PARA UNA ENCUESTA DE SIGHT & SOUND
Hace un par de meses llegó a mi buzón electrónico una carta firmada por Nick James, editor de la prestigiosa revista británica Sight and Sound, invitándome a participar en la famosa encuesta que desde 1952 y cada diez años, dicha publicación organiza con el fin de seleccionar “los diez mejores filmes de todos los tiempos”.
Sobra decir que esa invitación ha dejado una huella bastante intensa en lo que llamo mi egoteca, toda vez que se trata de una encuesta que ha sido referencia insoslayable en mi formación de cinéfilo empedernido y promotor de lo que se considera lo más sobresaliente de esta expresión artística.
Cuando era más joven (digamos que cuando tenía la edad del adolescente que comenzó a fijarse en este tipo de encuesta), yo pensaba que escoger lo más destacado era una operación excesivamente fácil. Pensaba que “lo mejor” es eso que permanecerá por lo siglos de los siglos. No tenía la más remota idea de la sutil, y al mismo tiempo brutal influencia que ejerce en nuestras mentes el sordo rumor de la opinión pública, que va y viene. Sobre todo si esa opinión es legitimada por “expertos” que exponen sus juicios apoyados en estudios que a su vez se basan en lo canonizado. Hoy mi escepticismo sistemático ante todo lo que se proclama definitivo me ha ayudado a ser más cauteloso cuando hablo de “lo mejor”.
De allí que esta escueta selección que hago hable del impacto que han tenido estas películas en mi visión, no tanto del cine, como de la vida. En lo estimulante que han resultado para mí a la hora de explorar mi imaginación. Porque para mí el verdadero arte es ese que nos ayuda a reconocernos espiritualmente en medio del laberinto de la existencia.
Las películas que simplemente “nos entretienen” ayudan a que el estado de ánimo no termine en el piso debido a los conflictos cotidianos, pero difícilmente nos hacen tomar conciencia del lugar que ocupamos en esa gran saga que es la vida. Ese es el gran mérito del verdadero artista, y en este caso, del cineasta que trasciende: que nos ilumina y nos ayuda a desenmascarar todo aquello que, sin darnos cuenta, se ha convertido en norma, y nos hace menos libres como individuos. Lo cual no quiere decir que el arte más trascendente tenga que apelar necesariamente a la estridencia vanguardista, o a la solemnidad tediosa que quiere pasar por actitud “seria”.
Quede pues esta selección como el testimonio de mi gratitud hacia esas películas (apenas diez de miles posibles) que mejor me han ayudado a asumir la vida como lo que es: como una conjura feliz de circunstancias casi siempre trágicas.
Juan Antonio García Borrero
MIS DIEZ PELÍCULAS FAVORITAS:
1) LA QUIMERA DEL ORO (The Gold Rush/ 1925), de Charles Chaplin
Detrás de la simpática anécdota del buscador de fortuna, detrás de los geniales gags que salpican la cinta, está una de las representaciones más profundas que ha logrado hacer el cine del sentido trágico que impregna a la vida. Chaplin no es un comediante, es un genio que sabe poner al desnudo las esencias del convivir humano. Por otro lado, no ha habido hasta ahora en toda la historia del cine un personaje tal universal como Charlot, capaz de describir a los seres humanos con escalofriante exactitud, sin importar la raza, el sexo, o el perfil cultural. Es decir, capaz de describirnos como lo que en el fondo somos: vagabundos en busca de una quimera de oro llamada felicidad.
2) RASHOMON (1950), de Akira Kurosawa
Se trata de un finísimo estudio acerca de las posibilidades reales de los hombres para acceder a la verdad. Kurosawa no se pronuncia exactamente por el relativismo. Más bien nos estimula a dejar un lado el apresuramiento a la hora de entender como definitivas las primeras versiones de la realidad que construyamos. Todo con un envidiable sentido cinematográfico, en un relato donde alcanzan gran relevancia el desempeño de los actores.
