DE GONZÁLEZ ROJAS A GARCÍA BORRERO Y GUSTAVO ARCOS

Estimados Juany y Arcos:

Me considero del afortunado par de críticos jóvenes (según comenta Arcos) que, provocado por las recientes epístolas de ambos y con sangre aún caliente, optará por sumarse a la polémica, a pesar del cierto retraso ocasionado por aciagas causas tecnológicas, no por morosidad intelectual. Trasciendo el tentador y cómodo mutis que muchos guardan desde sus rediles y paso a desarrollar mis argumentos, apoyados sobre una todavía muy breve presencia personal en el panorama del arte cubano, apenas cuatro años de ejercicio del criterio. Tú mismo, Juany, reconoces mi casi obsesivo propósito de cartografiar el acontecer fílmico cubano, para no dejar a los arqueólogos e
historiadores futuros un terreno totalmente virgen, aunque sí aciago.

Algo parecido pretendo con la TV Cubana, tanto o más menguada en sus calidades que el celuloide. Y aunque no carece Arcos de razón al argüir: “¿Para qué escribir una y otra vez sobre un filme o autor que ya tiene tan poco que decir, cuya obra carece de fuerza, que apenas experimenta, que sigue de manera oficiosa o rutinaria una quehacer ya aprendido y que muy rara vez se propone decir algo…?”, creo que mi paso por este erial creativo en que se debate el cine nacional no puede ser el indiferente deambular del alienado nihilista, sino que prefiero tañir el olifante roldanesco en medio de la masacre para demostrar que aún palpita la vida entre las mermadas tropas de Carlomagno. Me traiciona mi extemporáneo romanticismo, pero que mi ironía y sarcasmo habituales no se confundan con cinismo.

Suena muy ampulosa esta arenga de madrugado tufo militante, pero al honor (¡!), la ética y la consecuencia hay que apelar cuando se elige vivir en esta Cuba de hoy con pretensiones de articular un pensamiento crítico cuya menor resonancia resultará insoportable para muchos oídos o pasará por otros sin saber que pasó. Precisamente cuando la producción fílmica cubana es tan magra ideoestéticamente y los circuitos de distribución oficiales legitiman ante los públicos y la historia obras onerosas como Sumbe, Verde Verde e Irremediablemente juntos, en prejuicio de obras más sólidas como Molina´s Ferozz, Memorias del Desarrollo y otras obras periféricas a la industria, la visión crítica es imprescindible para establecer jerarquías, sentar jalones claros en medio de un páramo brumoso, pues hasta el veneno debe ser etiquetado con las debidas advertencias, no sea confundido con elíxir. Por esto y por el complaciente proteccionismo provinciano antes que nacionalista de muchas posturas ante desaguisados como los mencionados, limitados sus defensores al análisis del cine cubano como esfera deslindada del resto del mundo y el arte, es que me empeño en identificar los referentes convergentes sobre una obra específica, superándola en la mayoría de los casos. No pretendo que ya todo en el cine esté dicho y hecho, so pena de conservadurismo, pero la cuchara no puede descubrirse todos los días.

Existen los recursos técnicos y creativos a los que no dudo se sumarán otros (de ahí la bizarra pero comprensible dialéctica entre Tarkovski y los Washovski cuya mixtura más bizarra ocurrirá más pronto que tarde), pero creo que la clave no reside en la rabiosa reformulación de dichos recursos, sino en la autenticidad de su urdimbre desde una preceptiva autoral única en toda la historia.

Tampoco se puede hincar alegremente el diente en el gato que se entrega por liebre y saltar de alegría ante las microcontextualmente saludables pero muy tardías incursiones nacionales en géneros, tendencias y temáticas archidesarrollados por otras cinematografías como el cine musical-danzario, el protagonizado por niños (Viva Cuba,
Habanastation
e Y sin embargo…), el bélico, el tema gay y el racial, por seguir con los mismos ejemplos, alabando las intenciones, actitudes y motivos autorales subyacentes. El derroche de torpezas e ingenuidades miles, cometidos en tales piezas llega a obliterar cualquier básico mérito de sacar a la luz esqueletos ocultos demasiado tiempo en el closet, y conseguir un real impacto sociocultural. Busco responderte Juany, cuando preguntas: “¿por qué pasar por alto de modo olímpico el interés claramente herético de Pineda Barnet y Jorge Luis Sánchez en sus respectivos filmes, y descalificar ambas propuestas con el económico término de ´panfletarios´?” Lo son por las flagrantes incapacidades de sus realizadores de sostener sus nobles propósitos. Las buenas intenciones no son suficientes en el arte cuando el resultado final naufraga y tergiversa las reales intenciones del creador.

