UN INTERCAMBIO EN TORNO A LOS ANTIHÉROES

Juan  Antonio,

Coincido plenamente con lo que dices sobre los antihéroes en el cine cubano, no obstante, y partiendo de tus propias ideas sobre el concepto cine cubano/ cine nacional, me parece que por lo menos en esa zona que has llamado en algunos de tus ensayos como “cine al margen”, sí se han despertado las motivaciones suficientes (y la libertad, claro) para poner en los primeros planos, como verdaderos protagonistas, a los antihéroes. La verdad colectiva que el ICAIC ha querido (o debido) multiplicar en sus películas, ya no es tal…la duda, estamos en la cosecha de las dudas, ya nada puede ser afirmado con categoría, es la riqueza de la ambigüedad la que ha de prevalecer, supongo, en un tiempo en que el cine nuestro se desprende de los lazos de la industria “oficial” para nacer en cualquier esquina de cualquier ciudad donde haya un cubano con una cámara y una idea. Ahí es donde el antihéroe resucita, porque como dices, antes se ha asomado tímidamente en los filmes que mencionas, e incluso un poco más atrás, ¿acaso no es un antihéroe el personaje de Manuel García o el Rey de los campos de Cuba?

Es cierto que el reciente cine cubano se ha “teatralizado” tanto que asusta, pero indudablemente aporta nuevas visiones menos ortodoxas de nuestra realidad, aborda  descarnadamente aquellos temas que hasta hace poco eran señalados con el mismo dedo de tapar el sol. ¿No es eso lo que ocurre en películas como ChamacoFábula,  Verde verde o Juan de los muertos?

Considero que es en el territorio del cortometraje donde más se ha acentuado el protagonismo del antihéroe, lo vemos en las obras de Jorge Molina (quien me ha confesado que él mismo se siente como el antihéroe del cine cubano,  en tanto creador a contracorriente), en la popular saga de Nicanor O´ Donnell, de  Eduardo del Llano y en otras obras realizadas por estudiantes dela EICTVo dela Facultadde Medios Audiovisuales del ISA.

Es muy probable que ese ascenso lento, pero ineludible, de las figuras del  antihéroe (que no es una sola como creen algunos que limitan ese arquetipo al oponente del héroe, o lo confunden con una analogía del villano, el antihéroe ofrece tantas posibilidades narratológicas como individuos con sus historias existen en el universo), ese influjo de humanidad,  llegue definitivamente al cine que se supone sea “el grande”, no por viejo, no por recursos, sino por la experiencia y el mayor alcance estético, ético e ideológico.

Juan Antonio, yo mismo soy quien te habló de este tema y ojalá fuera tan joven como me supones, estudio en la filial holguinera del ISA pero ya navego el mar de los 40 años, soñando, sin dudas como un realizador veinteañero, con probarme alguna vez haciendo de un antihéroe el protagonista mi película…

Un abrazo,

Roberto Arada Velázquez

 

Estimado Roberto:

Me ha gustado mucho esta reflexión que haces. De hecho, el post que escribí inspirado en el asunto que estudias era apenas un incentivo para seguir pensándolo. La presencia del antihéroe en el cine cubano habría que rastrearla, efectivamente, más allá de lo que ha propuesto el ICAIC, o como bien apuntas, incluso antes de la creación del Instituto. Estoy pensando no solo en el ejemplo de Manuel García, según las versiones propuestas por Enrique Díaz Quesada y Jean Angelo en 1913 y 1940, respectivamente, sino también en la cinta De espaldas (1956), de Mario Barral. Voy un poco más allá: ¿no habría que tener en cuenta a El Super, Paraíso, o Memorias del desarrollo, filmada en su momento por cubanos que residían más allá de la isla?

Desde luego, es a partir de 1959 que este personaje se hace un poco más problemático para el imaginario colectivo u oficial. El proyecto revolucionario implicó una teleología con una misión bien concreta: la construcción de un Hombre Nuevo tal como lo anunciaba el Che. Parecía lógico que las pantallas se poblaran de personajes tras los cuales desaparecían los individuos rehenes del deseo bárbaro, del cuerpo que ansía la libertad absoluta de los placeres, y que entra en colisión con un compromiso estatal que mira más a lo ideológico que a las pulsiones biológicas, las cuales no conocen los dictados de la moral de turno. Por eso en esa primera década hay apenas antihéroes en la producción del ICAIC (digamos que Las doce sillas; Papeles son papeles, o Memorias del subdesarrollo, aunque siempre desde la perspectiva oficial, con finales que terminaban por aleccionar o castigar a esos protagonistas herejes).

