VANGUARDIA INTELECTUAL, SIGLO XXI Y NUEVAS TECNOLOGÍAS
El pasado miércoles 13 de junio se celebró la Asamblea Anual de la UNEAC en Camagüey. Si me exigen absoluta franqueza, entonces debo decir que esta vez no me sentí tan satisfecho como en la anterior. Y apenas hablé. A ratos me parecía estar participando en uno de esos foros del siglo XIX donde, sobre todo los escritores pretendían erigirse en conciencias críticas de la sociedad. En jueces que pueden hablar de valores y anti-valores colectivos porque, después de todo, la literatura en aquel instante diseñaba todo nuestro mundo moral.
No creo que los temas propuestos esta vez a discusión careciesen de mérito. Al contrario. Lo que pienso es que se sigue discutiendo del mismo modo en que se discutían en el mencionado siglo XIX, y ese desfasaje condena a los acuerdos al anacronismo. A mi juicio, no pocas de las intervenciones que se hicieron partían desde esa terminal decimonónica donde el sujeto cartesiano es el conductor excluyente, que sube o baja del tren a los viajeros de acuerdo a su particular esquema de valores.
Es así como se entiende un poco mejor que, en vez de asumir al regguetón como un nuevo actor del escenario cultural con el cual hay que aprender a lidiar, se apele al típico autoritarismo que excluye en nombre de la buena fe. Es decir, en vez de intentar estudiar al fenómeno tal como es en su novedad, se le excluye en nombre de una escala de valores donde quien diserta es, curiosamente, juez y parte.
A mí también me interesa fomentar la “alta cultura”. De allí mi defensa de las programaciones de la Cinemateca de Cuba en provincias. Pero lo que me parece discutible es ese enfoque en el cual parecen resultar inamovibles los roles de “sujeto culto” y “sujeto bárbaro”. El poseer una instrucción cultural que en algún momento nos garantizó el acceso a lo culto no garantiza que ese sujeto siga siendo todo el tiempo “culto”. La cultura, entendida como algo que se ha heredado y hay que transmitir a las nuevas generaciones tal como llegó a nosotros, puede convertirse más en una herramienta de dominación que de emancipación. Y allí es donde ese conjunto de artistas que supuestamente integran la llamada “vanguardia intelectual” han de jugar su papel más activo, que siempre será el más polémico. Por eso, cuando menos polémicas culturales existan en un país, más en peligro estará de declinar la cultura nacional.
Repito que esta vez hablé poco, sobre todo porque en la anterior Asamblea mi intervención alrededor del estado de los cines en Camagüey casi que convirtió en monotemático aquel encuentro. Me toca pues reconocer lo que hay que reconocer: gracias a lo que discutimos en aquel foro hoy existe un ambicioso proyecto en la ciudad que pretende recuperar y enriquecer todas las dinámicas culturales que, día a día, se forjaban en la llamada “calle de los cines”, y más allá. Así que al César lo que es del César: y en esta ocasión hay que decir que en menos de un año, las autoridades del territorio (entiéndase la Asamblea Popular del Gobierno en Camagüey; PCC; Oficina del Historiador; Sectorial de Cultura; Centro Provincial del Cine, entre otros), lo lograron.
De todas formas, les dejo en el blog la intervención que pensaba leer. Yo creo que esto es una de las cosas que hay que recuperar con urgencia. Hay que rescatar la manía que antes tenían los oradores de escribir las ideas que pensaban exponer. La improvisación puede ser buena para muchas cosas, pero no creo que funcione cuando en una asamblea se están discutiendo cosas que tienen que ver con lo público. Estoy hablando de los que intervienen de un modo inicial, pues quienes replican jamás podrán tener a mano o algo así.
Juan Antonio García Borrero
VANGUARDIA INTELECTUAL, SIGLO XXI Y NUEVAS TECNOLOGÍAS
Cuando la UNEAC nació, la sociedad cubana experimentaba cambios radicales en lo político, y por extensión, en lo social. Hasta entonces, el arte se asociaba a lo decorativo. Su utilidad se calculaba en términos puramente ornamentales. Ala UNEACde entonces se le encomendó asumir las mismas tareas de demolición y construcción que llevaba a cabo la vanguardia política. Y por eso fue considerada entonces como la vanguardia intelectual, un término que en principio se asocia a lo bélico.
Han pasado más de cincuenta años, y las cosas han cambiado. ¿Qué significaría entonces pertenecer hoy a la UNEAC (a la vanguardia intelectual), en el inicio de un siglo donde las nuevas tecnologías van diseñando las modernas relaciones de poder, y construyen a diario escenarios en los cuales los actores sociales juegan roles absolutamente inéditos? Es decir, ¿qué significaría pertenecer hoy a la llamada vanguardia intelectual? Desde mi punto de vista personal, entendería por vanguardia intelectual a aquel grupo de personas que, ya sea expresándose a través de la creación artística, literaria, o del debate intelectual, asumen la discusión de eso que atañe a lo público, a lo que va más allá del interés egoísta. Y en este sentido, la discusión pública y sistemática sería lo que la identifica.