3) EL PADRINO (The Godfather/ 1972), de Francis Ford Coppola
Violenta, pero profundamente humana, esta primera cinta de la trilogía sobre los Corleone funciona como un magistral retrato de las sociedades modernas. Coppola no idealiza a sus personajes, ni pretende moralizar, sino que los construye con todos esos ingredientes que conforman la condición humana. El trabajo visual y narrativo es sencillamente fascinante.
4) LA DULCE VIDA (La Dolce Vita/ 1959), de Federico Fellini
La soberbia radiografía que Fellini hace de un contexto caracterizado por la pérdida de valores morales, permanece intacta. Pero no se trata solo de una denuncia moral, sino de un filme que ha conseguido dejar para la posteridad secuencias que funcionan en el imaginario colectivo de modo autónomo. ,
5) LOS OLVIDADOS (1950), de Luis Buñuel
Un Buñuel que es capaz de subirle las metas al neorrealismo italiano con sus propios ingredientes. Su mirada al mundo de los pobres está desprovista de todo tipo de idealización. A los pobres, por el hecho de ser “pobres”, no les asiste le razón histórica. Buñuel les da voz a los excluidos, pero va más allá de la falsa compasión, y muestra la miseria espiritual que se esconde detrás de toda pobreza material.
6) LA INFANCIA DE IVÁN (Ivanovo detstvo/ 1962), de Andrei Tarkovski
En su primer largometraje Tarkovski pareciera cumplir con las demandas de un cine que busca exaltar las virtudes del “hombre socialista”, según las exigencias de la época. Sin embargo, su genio creador consigue insertar secuencias que van más allá de cualquier pretensión de “realismo socialista”, para mostrarnos a un protagonista ya no solo vulnerable por su edad y físico, sino por su propia naturaleza humana. La infancia de Iván a la que alude el título podría interpretarse también como ese tránsito fugaz, violento, e inocente que es la vida del hombre.
7) LA FUENTE DE LA VIRGEN (Jungfrukällan/ 1959), de Ingmar Bergman
Bergman aprovecha la ingenuidad de una antigua leyenda sueca del siglo XIII, para presentarnos un filme donde el debate en torno al Bien y el Mal alcanza ribetes filosóficos. Pero la profundidad de la discusión es garantizada por el magistral manejo que el cineasta hace del lenguaje fílmico. Con una estructura dramatúrgica perfecta, la cinta consigue pasar con escalofriante efectividad del candor a la angustia, dejando en el espectador ese hondo desasosiego que inspira la tragedia.
8) ROCCO Y SUS HERMANOS (1960), de Luchino Visconti
La extraordinaria sensibilidad de Visconti consigue entregarnos en clave de melodrama, un vigoroso retrato social. El finísimo estudio sicológico de los miembros que componen la familia protagónica nos revela un universo emocional impactante, y el conjunto de las actuaciones (todas de un alto nivel), permite que la cinta adquiera una gran densidad trágica.
9) SUCEDIÓ UNA NOCHE (It Happened One Night/ 1934),de Frank Capra
Una película inolvidable. Capra despliega aquí sus mejores dotes de narrador, y convierte a esta (solo en apariencia) sencilla comedia romántica, en un memorable ejercicio cinematográfico. El modo en que distribuye las diversas tensiones (sexuales, económicas, sociales) garantiza que el ritmo del filme sea todo el tiempo vertiginoso.
10) MEMORIAS DEL SUBDESARROLLO (1968), de Tomás Gutiérrez Alea
La película de Gutiérrez Alea sigue siendo una película sorprendente, que no envejece, debido a que más que contar la historia de un burgués superado por la Historia, examina la suerte de un individuo que en realidad se siente forastero en la Existencia. El hecho de que la trama se desarrolle en el contexto de un país subdesarrollado y en revolución puede dejarnos la sospecha de que está filmado desde ·”la escuela del resentimiento”, pero basta apreciarlo ahora mismo para comprobar de que su enfoque no es exactamente sociológico. Incluso personas que viven en el Primer Mundo podrían identificarse con ese Sergio escéptico, inconforme, y dubitativo con ese optimismo programático que parecieran dictarnos las élites deslumbradas con la idea del Progreso iluminista.
Publicado el mayo 8, 2012 en ENCUESTAS. Añade a favoritos el enlace permanente. Dejar un comentario.
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