JUSTO PLANAS SOBRE LA CRÍTICA
Juany:
Escribo por dos razones, la primera es que dijiste estar interesado en escuchar el criterio de los jóvenes, la segunda es que me preocupa esa demarcación que respuesta tras respuesta se va realizando de lo joven o nuevo respecto a lo viejo en este asunto de la crítica. ¿Es demasiado obvio mencionar que no todo lo nuevo es bueno…? Eso sí, mi generación, por fuerza, debe aportar perspectivas diferentes a otras, sucede así generalmente, y en este caso hay circunstancias determinantes: fuimos niños de Período Especial, adolescentes de las nuevas tecnologías y ahora jóvenes que ven cómo ese mundo trasnochado de los 60 asoma canas y clama reemplazo. Nuestra experiencia cinematográfica ha sido distinta a la de otras generaciones, en ese estado de inconsciencia cinéfila que siempre marca el comienzo, las primeras edades, vimos cine norteamericano y no soviético, vimos en Matinée infantil y Arte 7 un tipo de cine, imagino, distinto al que la TV Cubana transmitía en los 70 y los tempranos 80. Somos cinéfilos de la cine Chaplin de hoy, de la Cine cubano de hoy, y de los miles de espacios para ver y hablar sobre cine que antes no existían, del DVD y las computadoras… Ya los de ese tiempo nos acercamos a los 30, o los pasamos, pero ¿podemos llamarnos críticos de cine?
Incluso los que escribimos “críticas” de cine con cierta asiduidad le tememos al nombre, nos queda un poco grande. La crítica de cine exige conocimientos teóricos que incluso los graduados de carreras afines como Historia del Arte o Periodismo solo llegamos a vislumbrar, eso lleva su tiempo. De hecho, junto con unos amigos (Arsibel López, Rubens Riol, Lázaro González) le presentamos a la ACPC un proyecto de Diplomado de Crítica Cinematográfica, para que ustedes los críticos nos ayuden a encontrar los mejores caminos hacia el estudio del cine. Habrá que ver si se convierte en una realidad.
Pero, a pesar de todo, leemos en Cine Cubano jóvenes que realizan, con ejemplar dominIo de la teoría, sus acercamientos al cine… Sin embargo, no deja de ser notable en estos casos la necesidad de esa maña que tiene el crítico que supera los 40, la experiencia es también un factor de peso, diría que es determinante. Una aplicación mecánica e inexperta de la semiótica (que no pretende ser ciencia exacta) podría conducirnos a razonamientos absurdos a la luz del sentido común, no será la primera vez que le pasa a un crítico, y de hecho, los que no llegamos a los 30 necesitamos aprender aún de muchos errores para alcanzar el nombre (vayamos al significado base de la palabra) de críticos.
Como lector común pienso que sí se hace necesaria una crítica diferente, que sería más que joven o vieja, una crítica mejor. Y apuntaría que de ninguna manera esa crítica debe considerarse mejor por el uso que haga de las nuevas tecnologías. El progreso no va por ahí, creo yo. Pienso que el crítico es y será siempre un mediador, un intérprete entre una obra cinematográfica y su público, y lo es porque su perspectiva es privilegiada. Basta notar que en nuestros medios pululan:
1) las reseñitas descriptivas (de esas que te cuentan la película con un estilo más o menos poético, o de las que te hacen biografías del director y los actores cuando basta con escribir sus nombres en wikipedia)
2) las críticas enjuiciadoras (las que califican de buena o mala todas las especialidades que pasan por una obra, del guión a la fotografía; pero no se atreven a decirte por qué)
Basta con notar qué está mal para concluir que es necesaria esta crítica mejor. Como decía Gustavo Arcos, el cine cubano no pasa por su mejor momento, pero sí quisiera apuntar algo que desde mi escasa experiencia voy aprendiendo, incluso un filme de Hollywood de los peores ofrece las huellas de una época, el espíritu del momento, los anhelos y miedos de la sociedad… tal vez el realizador cinematográfico de aquella obra no lo percibe, pero lo contiene, y la misión del crítico es develarlo. Por poner un ejemplo, los protagonistas de Marina, de La guarida del topo, de Juan de los muertos, de Fábula… tienen muchísimo en común, nada hay en ellos del optimismo de Se permuta, o de la lucha ácida pero vehemente del Diego de Fresa y chocolate; no se percibe en ellos deseo alguno de cambiar la sociedad, hay mucha decepción del mundo contenida en sus acciones, solo tratan de encontrar una habitación cómoda en la que guarecerse de la tormenta. ¿No cuenta eso, a pesar de los intereses de sus respectivos autores, la historia de una década? ¿el nadie quiere a nadie de estos tiempos?
Abrazos,
Justo Planas
Publicado el septiembre 24, 2012 en POLÉMICAS, SOBRE LA CRITICA. Añade a favoritos el enlace permanente. Dejar un comentario.
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