Por eso en otras ocasiones, en estos mismos foros, he expresado la idea de que si bien es entendible que el artista viva para remunerar lo mejor que pueda su ego, o de los desvelos por ser reconocido, por recibir aplausos, el intelectual sabe que lo suyo es otra cosa. El intelectual casi nunca espera aplausos, sino en todo caso, debates. Y sabe que muchas de sus ideas serán sacudidas en lo público sin piedad, sobre todo por esos sectores que tienden al conformismo, al cómodo dejarse llevar por la rutina, o al refugio en lo que medianía anónima dicta como lo tradicional, como lo que no puede atacarse.
Dicho aún con más claridad: se puede ser artista, pero no necesariamente asumir el rol de un intelectual, porque esto último nos remite a lo que demanda debatirse in medias res publicas. Y hoy hay artistas (cada vez más numerosos) que defienden su legítimo derecho a no ir más allá de lo que atañe a sus predios creativos. Lamentablemente, hoy la confusión entre artista e intelectual de vanguardia llega a niveles francamente patéticos, al extremo de que presentar un disco que le rinde culto a la última moda rítmica puede ser más publicitado que un libro que intenta desmontar los mecanismos que posibilitan las actuales relaciones de servidumbre. Es decir, que le estamos llamando vanguardia intelectual a aquello que, con su indiferencia por el ejercicio crítico en la esfera pública, está contribuyendo a que se consoliden los estereotipos, el mal gusto colectivo, los anti-valores, y el miedo a soñar con un futuro menos excluyente y vulgar.
Como en lo personal no me interesa hablar en nombre de la humanidad, sino de lo que nos tocaría analizar ajustándonos al aquí y el ahora que diseñan nuestras cotidianas existencias, quisiera referirme a un hecho más bien puntual, y lo haría a través de la siguiente interrogante: ¿hasta qué punto la vanguardia intelectual que vive en Camagüey está al tanto de que el mundo hoy experimenta una verdadera revolución asociada a las nuevas tecnologías?
Hay personas que cuando les hablo de esto, piensan que lo que estoy haciendo es reclamar un mayor acceso a Internet. En realidad, como en otras ocasiones he expresado, el libre acceso a Internet sería un derecho que tienen todos los ciudadanos de este país, piensen como piensen, porque negarles la posibilidad a unos y concedérselas a otros solo estaría reciclando aquel esquema pre-revolucionario mediante el cual el acceso al saber garantizaba que unos pocos dominaran a las mayorías. Y si se hizo en este país una Campaña de Alfabetización con el lema martiano que asegura aquello de “ser cultos para ser libres”, y se enseñó a leer y escribir a millones de personas (fomentando en cada caso el pensamiento por cabeza propia), no podría entenderse que hoy nos empeñemos en mantener en la oscuridad a otros millones.
Esta certidumbre fue la que en su momento me llevó a proponer una segunda Campaña de Alfabetización en Cuba, en este caso tomando en cuenta lo que la UNESCOya reconoce de modo formal como “neo-analfabetismo funcional y tecnológico”. No basta con enseñarle a la gente cómo encender una computadora. O eventualmente saber llegar a Facebook o Yahoo. Es decir, en la cotidianidad esto es lo que se va vendiendo en el Primer Mundo como síntoma de progreso, y la gente adquiere hasta la sensación de que viven en “la modernidad” porque tienen en casa el equipo más sofisticado que se pueda conocer. Sabemos que nada de eso es cierto. Que a través del uso acrítico de esas herramientas tecnológicas lo único que se promueve, en el fondo, es el dominio de los poderosos que, a través del uso pre-diseñado de los softwares, nos diseñan cómo comportarnos en un espacio todo el tiempo virtual.
No quiero extender demasiado mi intervención. Solo estoy intentando llamar la atención sobre el hecho de que nuestra vanguardia intelectual camagüeyana aún no ha tomado conciencia de la revolución tecnológica que está viviendo el mundo. Y es una lástima que la sala de navegación de la Filialsiga estando tan sub-utilizada, porque en vez de quejarnos constantemente de que el programa Hurón Azul nunca pasa por Camagüey para promover nuestra actividad cultural, o que no nos enteramos de las becas y concursos que se promueven desdeLa Habana, podríamos comenzar a aprender que la verdadera promoción hoy en día comienza siempre por uno mismo.
Por supuesto, si fuéramos más los intelectuales y artistas que utilizáramos las escasas máquinas dela UNEACde Camagüey, con su deprimente nivel de conexión y su precaria capacidad en cuanto a sillas disponibles, entonces también serían más los que les preguntarían al final a quienes deciden institucionalmente (en este caso a la vanguardia política), qué pasa, por ejemplo, con el famoso cable tendido desde Venezuela, que supuestamente debió mejorar los índices de conectividad, y del que a la larga nada sabemos.
No para que un grupo de artistas mejore su acceso a Internet (como si fuera un privilegio concedido a un grupo, a un clan), sino para que esa vanguardia intelectual que en teoría piensa en el bienestar público desdela UNEAC, contribuya a naturalizar entre nosotros no solo el libre acceso a Internet, sino además, la alfabetización tecnológica y funcional de toda la ciudadanía cubana.
Juan Antonio García Borrero
PD: Sobre este mismo encuentro pueden encontrar otro punto de vista (yo diría que totalmente contrapuesto) en el blog del escritor camagüeyano Pedro Armando Junco.
Publicado el junio 18, 2012 en CAMAGÜEY: LO QUE EL CINE SE LLEVÓ. Añade a favoritos el enlace permanente. Dejar un comentario.
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