POST-HABANECIENDO
La semana pasada estuve apenas tres días porLa Habana, pero se sabe que “un ratico” puede ser más intenso e inolvidable que una vida entera. Esta vez mi estancia por allá estuvo llena de “muchos raticos” muy estimulantes, sobre todo porque me llevó al reencuentro con varios amigos.
El martes 5, por ejemplo, tuve muy buenos momentos, todos relacionados con las Ediciones UNIÓN que, desde la UNEAC, preside Olga Marta Pérez. Para empezar, tuve la suerte de participar en la presentación que Reynaldo González hizo del libro “Hollywood, Nuestra América y los latinos”, una colección de ensayos de la académica Ana López (La Habana, 1956), que al fin consigue insertarla en nuestros predios editoriales. No voy a repetir las cosas que en otras ocasiones he pronunciado a favor de Ana, investigadora que una vez que descubrí (eso ocurrió hace más de una década), se convertiría en una suerte de desorden copernicano en mis hasta entonces rutinarias aproximaciones al cine cubano.
Por decir algo: Ana López ha sido la primera en estudiar la producción fílmica de cubanos que viven más allá de la isla, y en lo personal, leer aquel texto fundacional fue lo que en su momento me llevó a intentar superar ese enfoque icaicentrista que suele identificar al cine cubano con el cine producido por el ICAIC. En este libro al que ahora tiene acceso el lector cubano, Ana insiste en remover conceptos y provocarnos (ahora hablándonos del cine latinoamericano), y voy a citar un fragmento de su introducción que puede ayudar a entender un poco mejor el por qué de mi persistente complicidad intelectual con ella. Dice Ana:
“¿Qué significa “hacer” historia del cine? Hace treinta o cuarenta años, significaba producir una crónica de datos, nombres, invenciones, directores y filmes vinculados –en términos generales- a alguna causalidad social. Por supuesto, no era posible incluir en ningún recuento todos los nombres y filmes, y se presumía que lo incluido era estéticamente valioso, merecía mencionarse o, al menos, sería significativo para algún avance ulterior. Estas historias canónicas del cine fijaban la escena de lo que se valoraba y, por tanto, de lo que se estudiaba y se hablaba. Por omisión, esas crónicas tempranas también eran exclusivistas. No se trataba necesariamente de malicia, sino del simple resultado de estar atado a la perspectiva del historiador individual y su universo (de facto) de conocimiento y expectativas.
En los años ochenta, el trabajo de los historiadores cinematográficos era también muy distinto al de los eruditos en estudios fílmicos. Mientras a los primeros les interesaban casi exclusivamente los temas contextuales –la producción y recepción de filmes-, a los últimos les preocupaban sobre todo los textos y la lectura minuciosa del estilo y la estructura de los filmes. De la disciplina de la historia surgió una tradición y descansó en su patrimonio positivista, evolucionando con el tiempo para privilegiar la investigación exhaustiva de archivos, la corroboración y las prácticas historiográficas sólidas. La otra guardaba una relación más estrecha con las prácticas del estudio de la literatura y el análisis estrecho de textos. Para decirlo de modo simplista, los historiadores del cine pudieron haber acusado a los expertos en estudios fílmicos de tratar sistemas teóricos densos e impenetrables en que los filmes individuales existían en un vacío social e histórico, mientras que para los expertos en estudios fílmicos, el trabajo de los historiadores de cine parecía teóricamente simplista, positivista y reduccionista de toda la complejidad semántica y lingüística de los filmes”.
¿Se entenderá ahora de qué hablo cuando menciono la “complicidad intelectual”? Los que han seguido con cierta sistematicidad el blog tendrán la impresión de que esas descripciones que Ana López hace pueden servirle de fundamento a todos los debates protagonizados en el sitio, y en los cuales ha salido a relucir una y otra vez la necesidad de pasar de una simple historia-relato del cine cubano a una más ambiciosa y polémica historia-problema. Quizás no sea yo el que deba estar hablando de eso, pero me parece que el blog (en lo que al estudio del cine cubano se refiere) es pionero de esa nueva actitud que la propia Ana López describe en su introducción:
“A lo largo de los años noventa, sin embargo, el terreno abandonó gentilmente el dualismo “texto-contexto” para pasar a la contextualización productiva del filme que utiliza una amplia variedad de fuentes como evidencia y atiende a los contextos históricos, sociales y culturales sin abandonar la interpretación textual”.