Es este un momento de pleno desmoronamiento de viejos saurios monopolistas como el ICAIC, pues al decir de Arcos en su segunda epístola, “el cine en Cuba hace rato dejó de ser una industria, un sistema bien estructurado, un mecanismo eficaz integrado por diversos procesos técnicos, administrativos, financieros y artísticos”, donde se pluraliza y hasta liberaliza la producción de audiovisuales como única opción viable para la supervivencia de la creación. La crítica avisada debe abarcar en lo posible todo el panorama, desde los más independientes hasta los aún sostenidos por la “industria”.

Considero que a la hora de dilucidar la existencia o no de una verdadera “crítica joven” o “nueva crítica” cubana, difícilmente pueda  asociarse dicha tendencia, postura o línea a una generación bisoña de cubanos, practicantes de la crítica cinematográfica y artística en general, nacidos y crecidos en un contexto nacional despojado con precisión quirúrgica de una real capacidad opinativa, polémica, participativa, ergo crítica. Aunque tu preocupación Juany, a la que me sumo por completo, es totalmente legítima como alerta sobre la vera identidad y existencia de una progenie que por biológica determinación domina o dominará la cúspide evolutiva de la nación y prefigurará su faz en las próximas décadas para finalmente, en su inevitable ocaso, legar un decoroso corpus moral-intelectual a sus descendientes, quienes sobre sus cenizas o fundamentos estructurarán el venidero estrato cultural.

Muy poco de polifónica y herética Babel tiene la sociedad cubana actual, reticente y ajena a la divergencia dialógica por más antagónicas que resulten las posiciones defendidas, pues esta pugna sería arbitrada y determinada por la eticidad que deslinda lo personal de lo profesional o puramente intelectual, coincidentes las partes en la sana voluntad de construcción y desarrollo colectivo de una realidad demasiado compleja para una sola percepción, por más preclara que sea o se proclame. Muy poco queda de la real voluntad participativa, de correr y sufrir verdaderos riesgos en el difuso nombre de la consecuencia y la responsabilidad intelectual para con la nación de adentro y de afuera, pues Juany, coincido nuevamente contigo en que Cuba es una comunidad imaginada más allá de los límites geográficos. Parafraseando a Martí, la Patria no es el suelo “que pisan nuestras plantas”. Pocos conciben la beligerancia per se como objetivo prístino y no una beca o contrato en el extranjero que nos catapultará definitivamente fuera del país o al menos proporcionará alivio económico; o másters y doctorados que sumarán respectivamente 80.00 MN y 120.00 MN al salario mensual.

En estas circunstancias, al añejo decir de Guy Pérez Cisneros en 1936, “se realiza el espantoso fenómeno de la crítica cubana; ese personaje, ansioso de hacer gárgaras con su jerga filosófica, y de darle riendas sueltas a sus tambaleantes y estereotipados criterios, contrayendo sus músculos hasta el calambre y apretando sus dientes hasta la congestión, halla en la manifestación artística el pretexto de una metafísica de cuatro cuartillas, muévedo (sic) informe perfumado con agua de rosas.”

Ahora, considero que la rotundez, complejidad, vitalidad y “juventud” de un movimiento, una escuela o una postura, descansa, además de sobre la lucidez y la inteligencia natural de sus seguidores, en su responsabilidad intelectual. Entiendo esta responsabilidad primeramente como la acumulación de referentes artísticos, sociales, históricos, políticos, económicos, hasta científicos, previos y contemporáneos, en el acervo personal y grupal, coaligados luego a la conciencia y comprensión de las complejas dialécticas desarrolladas entre estos. Sobre este bastidor teórico-práctico, fruto de leer y sobre todo VER cine hasta el agotamiento, se podrá juzgar con mayor precisión y responsabilidad una obra, evitar que el impacto conseguido dentro de un contexto nacional pese más que su ubicación dentro de un mapa mundi creativo, donde se apreciará su verdadera dimensión. Tampoco es cuestión de aplastarla bajo el fatalismo de que nada nuevo es posible crear ya en el cine, pues aún quedan cosas auténticas bajo este Sol.

El crítico, aunque fruto de una época específica, debe saber cuánto del ayer determinó su hoy, cuánto del allá concomita con su aquí, para no caer en el ingenuo deslumbramiento de “las tecnologías y sus posibilidades expresivas, que, para pesar de muchos, preste atención a las visualidades más contemporáneas, pues sus ´jóvenes autores´ tendrán un pensamiento conformado cada vez más a golpe de videojuegos, pantallas planas y Tabletas electrónicas”, como escribe Arcos y continúa: “Serán modos de interpretar relatos que legitimen el fragmento, la simultaneidad espacial y temporal o el collages. Críticos que sean capaces de dialogar con imágenes y mundos cada vez más interactivos, para los que el pasado o la Historia solo existen en una memoria flash. Especialistas que se muevan con soltura en universos transparentes y veloces, que comprendan mejor los discursos plurales y las dudas sobre el mundo real o virtual en el que han crecido.

