JULIO GARCÍA-ESPINOSA, PENSADOR

Ayer estuvo cumpliendo nuevo aniversario de vida Julio García-Espinosa (n. La Habana, 5 de septiembre de 1926). De García-Espinosa se suele hablar como uno de los principales fundadores del ICAIC. Y como uno de los que más poder tuvo dentro de esa institución, con todo lo que ello implica en términos de admiradores y detractores. Yo prefiero evocar a Julio como uno de los grandes pensadores que ha tenido el audiovisual cubano en toda su historia.

Pocos son capaces de expresar con justicia opiniones que difieran de los prejuicios de su contorno social. La mayoría no se atreve ni a elaborarlas”, anotó Einstein en alguna parte. Elaborar una opinión que se salga de lo que “todo el mundo piensa que es correcto, porque la tradición lo dicta” demanda una gigantesca libertad de espíritu. Y no son muchos los que deciden asumir el desafío, sabiendo que les espera el vapuleo sistemático.

Cuando García-Espinosa escribió su célebre ensayo “Por un cine imperfecto”, sabía que no le habrían de faltar maldicientes en todas las latitudes. Lo acusaron de cultivar el mal gusto. De olvidarse del legado que para entonces ya se conocía como “cine clásico”. Aún así, García-Espinosa persistió en su afán de dinamitar el canon que en aquellas fechas se reverenciaba, e hizo primero una película como Las aventuras de Juan Quinquin (1967), y luego, Son o no son (1980), donde llevaba a la práctica buena parte de sus polémicas teorías.

Lo que siempre he agradecido del pensamiento de García-Espinosa, una vez que me puse en contacto con el conjunto de sus ideas, es la abierta invitación que hace a discutirlas. No a asumirlas de modo pasivo, como si se tratara de algo sagrado o intocable, sino a discutirlas, a cuestionarlas, o lo que es lo mismo, a enriquecerlas entre todos.

Lo otro por lo que guardo gratitud es su rechazo a todo lo que promoviera entre nosotros la mera condición de epígonos. De acuerdo, parece decirnos, existe un “gran Arte”, pero, ¿por qué hay que vivir toda la vida encadenados a esas formas de representar la vida?, ¿por qué hay que imitar todo el tiempo lo que se nos dice que es lo perfecto, y no nos empeñamos en buscar los senderos propios?

Algo más que en su momento me fascinó de García-Espinosa es que, no obstante ser un hombre formado dentro de los patrones establecidos por la alta cultura, había sabido reparar en el problema de las nuevas tecnologías, y su impacto en la recepción popular. Mientras que el grueso de sus colegas mostraba estupor, cuando no franco rechazo, ante la cada vez más invasiva revolución electrónica, Julio se adelantaba en juicios que hoy nos pudieran parecer los más naturales del mundo; como cuando afirma:

De todas maneras la electrónica puede considerarse como la cuarta edad del cine. Al silente, lo sustituyó el sonoro, a éste se le agregó el color y, ahora, el nuevo soporte y el nuevo medio de difusión: la electrónica.

Los cineastas, ante tales circunstancias, debían sentirse destinatarios del noble empeño de conciliar arte y tecnología y de combatir la tecnología pero dentro de la tecnología y no al margen de ésta.

No obstante, los prejuicios persisten.

Se sigue considerando que el cine es sólo cine si es en las salas de cine. ¿Por qué? Es incuestionable que desde los años sesenta las salas de cine dejaron de ser el monopolio de exhibición de películas. Se sabe que antes un film recaudaba en las salas el 80 % de sus ingresos y, hoy, apenas el 25 %. Actualmente existen en el mundo setenta millones de salas de cine frente a más de billón y medio de televisores, de ochocientos millones de video-caseteras y 30 % de la programación de la televisión, en la actualidad, está dedicada al cine. Es decir, en el mundo que corre, se ven más películas, sólo que mediante la electrónica. Además las películas que hoy se realizan, salvo las de las trasnacionales norteamericanas, dependen, para su financiamiento y difusión, de las televisoras. El cine latinoamericano no es por cierto una excepción. Desde hace años, logra sus ventas también en las televisoras, principalmente en las europeas. Al exhibirse en la pantalla chica no puede dejar de sufrir en tanto que lenguaje que ha sido pensado para la pantalla grande. No se trata de excluir la opción de las salas, sino de ser más consecuente con el desafío electrónico”.

Tengo en Julio García-Espinosa una suerte de padre intelectual. No es el único, porque en realidad la paternidad de nuestras ideas siempre será compartida hasta por personas que uno ni siquiera llega a conocer. Pero como cineasta, fue uno de los primeros que me puso en guardia frente a ese “realismo ingenuo” que nos hace creer que las cosas son como parecen ser, invitándome a poner bajo cuestión todo lo que llega a mis sentidos, incluyendo sus ideas. Y no siempre tenemos la suerte de encontrar a alguien que nos ilumine de ese modo. De allí mi persistente gratitud.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el septiembre 6, 2012 en REFLEXIONES. Añade a favoritos el enlace permanente. Dejar un comentario.

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