UN INTERCAMBIO ENTRE FRANK PADRÓN Y JUSTO PLANAS

Estimado Justo:

Tus reflexiones, tanto en la crítica propiamente como en teorizaciones sobre ella -como es el caso- me parecen casi siempre brillantes, ya te lo he comentado puntualmente respecto a uno u otro textos. No por gusto, en la tentativa de mesa para el próximo taller que generó este saludable intercambio, estuviste entre los nombres que sugerí. Sin embargo, me hubiera gustado que en tu aporte, indudablemente valioso, hubieras matizado un poco más. De pronto te me vuelves un incondicional absoluto del ciberespacio, al punto que me parece otra persona la que en un correo anterior me comentaba -y permíteme citarte-:

“Aunque escriba para internet mayormente, soy un gran “necesitado” de los medios impresos, las revistas. Nada se compara con la sensación de leer un trabajo impreso, cuando estaba en el periódico recuerdo la incertidumbre de los lunes y el placer que daba saber que habían publicado mi artículo, verlo, disfrutar del diseño; también la decepción de haber dejado algo y que no saliera, pero son los gajes del oficio también. Internet es muy desorganizado, hay demasiada información y muy mal distribuida, de eso se ha hablado mucho”.

Y continuabas más adelante:

Ahora sí, hoy por hoy, la única forma de llegar en Cuba es a través de la letra impresa. Yo mismo estuve escribiendo para Cubasí una crítica de cine semanal desde que estaba en 4to año de la universidad, y vine a “existir” cuando Trabajadores me dio la oportunidad de hacerlo en sus páginas“.

No sé si es que te has “rendido” ante lo que consideras inminente, pero encuentro entre esas consideraciones recientes y estas últimas, una evidente contradicción.  Repito lo que acoté en mi anterior participación en el debate: no solo conozco, saludo y respeto las posibilidades de Internet, sino que las utilizo, pero lamentablemente, la democratización que implica también ha producido monstruos.

Ojalá todos los sitios concretamente sobre cine tuvieran la seriedad y el rigor de Cine Cubano, la pupila insomne, no solo de su editor, sino de la gran mayoría que en él participa. O, fuera de Cuba, de La butaca, Noticine.com  o Escribiendocine, por solo citar  algunos. Pero en abundantes casos, no es para nada así; más de una vez, rastreando información sobre filmes o cineastas me he encontrado “perlas” increíbles, de esas que te dicen:

“Un filme fuera de liga; un poco lento pero al final te convence; la fotografía preciosa;  las actuaciones estelares, aunque Fulano de Tal no está tan bien como el resto…” y los “comentarios al comentario” -por llamarle de algún modo- por el estilo.

Si algo nos enseñaron los periódicos y revistas donde escribimos, y la propia práctica de tantos años, es a respetar el ejercicio crítico con una correcta utilización de la nomenclatura, de los términos, de la indispensable argumentación en lo que tratamos de analizar y valorar.

Según el grado de especialización del medio (ya se sabe que hay estratos, desde el diario a la revista más exclusiva, desde la radio municipal al programa televisivo nacional) así será el lenguaje y el grado de complejidad técnica, que este es ya otro tema para otro debate y no quiero detenerme en él, pero nunca estará de más recordar la condición a caballo de la crítica -también desde la humilde reseña al ensayo más enjundioso- entre la ciencia y la literatura, y en ocasiones Internet es no un resquicio sino una inmensa puerta donde la improvisación, la frivolidad y el impresionismo más chato, para no hablar de la absoluta vulgaridad, se cuelan haciendo estragos.

Como mismo la accesibilidad de la técnica permite a muchos sin talento real creerse cineastas, algo semejante ocurre con la red y los “críticos”: todos se consideran con derecho a serlo, con la misma actitud de los aficionados a la pelota en “La esquina caliente” del Parque Central habanero , aunque perdonándoseme la ignorancia en este campo, me parece que muchos de los que en ese contexto discuten y opinan están mejor preparados en esa materia que tantos propietarios de  blogs o participantes ocasionales  en los mismos.

Y fíjate que, siendo “a la antigua” como reitero y no me avergüenza para nada confesar, si bien disfruto como tú del incomparable “olor” de la letra impresa, no lo hago menos cuando en varios de esos medios -Trabajadores,La Jiribilla, Juventud Rebelde- he podido intercambiar en más de ocasión en las versiones digitales de  estos, con lectores que opinan, para bien o mal, de algún texto mío.

