ANTONIO ENRIQUE GONZÁLEZ ROJAS SOBRE EL ENCUENTRO DE HOLGUÍN

Juany y Arcos:

Con gusto y con la venia de ambos me inmiscuyo en esta suerte de correspondencia digital cruzada que se entreteje alrededor del X Festival Nacional del Audiovisual Por Primera Vez, donde confluimos en Holguín hace apenas unas jornadas, y así honrar el espíritu de desenfadado coloquialismo que cualificó en buena medida esta reunión de críticos e intelectuales, creadores todos, pensadores casi todos, cuyas discusiones y polémicas rebasaron el siempre restringido y formalista marco de una mesa de discusión. Ya Titón asaeteaba este esquema(tismo) en sus Memorias del Subdesarrollo, así que el valor de la cita fue precisamente extender los debates éticamente vehementes (y hasta virulentos) a todos los espacios donde estuvimos los participantes: restaurantes, cafés, la calle, el parque Calixto García, las habitaciones, el lobby del Hotel Praga, casi que hasta en sueños pues mucho se le sustrajo al descanso para aprovechar el tiempo.

Arcos, con toda la diáfana sinceridad que te caracteriza, cuestionas la naturaleza errática de los eventos de crítica cinematográfica en el país y por extensión de casi todos los espacios dedicados al arte, el pensamiento y el análisis ergo la herejía absoluta e imperdonable y el descuido por parte de los supuestos facilitadores de las dinámicas creativas en el país. Es mi criterio que el arte no se dirige so pena de adulterarla y corromperla al intentar de reducirla a la mera accesoriedad ideologista como recurso propagandístico dependiente de las intenciones del poder que la implementa a conveniencia e igualmente la proscribe según varíe su brújula. El Norte de este compás siempre va a ser la dominación y la perpetuación. De eso no escapa ni Mazzantini el torero…

Entonces, ingenuo es quien aguarde una sensibilización real de los dirigentes hacia la utilidad dialéctica de la crítica y el debate en la esfera pública para fomentar en los ciudadanos una real voluntad y lucidez participativa, una conciencia de efectivo Actor social no como simple reproductor de un canon que de tanto reiterarse pierde todo sentido, como una palabra repetida muchas veces.

No esperemos más como no esperemos que los dirigentes se interesen por asistir a verdaderas discusiones sobre el presente y el futuro inmediato de este país a no ser como gendarmes de intereses extracreativos, que bien pudieran mixturarse con las posiciones nuestras todas siempre que exista una voluntad receptiva. Como presidente dela AHSen Cienfuegos durante casi un lustro puedo hablar de estas varias posturas y su miríada de matices: la de quienes institucionalizan sus gustos desde el despotismo menos ilustrado hasta la de quienes comprenden, aunque sea desde la política, la utilidad del arte joven, del pensamiento renovador, herético y disidente. Empleo la palabreja para ir desintoxicándola palabreja de tanto conservador tabú que ha maculado con la suspicacia y la cautela hasta los sacros  términos “independencia” y  “libertad”.

Como decía, he aprendido que la posición hacia el poder tampoco puede ser apriorísticamente intolerante a riesgo de caer en el mismo talego. La estrategia primaria debe ser siempre el diálogo, la identificación, la comprensión, el respeto y la valentía a decir responsablemente lo más lejos posible de lo tendencioso, siempre malsano a la larga. Claro, cuando las palabras no son suficientes, pues ¡al machete y con la luz apagada!

Pero es que ni siquiera prospera entre los cubanos actuales el espíritu dialógico libre de temores a la censura y la proscripción. Precisamente entre las discusiones madrugadoras de Holguín comentábamos la naturaleza indefinida del poder, su desfocalización y reproducción en todos y cada uno de los individuos autoprogramados para eliminar automáticamente la disensión en cualquier aspecto y nivel, como los leucocitos a un virus. Esto se manifiesta hasta en las capas más “altas” de una intelectualidad, aupada precisamente, amén sus indiscutibles talentos, por su adhesión incontrovertible. Y ya sabemos que la fe que no duda no es verdadera.

Esta autocensura se aprecia en la segmentación gnoseológica en esta época de complejidad y heterodoxia, para retornar al asunto de la crítica de cine y el audiovisual cubano en sentido general, pletóricos de analistas limitados a la reseña de un filme, un cortometraje, un documental, sin reparar en un contexto creativo pero también social, histórico, político, económico, del cual el arte es reflejo directa o indirectamente, como mínimo consecuencia. De ahí, Juany, tu agradable sorpresa al hallar como Diógenes con su linterna, un puñado de chiquillos que buscan la exégesis de las obras como fenómenos y no perderse en una marisma de subterfugios vacuos que distorsionan hasta la ningunidad total las esencias de las obras, por miedo a tocar teclas incómodas.

Por supuesto que esto tampoco es suficiente. Como una discreta parte de ese grupo, no considero estemos a la altura de los fantasmas del pasado que tenían una irredenta voluntad transformadora de la realidad, de ocupar o conquistar en el foro el espacio que les correspondía. Es cierto, Arcos, como dijiste durante la tercera mesa del jueves 28: no hay un verdadero espíritu generacional en las juventudes cubanas, ni un núcleo que agrupe alrededor de sí a los átomos libres que en su mayoría tienden a migrar o plegarse en el más absoluto acto de desencanto por la suerte del país, por la nación, por su cultura. Por supuesto, no fuimos educados sino sólo instruidos en la prolongación hasta un antidialéctico infinito, de un canon cuya arcilla reseca ya no permite ser amasada por nuestras manos. Entonces, abur y el último que apague el faro del Morro, como dice un personaje de la novela El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura.

Como excelente es dedicar horas en parques y cafés pensando a toda potencia hasta el agotamiento, pusilánime es contentarse con catartizar las ideas por muy brillantes que sean y no tomar por asalto la esfera pública a polémica limpia. Es lo que nos toca, es lo que deben a su consecuencia quienes opten por la estrella a despecho del acolchado yugo. Y como escribió Edgar Lee Masters: …la lengua es un miembro indócil/ pero el silencio envenena el alma. Al respecto, como cierre de estas líneas, quizás demasiado extensas quizás para publicarse en tu blog, Juany, les regalo un minicuento que pertenece a mi libro inédito El pueblo de Siracusa (que conforma el díptico con el édito El Tirano de Siracusa). Creo que resume mi credo personal y el de unos cuantos:

    (XXXIII)

  Actalión se lanzó contra el muro de la ciudadela. Rebotó más rápidamente de lo que se había impulsado, pero logró no caer. El segundo choque dejó flores rojas sobre las piedras y su frente. Amortiguó la caída con las manos y corrió de nuevo, apartando la sangre de los ojos. Tres embestidas más y sobre el muro había más sangre de Actalión que en sus propias venas. Arrastrándose un tramo, saltando el resto del trayecto, su cabeza atacó el muro con un ruido de cascajos rotos. La masa encefálica derramada le supo agridulce en los labios.

  Al arremeter por última vez, Actalión murió a mitad de la trayectoria. Su cráneo se desmigajó finalmente. Cuando limpiaron la superficie de la sangre de Actalión, descubrieron la grieta. Esa noche, pocos lograron conciliar el sueño en la ciudadela real.

Un gran abrazo a ambos y a todos mis amigos de Holguín

Tony (Martes 3 de julio,  7:02 PM)

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Publicado el julio 5, 2012 en SOBRE LA CRITICA. Añade a favoritos el enlace permanente. Dejar un comentario.

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