No quiere decir que lo haya logrado siempre, pero como rector del sitio he intentado estimular desde aquí una mirada a la historia del cine cubano, donde el análisis de los textos (de las películas) se vea enriquecido por lo que determinadas fuentes (hasta ahora obviadas en las narraciones al uso) nos descubren en el plano tecnológico, por ejemplo. Se trata de entender que si bien en la historia del cine cubano (sobre todo el realizado por el ICAIC después de 1959) puede apreciarse una suerte de sentido unidireccional, en realidad el análisis de ese conjunto de imágenes y prácticas exige un enfoque no unidimensional, en tanto estamos hablando de algo complejo y todo el tiempo dinámico.
El segundo buen momento que me propició Ediciones UNIÓN esa tarde llegó a través de Arturo Sotto (La Habana, 1967), con la presentación de su libro “Caro Diario”. Ahora el conocido realizador de películas como Talco para lo negro (1992), Pon tu pensamiento en mí (1995), Amor vertical (1997), La noche de los inocentes (2007), o Bretón es un bebé (2008), nos entrega un conjunto de ficciones que, según puede leerse en la contracubierta, ha sido “estructurado a partir del formato que seguían los programas de exhibición de nuestras salas de cine durante las décadas del 70 y el 80, abordan una multitud de temas que van de la realidad insular –presente y/o pretérita- a otras realidades, mitos y leyendas de cualquier época y sitio. Textos en su mayoría para ser leídos en clave cinematográfica, unos jocosos, otros dramáticos, otros, inclusive, trágicos, no te dejarán indiferente en modo alguno –palabra de lectora-, máxime si eres, como el autor, un cinéfilo empedernido”.
El tercer momento fue una auténtica sorpresa (y aquí hablo de sorpresa en el más milimétrico apego a lo que ella significa: cogerlo a uno desprevenido): me refiero a la posibilidad de tocar físicamente un ejemplar del libro “Cine cubano, la pupila insomne” que acaba de publicar también Ediciones UNIÓN. Por supuesto que no seré yo el que hable críticamente del libro. Ojalá algunos de los textos que se recogen contribuyan a incentivar las discusiones en torno al audiovisual cubano, que es en definitiva lo que interesa. El volumen ha sido dividido en dos partes: en la primera se reproducen los textos recogidos en “Bloguerías”, mientras en lo que llamo “Segunda temporada” se incluyen nuevas entradas.
En sentido general me ha gustado como quedó, y aprovecho para agradecerle al editor Ernesto Pérez Chang, al prologuista Víctor Fowler, y a Olga Marta Pérez, directora de Ediciones UNIÓN, y Alfredo Pérez, editor, por respaldar editorialmente el libro. Aún así, debo señalar que quedo un poco defraudado al notar que faltan diez textos que fueron publicados en “Bloguerías”. Supongo que por algún descuido mío no hayan estado en la versión que envié. De estos, me entristece sobre todo que falten los dedicados a Celia Cruz, a Sabá Cabrera Infante, y Néstor Almendros. Asumo la responsabilidad de esas ausencias porque debí exigir la revisión antes de que fuera a imprenta.
Para evitar la suspicacia de algunos, diré que no ha habido aquí indicio alguno de censura, toda vez que en la segunda parte podrán encontrarse entradas que hablan de Roberto Fandiño, de El super, o del homenaje que le hicieron en su momento a Germán Puig en Madrid. En este sentido, el hecho de que por primera vez se hable de modo natural de esos asuntos que, debido a la cuestión política, para algunos parecieran que resultan ajenas a nuestra historia fílmica, consigue que la frustración sea menor.
Para mí resulta una experiencia interesante esta de ver en el soporte papel ideas que fueron pensadas para la red. Sobre todo en estos días que tanto hemos estado hablando de la crítica tradicional y el impacto de las nuevas tecnologías.
Juan Antonio García Borrero
Publicado el junio 11, 2012 en LIBROS SOBRE CINE CUBANO. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.
Bienvenido tu nuevo libro, Juani!!!