Pero a la vez agradezco hasta el infinito que haya en sus páginas de papel, como en las de revistas y libros, jefes de redacción, editores, lectores especializados que son capaces en la mayoría de los casos, de exigirme, de tacharme o censurarme cuando lo consideran oportuno. No niego que otras tantas me mosqueo cuando lo creo injusto o innecesario, pero en el fondo lo agradezco.

¿Qué hacemos, querido Justo, le sugerimos a  blogueros e internautas en general, la incorporación de asesores, editores, censores -que reitero, cuando es para bien hasta se agradecen- de modo que tales espacios exhiban un poco de la seriedad, la decencia y la  coherencia de las que tantas veces carecen?

Un abrazo,

Frank Padrón

 

DE JUSTO PLANAS A FRANK PADRÓN

Sí, Frank, no te falta razón en lo que me señalas. De hecho, mientras escribía la última carta que te envié pensaba que podías verlo de esa forma. Sucede lo siguiente, cuando leí las réplicas de tantas personas cuyo criterio respeto me pareció que era más necesario dedicarme al tema de “la nueva crítica de cine e Internet”, fíjate que digo desde un inicio que “entre los muchos caminos me quedo con el de las nuevas tecnologías y esa “joven” crítica de cine que se menciona”.

Sigo siendo fiel a lo que antes te escribía, pero creo necesario hacer al respecto una aclaración. Existe una diferencia entre mis preferencias personales que me inclinan por el texto impreso, y el reconocimiento de las posibilidades únicas que ofrece Internet. Si recuerdas, te decía también en aquella primera carta que citas:

“me temo que la prensa escrita terminará extinguiéndose frente a la digital, porque es menos inmediata, demanda más recursos (papel, tinta) y es además de dificultosa distribución. Sucederá quizás lo que con los libros hechos a mano a principios de la imprenta. Después de un corto debate que los destacaba por su calidad visual, y el hecho de que una edición era única en todo el sentido de la palabra, terminó cediendo todo espacio ante la practicidad de un libro impreso”.

Eso no significa que esté en desacuerdo contigo. De hecho, podrías poner debajo de muchas de tus palabras mi nombre. Sin embargo, no me parece que deba valorarse la idea de controlar qué y cómo se publica en la red, perdería (pienso) uno de sus más preciados valores: la democracia (hoy casi rayana en la anarquía). Es cierto como dices que la mayoría de lo que se publica en ese medio carece de rigor, muy muy cierto. Pero los usuarios cuando encuentran algún sitio que valga las horas de lectura, no lo olvidan, vuelven a él. Todos hemos ido haciendo nuestro propio saco de páginas buenas, malas y regulares. Tú ves como algo negativo que un no especialista se refiera (o despotrique) al cine, aconseje películas, yo lo veo como un logro. Existen personas cuyo criterio pesa y mucho en este nuevo medio, pero a estas personas las eligen sus lectores, y la calidad del blog o la página en general la determina su popularidad o el número de visitas. Me alegra que cada quien sea pesado no por tener un Lic. sino por su trabajo en sí.

Tampoco creo que el público esté hoy por hoy en capacidad de elegir entre una buena crítica y otra, y de hecho muchas veces se va por la más aparatosa y entran a jugar criterios que no son propiamente los que se refieren a la calidad de ese trabajo. Pero ¿acaso ese público tiene experiencia eligiendo y escribiendo sus propios trabajos, sus propias ideas? Internet le ofrece por primera vez esa posibilidad y vivimos una etapa de ensayo-error que terminaremos superando cuando los usuarios lleguen a su madurez, cuando aprendan a ejercer el criterio y sepan quién lo hace bien. De todas formas, sí existen páginas oficiales, como la de Juventud Rebelde, por ejemplo, que tienen editores y todo un equipo que filtra lo que sale y lo que no atendiendo a su calidad. No es que se publique cualquier cosa en los periódicos digitales. Uno sabe que el sitioLa Butacaes fiable para informarse sobre cine, y que otro de blogger.com no lo es en la misma medida.

De cualquier forma, no podemos juzgar al nuevo medio y sus posibilidades solo por lo que han hecho de él en el presente. Esta idea es muy importante (creo yo), porque nos permite valorar lo que será Internet en el futuro no solo por el desastre que es hoy.

Ahora, reitero el final de aquel texto donde decía: “La realidad es que en Cuba la letra impresa sigue siendo más fuerte, y más útil para llegar al público. Si bien le temo al final de Los sobrevivientes, pienso que dadas las condiciones presentes, los debates digitales llegan a muy pocos. Tan peligroso es quedarse dentro, como fuera”.

No hace falta decir más, creo: publicar en un medio impreso es existir para Cuba, Internet sigue siendo para todos los tercermundistas una utopía, e ignorar esto significa pensar en la sombra.

