CHRIS MARKER (1921-2012)
Acaba de morir el gran cineasta francés Chris Marker, y todavía está por estudiarse a fondo entre nosotros la impronta de su obra en el primer ICAIC. He estado leyendo algunos de los obituarios, y como es lógico, casi todos se encargan de resaltar los logros del creador de La Jetée (1962), con una perspectiva de conjunto. Pero los cubanos tenemos pendiente el estudio de una filmografía que incluye a dos materiales que hablan de nuestro devenir nacional: Cuba sí (1961), y La Bataille des Dix Millions (1970).
Marker fue uno de los cineastas de izquierda que se entregó embriagado al proceso revolucionario que se iniciara en 1959, luego que Gérard Philipe le hablara del mismo, y también, uno de los que no mostró indiferencia ante los hechos asociados al “caso Padilla” (1971). Los fundadores del ICAIC, en su momento, dejaron por escrito el testimonio de una gratitud que iba más allá de la filia política, toda vez que en Marker (al igual que en Zavattini, Ivens, Theodor Christensen, o la Varda) encontraron verdaderos maestros de la práctica cinematográfica.
El primer viaje de Marker a Cuba se produjo en medio de ese gran espasmo ideológico que significó la ruptura de relaciones diplomáticas entre el gobierno de la isla y el de los Estados Unidos. Hablamos de los primeros días de 1961, lo cual puede explicarnos el énfasis del título de ese documental que en su momento tropezaría con muchísimos escollos para ser exhibido en Francia: Cuba sí. Alfredo Guevara, entonces presidente del ICAIC, le escribiría en 1962 a Harold Gramatges, en aquellos instantes embajador de Cuba en Francia:
“Por ¡Cuba sí¡ aún esperamos. No tengo noticias precisas de Chris. Es un crimen que ese documental, el mejor filmado sobre nuestra Revolución, y firmado por una figura de tanta significación y prestigio, permanezca embovedado, sin que nuestro pueblo o los públicos del mundo lo conozcan”.
Todavía en 1968 (ese año que sigue pareciendo crucial en nuestras vidas), Marker se mostraba incondicional de la Revolución Cubana. En Bolivia había fracasado la guerra de guerrillas propugnada por el Che, pero la muerte de éste no había doblegado su entusiasmo por la causa revolucionaria. De hecho, por esas fechas le escribiría precisamente a Alfredo Guevara una carta donde muestra interés en apoyar el proyecto de Peter Kassowitz, con el fin de reconstruir (“de la manera que Rosi emplea para Salvatore Giuliano”) algunas de las experiencias vividas por la guerrilla en Bolivia, incluyendo la de Debray.
Y luego llegaría aquel funesto año 1971, que desde el punto de vista político y cultural, marcaría para los cubanos el principio de una etapa claramente regresiva. La detención policial del poeta Heberto Padilla fue la punta del iceberg, algo así como el evento que propició la ruptura con el gobierno revolucionario de varios intelectuales de izquierda que hasta ese instante habían apoyado a la Revolución,. Pero todo era más complejo de lo que parecía a simple vista, y la carta que Marker le envía a Alfredo Guevara, con fecha de 8 de mayo de 1971, es muy reveladora de esa complejidad a la que se enfrentaba el intelectual de izquierda de aquellos instantes.
“Si te interesa conocer mi impresión sobre el “caso” (que nunca ha sido un caso para mí)”, le escribe Marker a Guevara, “no conozco a Padilla, como sabes, y los problemas de los intelectuales no constituyen mi primera preocupación, pero no me gustan que en momentos de grandes dificultades sean justamente ellos los designados para vengar a las masas”.
Y más adelante:
“(…) la carta autocrítica de Padilla es grotesca e inverosímil, su declaración en la UNEAC suena más sincera y se parece más a una confesión pública en una secta protestante que a los procesos de Moscú, aunque sea realmente eso, pero en fin, todo ello es grotesco y hace más daño a la imagen de la Revolución que las excentricidades de algunos escritores que todo el mundo hubiera seguido ignorando fuera de La Habana”.
Para terminar esa misiva con lo que parece toda una declaración de principios:
“Jamás he creído en el derecho a juzgar o decidir cualquier cosa a 15 000 km de distancia, pero tampoco tengo la intención de ocultar lo que siento sobre algo. Corresponde a ti decidir si ello es incompatible con los servicios que a mi modesto nivel haya podido prestar al ICAIC y a Cuba, y si debo considerarme “objetivamente” del lado de los intelectuales sinvergüenzas y de los agentes de la CIA”.
Juan Antonio García Borrero
Publicado el julio 31, 2012 en LA MIRADA DE LOS OTROS. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.
Lo interesante en este caso era saber la respuesta que le dieron…