COPA Y ESPADA (2012), de Lourdes de los Santos
Santa y Orisha, Copa y Espada.
Por: Ana Busquets Fariña
Cuando la inolvidable Celina González levanta su voz en honor de la Santa, llega el final de Copa y Espada, y se produce en nosotros la sensación de que acabamos de ver un documental que merecerá un lugar dentro de la documentalística cubana actual.
Lourdes de los Santos (Fiat Lux, Ivette, Del Rio Zaida, Llego el tresero), logra, en esta obra de solo 30 minutos, llegar a la esencia de una tradición para muchos de nosotros desconocida, y que ha estado latente a lo largo de mas de cien años en una comunidad que continua venerando al Orisha y a la Santa, como si la imagen de esta ultima acabara de llegar en el mascarón de proa de la nave española, y la del guerrero recién atracara en el barco negrero cargado de esclavos.
El poblado de Leguina, en Güines se vuelca en las calles los días 2, 3 y 4 de diciembre cada año, en honor de Santa Bárbara, patrona de los mineros y de los artilleros, relacionada por la creencia popular con los explosivos, protectora contra truenos y centellas, conocida también como patrona de los marineros y de sus naves, cuya imagen nos llegara en los barcos que venían de la Metrópolis. No por gusto el depósito de explosivos en los buques recibe el nombre de Santabárbara.
Por su parte, Changó, que vino con los esclavos africanos en un barco negrero, es un orisha o deidad mayor. Dios del fuego, del rayo, del trueno, de la guerra, del baile, la música y la fuerza viril, patrón de los guerreros y los artilleros. Hijo de Ibaíbo y de Yemmú, a Changó se le atribuyen muchas virtudes y defectos de los hombres. Trabajador, valiente, buen amigo; mentiroso, mujeriego, pendenciero y jugador.
Según la leyenda, fue la infidelidad quien llevo a Changó a vestir de mujer, con las trenzas, las ropas y el pañuelo de Oyá, para escapar de la furia celosa de Oggún. Imitando el majestuoso andar de su amante, pasó ante Oggún y sus guerreros sin ser siquiera reconocido.
Aunque el relato establecido por la tradición cristiana acerca de Santa Bárbara y los patakines o fabulas de Changó, no guardan relación alguna entre sí, al Orisha se le sincretiza con la Santa, y se dice que es hombre y mujer a un tiempo. Las dos deidades se unen y se les rinde culto en ambas religiones, y mientras a la Santa se le ofrecen flores y manzanas, al Orisha se le dedican cantos yorubas, y se le sacrifican gallos y carneros al ritmo del tambor Batá.
Música, danza, pintura, escultura y cine han sido el vehículo utilizado por muchos artistas del mundo para homenajear a estas figuras del imaginario popular. En otras latitudes, muchos son los pintores que han demostrado su devoción a Santa Bárbara, con bellas obras de arte conservadas en diferentes museos del mundo. En Cuba, René Portocarrero, Zayda del Río y Manuel Mendive, están entre los que han recreado la imagen de la Santa y del Orisha en formas disímiles, mientras que otros les han dedicado cantos, bailes y esculturas.
Copa y Espada es un acertado intento de su autora por recrear una ceremonia que enriquece el acervo popular y mantiene vigentes, hasta nuestros días, y para nuestras futuras generaciones, el rescate y el conocimiento de manifestaciones y tradiciones populares que, muchas veces, creímos perdidas.
Conjuntamente con la exhibición del documental Copa de Espada, que se realizó el domingo 1 de septiembre en el teatro del Museo de Bellas Artes, tuvimos la ocasión única de ver, reunidas por primera vez, seis obras de Rene Portocarrero dedicadas a Santa Bárbara.
Lo mismo blanca que negra, ya sea Santa u Orisha, la imagen evocada por nuestro gran artista de la plástica, refleja, sobre todo, su eterna cubanía.
Publicado el septiembre 6, 2012 en DOCUMENTALES CUBANOS. Añade a favoritos el enlace permanente. Dejar un comentario.
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