Pero aunque convivamos con los Washovski y con Tarantino, Ritchie, Miike, de la Iglesia, del Toro, Verhoeven, McTiernan, Cameron, Woo, Jackson, Vaughn, Wright, Bird, Luhrmann, Rodríguez, Besson, Tykwer, Gondry, McG, J. J. Abrams, Favreau, Whedon, Nolan, Padilha, Snyder, Lloyd Kaufman y su universo Troma, los también hermanos Butcher, Strausse y Wayans, hay que conocer obligatoriamente a Tarkovski, Kubrik y a los más contemporáneos Greenaway, Tarr, Ang Lee, Kusturika, Kiarostami y Kim Ki-duk, pues aunque rabiosamente posmodernos, los primeros susodichos no creo ignoren al ruso y sus colegas, mucho menos a los maestros eternos que consolidaron el cine como arte hecho y derecho.

Creo que tal caudal intelectual cada vez más abigarrado, propiciará en gran medida “un corpus crítico que se distinga de las prácticas que desde el pasado siglo se han fomentado entre nosotros”, como dice Juany, apartándose de “lo convencional, de lo pre-establecido, de lo rutinario”. Cada generación, desde su peculiaridad irrepetible, debe además trascender la mera reseña y sistematizar las dinámicas de su época hasta urdir una teoría, o al menos elongar las (co)existentes con los ineluctables aportes estético-discursivos y psicosociales que cada época proveerá.

Por eso, a contrapelo de creaciones mediocres y endebles, creo pueden articularse muy válidos sistemas de ideas, tomando las desacertadas obras como meros pivotes o catalizadores. Además, los críticos cubanos no tienen por qué limitarse necesariamente al análisis del cine nacional, ni su preceptiva depender del saldo arrojado por estas producciones. Es bastante fácil estar al tanto del cine mundial desde Cuba gracias a la flash, el DVD y el HDD portable, para no hablar del más constreñido Internet. Y si algo goza de suficiente dignidad en la TV cubana es la programación cinematográfica, a pesar del oprobio inferido a “De Nuestra América”.

Como no existen impedimentos reales para que los jóvenes críticos engrosen sus conocimientos, retorno entonces a las carencias generacionales y sociales más profundas mencionadas al inicio de esta misiva: la degradación del sentido crítico-participativo de la sociedad cubana en su conjunto perjudica sobremanera el área que nos ocupa. Quizás el blog, la red social y otras alternativas hayan acudido a tiempo para fomentar la libre expresión, el debate ético y la construcción verdaderamente colectiva de la realidad nacional. Publicaciones como “Cine cubano: La Pupila Insomne” y otras, motivadas por el noble afán de pluralidad, fundamentan un leve optimismo en ese sentido, aunque el balance etario alarma aún.

En lo creativo, no se avistan nuevos Aleas o Pérez en lontananza, aunque suene apresurado tal juicio, pero las propuestas de la reciente hornada emergida del movimiento joven independiente y el video clip apenas alcanzan a concebir dignidades y decoros mas no la brillantez que los cualifique para imponerse contundentemente en festivales de primer orden: cintas como La Edad de la Peseta, Larga Distancia, La
Guarida del Topo, La Piscina
y Camionero salvan la honrilla pero testimonian cuán desde cero está recomenzando el cine cubano cada día.

Antonio Enrique González Rojas

 

ENTRADAS ANTERIORES VINCULADAS A LA POLÉMICA:

CARTA ABIERTA DE GARCÍA BORRERO A ANTONIO ENRIQUE GONZÁLEZ ROJAS

GUSTAVO ARCOS SOBRE LA NUEVA CRÍTICA

DE GARCÍA BORRERO A GUSTAVO ARCOS, SOBRE LA NUEVA CRÍTICA

DE GUSTAVO ARCOS A GARCÍA BORRERO (2)

ROLANDO LEYVA CABALLERO SOBRE LA CRÍTICA JOVEN EN CUBA.

PEDRO NOA SOBRE EL EJERCICIO DE LA CRÍTICA DE CINE EN CUBA

JUSTO PLANAS SOBRE LA CRÍTICA

DE LEYVA CABALLERO A GUSTAVO ARCOS Y PEDRO NOA

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Publicado el septiembre 24, 2012 en POLÉMICAS, SOBRE LA CRITICA. Añade a favoritos el enlace permanente. Dejar un comentario.

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