 

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Publicado el junio 1, 2012 en POLÉMICAS, SOBRE LA CRITICA. Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Algunas posturas en las actuales reflexiones y polémicas que cuestionan la validez , pertinencia y eficacia del ciberespacio como soporte y vehículo de creación y recepción de la cultura humana – sea del arte, el pensamiento crítico, la crítica de cine, en particular – hacen recordar aquellos iniciales cantos de sirena sobre la inminente “muerte” del libro cuando surgieron los primeros medios de difusión electrónica. Hoy aquel muerto goza de muy buena salud y todo parece indicar que coexistirán por un tiempo hasta ahora muy difícil de prever.

    Tal parece que ese lamento russoniano por el regreso o la conservación de los bellos tiempos idos es inherente a todo ser humano que se aferra a los elementos que nutrieron su formación, cuando ya adulto comienza a ver amenazada la estabilidad y existencia de aquel “su mundo” por lo nuevo que se va precipitando arrollador a su lado, olvidando en ese trance doloroso que ya esos que surgen no tienen a mano, no pueden tener otros que los nuevos materiales del hacer (o el deshacer) que el devenir indetenible les permite conocer. Así, asistimos a los suspiros de nostalgia por el ruido de las rotativas, la fragancia de las tintas frescas, la mano cariciosa que se desplaza por las páginas del primer texto publicado mientras surgen y crecen, unas tras otras, las generaciones cibernéticas que tal vez en un futuro imprevisible suspirarán a su vez por el Mouse obediente de sus infancias, cuando ya otros medios ahora inconcebibles dominen el manejo y las opciones de aquellos impensables medios de acceso al saber y la creación humanas. Es un proceso natural ya a estas alturas muy repetido como para que tenga algún sentido cuestionar, por ejemplo, la farragosa existencia de los actuales blogs, o los medios de publicación digitales que la telaraña de la red dispone para los que (puedan y) acceden a ella.

  2. Amigos,
    lo joven o lo viejo no tiene nada que ver con la edad, ni en el cine ni en la crítica de cine; tiene que ver con la mente, el espíritu del que hace la película o la crítica y la posición que asume ante una u otra creación. No importa el medio ni la tecnología a través que se difunde el trabajo crítico ni la obra artística audiovisual.
    Me agrada sobremanera que se estén debatiendo estos aspectos creativos.
    Y si es una pena que este medio sea tan limitado por la carencia de estos aparatos en las manos y las mentes de los públicos.
    Todos los que conocemos la Historia del Cine Cubano, podemos recordar aquella polémica joven que hubo en los 60 entre Alfredo Guevara y Blas Roca, sobre algunos filmes de Buñuel, Pasolini o Fellini. Aquella polémica llegó a todos porque se publicó en el periódico y recuerdo que en todas partes la gente (el público) discutía sobre ambos puntoas de vista encontrados.
    Así debería seguir siendo en la ACPC de hoy en día.

    Tomás Piard

  3. Suscribo en casi todos sus aspectos las opiniones de Justo Planas. Yo soy uno de esos lectores / espectadores sencillos, quiere decir, no especialista, al que la crítica ayuda y orienta. Antes de leer en la red una buena – a mi juicio – valoración de Verde Verde, hecha por un crítico – cineasta, la película me había parecido algo pantagruélica, sombría, tremebunda. Después de leer el trabajo, comencé a respetarla mucho más, la miré con otros ojos y disfruté de significados y matices que se me habían escapado en la primera lectura. No había captado ciertas claves y el crítico me ayudó a ello. Por eso exhorto a los especialistas a que no hablen principalmente entre ellos, y, sin dejar de hacerlo, sí mucho más con el público, sin hacer concesiones, pero sin olvidar que hay muchos espectadores que pueden variar o mejorar su apreciación, precisamente porque el crítico se dirige a él con el ánimo de influirle – en el buen sentido de la palabra -, que esa debe ser su función social, pese a que el actual reinado de la banalidad y el mal gusto puede desanimar a cualquiera. Pero cuál puede ser el mejor resultado de la tarea de un crítico que ayudar a quien no lo es? En nombre del respeto a una supuesta democratización del juicio, no podemos justificar la degeneración de la apreciación estética. Más allá del moderno relativismo de todo tipo, el autor de El viejo y el mar sigue teniendo razón: siempre se necesita ese infalible detector de mierda para evitar que se cuele lo mal hecho. Tanto en la creación como en su recepción. ¿Acaso el crítico no está armado de un mejor ejemplar de ese dichoso aparato? O al menos debe, digo yo.

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