JOEL DEL RÍO SOBRE LA NUEVA Y LA VIEJA CRÍTICA DE CINE
Queridos Gustavo y Juany:
La buena crítica no es nueva ni vieja, pero sí imprescindible. Saldrá de todas las personas, como ha ocurrido siempre y seguirá ocurriendo, que se interesen en mejorar algo y razonar los modos para hacerlo. No puede ser que la presencia del bosque nos impida ver la hoja, la rama y la semilla. Se supone que se iba a razonar sobre la crítica, y excepto las primeras opiniones, las más recientes solo insisten en generalidades pesimistas y desconsoladoras, independientemente de la ración de verdad que puedan contener. Nadie ni Gustavo ni nadie puede responder las preguntas siguientes: “¿Le interesa hoy en día a los espectadores cubanos leer una crítica? ¿Existen aún espectadores en Cuba o son solo obsesivos consumidores de imágenes?” Sin encuestas, miles de opiniones en foros, estudios serios y profundos de opinión, nadie puede responder esas preguntas, a no ser que quiera ser tildado de superficial, o lo que es peor de tratar de convertirse en voz del pueblo sin haberle preguntado nada a nadie.
He logrado materializar algunas de mis deseos profesionales, especialmente dentro del oficio crítico, aquí, hoy, en Cuba. Aunque mi declaro incapaz de clasificarme entre los críticos nuevos o los viejos. Tengo veinte años más que Justo Planas y veinte menos que Enrique Colina. ¿Seré viejo o nuevo o intermedio de acuerdo con el deseo de etiquetar que veo en el fondo de este polémica. De modo que me niego a discutir cuando ni siquiera puedo precisar si estamos hablando con exactitud de la crítica, o de las expectativas y deseos de alguien. No hay que dar la vida, Gustavo, hay que aprender a llegar hasta el final, y dedicarle a esta profesión nuestra toda la fuerza, el rigor y el conocimiento que merece, que se espera de nosotros. Sin creernos tampoco la última Coca Cola del desierto. Se espera que lo hagamos bien, al igual que los panaderos y los arquitectos. Y algo de lo que escribamos tal vez será duradero y merezca ser recordado, y si no lo merece, pues resignarse al olvido. Que tampoco se puede vivir, creo yo, obsesionado por el afán de la trascendencia. Si el azar dispersa y frustra nuestros esfuerzos, y mañana nadie recuerda ni le importa lo que escribió ninguno de nosotros, entonces ello querrá decir eso mismo, que somos escaramuzas, polvo en el viento, conformismo y aceptación que no llegó a ninguna parte. Pero eso no lo puede vaticinar nadie, por fuerte que sea el muerto, la media unidad o emisión de la bola de cristal.
Claro que debemos cambiar el presente. Hablando con sentido, escribiendo, razonando, tratando de enriquecer el universo cultural de unos pocos. Pero nunca debe tratar alguien de que la crítica de cine cumpla con funciones que no le atañen ni desborde su tamaño de grano de arena en compleja geografía de la playa enorme que es la cultura de este país. Repensemos todo, pero con menos ambición y pretensiones. ¿Por qué, para empezar, no hablamos de la crítica de cine? Pero concentrémonos en el tema, porque si vamos a conversar sobre el destino de Cuba, la historia nacional, y el futuro o inutilidad de las batallas generacionales podemos hacerlo también, pero no es este el lugar ni la ocasión. Creo yo.
Un abrazo a colegas, amigos y enemigos.
Joel del Río
Publicado el mayo 24, 2012 en POLÉMICAS, SOBRE LA CRITICA. Añade a favoritos el enlace permanente. Dejar un comentario.
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