burro que encontró la flauta y la tocó por casualidad.

Tampoco creo que la solución a la crítica sea la creación de esta disciplina en nuestros centros de educación superior. Pero lo que sí estoy seguro es que si a nuestros futuros profesionales y a todos aquellos que quieran “partir lanzas” dando su criterio sobre el audiovisual, se les amplía el conocimiento teórico y se piensa en la constitución de cátedras, aulas especializadas, diplomados, maestrías, donde se pueda tener acceso a cursos que propicien un conocimiento serio de todas las herramientas que se están generando en el mundo para el análisis del discurso audiovisual, habrá más esperanzas de contar con sólidos críticos nacionales.

También considero que se hace necesario mirar atrás y valorar, en su justa medida, a los que han hecho crítica en nuestro país y se han acercado con justeza e inteligencia tanto al cine nacional como el extranjero. Si nuestro legado se queda en uno o dos nombres, nunca comprenderemos qué ha sido de la crítica cinematográfica en nuestro país. Ya están consagrados Valdés Rodríguez y Cabrera Infante; pero ¿qué pasó con otros nombres surgidos durante el periodo en que estos dos escribieron o después?, ¿quien se ha dedicado a fomentar lo escrito por Fernando Pérez por ejemplo?, ¿quién ha hecho un estudio estilístico de la crítica en Cuba?

Estas son solo algunas ideas que quería compartir contigo y si lo deseas, las pones en tu blog.

Un abrazo

Pedro Noa

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Publicado el septiembre 24, 2012 en POLÉMICAS, SOBRE LA CRITICA. Añade a favoritos el enlace permanente. Dejar un comentario.

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