Lo interesante del antihéroe como protagonista es que, efectivamente, puede regalarnos relatos endiabladamente humanos, demasiado humanos. Y tienes toda la razón cuando afirmas que no hay que reducirlo al antagonista del héroe, o confundirlo con el villano. El antihéroe es algo más perturbador, más cercano a nuestro ser más común (aunque invisible). Uno lo reconoce porque lo vemos desenvolverse en el absurdo cotidiano de la vida, como parte de esos acontecimientos que suelen sacudirnos en nuestra propia existencia. Y a diferencia del héroe, que casi siempre tiene a mano una tesis racional para superar escollos, el antihéroe recela de ese gran proyecto optimista, entendiéndose a sí mismo desde la finitud, la contingencia, y la poquedad. Quizás fue eso lo que escandalizaría a algunos con PM, de Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez Leal, en unas fechas en las que el entusiasmo colectivo, o la exaltación de las masas como símbolos heroicos llamados al triunfo, no permitían el distanciamiento crítico desde lo sensual (esos personajes de PM me recuerdan por cierto aquella observación liberadora de Goethe: “Y en medio del gozo me consumió el deseo”).

No obstante, creo que en el caso del cine producido por el ICAIC hay algunos documentales de Sara Gómez (Una isla para Miguel), o Nicolasito Guillén-Landrián (Ociel del Toa), donde uno percibe un excelente tratamiento de esos personajes que recelan de la excitación utópica. Esa mirada, digamos desencantada, pero no por ello deshumanizada, se perdió en los setenta (con un cine entregado más bien a la movilización ideológica, o al repaso historicista), mas fue redescubierta de modo enfático por varios jóvenes del Taller de Cine de la Asociación Hermanos Saíz (estoy pensando, por ejemplo, en los conmovedores frikis de Un pedazo de mí, de Jorge Luis Sánchez). Y se llegó a exhibir, aunque de modo efímero, una cinta como El encanto del regreso (1989), de Emilio Oscar Alcalde, producida por los Estudios Cinematográficos y de TV dela FAR, que partiendo de algo que se prestaba otra vez a la glorificación (participación de soldados cubanos en la guerra de Angola), revisaba el asunto desde la perspectiva del antihéroe.

Hay un montón de materiales perteneciente a esto que otras veces he llamado “cine cubano sumergido” (más que “cine independiente” o “al margen”, porque en Cuba es muy difícil lograr esa independencia institucional), que de revisarse nos ofrecería un cuerpo bastante sólido de películas protagonizadas por antihéroes. El por qué esas películas permanecen en lo sumergido obedece a múltiples razones, que irían desde la precariedad técnica de los soportes y la ausencia de una voluntad pública de preservación de los filmes no oficiales, hasta el rechazo crítico y/o académico a un tipo de cine que no coincide con la agenda propuesta por el “nuevo cine latinoamericano” (que sí incluye al formulado por el ICAIC desde su fundación).

Aunque el móvil más evidente parece relacionarse con el rechazo que provocaría en el imaginario un cine que muchas veces no transmite el consabido optimismo, que mira la realidad no desde la consigna fácil y narcotizadora de “Sí se puede” o cosas por el estilo, sino desde la angustia que provoca asumirnos como individuos concretos y finitos, enfrentados a situaciones todo el tiempo complejas e irrepetibles.

A mí este tipo de cine me recordaría un poco ese coraje que exigía Sartre en su célebre ensayo “El existencialismo es un humanismo”. Y lamentablemente, entre nosotros lo dominante no ha sido esa mirada visceralmente humanista, que hable del hombre no como algo con una esencia fija (como si fuera algo destinado a ser bueno o malvado, y por lo tanto, del cual se espera un comportamiento previamente programado) sino como un proyecto siempre en construcción, donde nuestras pulsiones, filias, fobias, estados de ánimo, adicciones, fantasías, van definiendo, para bien o para mal, nuestra suerte final.

Cuando algunos cineastas cubanos, como Jorge Molina, se han atrevido a explorar estos universos del trasfondo (del subsuelo diría Dostoievski), entonces pagan su gesto con el rechazo áspero, o con la indiferencia viscosa. Pero esto me parece lógico, porque en el fondo, un cine protagonizado por antihéroes es decididamente un cine profundamente moral, en tanto suele atacar no pocas hipocresías naturalizadas en el sistema ético hegemónico. ¿No eran los inmoralistas franceses furibundos moralistas?

La presencia del antihéroe en el cine cubano puede ayudarnos a reencontrar esos rasgos de humanidad que cierta tendencia a la representación de hombres de mármoles ha diluido en la nada. Aunque diluirla en la nada no ha significado que ha anulado esa parte de la humanidad, sino que la ha sometido a un orden supuestamente superior, donde apenas alcanza jerarquía lo que el grupo dominante entiende que tiene valor moral.

Los antihéroes siguen allí, esperando su turno para hablar. Y dar sus propias versiones de la realidad. Doy por descontado que también de ellos aprenderemos no pocas cosas de la vida. Y gracias a esas intervenciones, hacer un poco más humana la sociedad que vivirán quienes nos sigan en el tiempo.

Juan Antonio García Borrero

About these ads

Publicado el mayo 6, 2012 en REFLEXIONES. Añade a favoritos el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. Hola Juani, me parece que has tenido un lapsus, olvidaste mencionar al personaje más visto en la historia del cine cubano, casualmente un antihéroe, un gay, un hombre que disiente, un Diego.
    Abrazos,
    Arturo.

  2. Pues depende y como dijo alguien antes:”En estos tiempos de valores ambiguos”…etc,etc..,el término anda un poco difuso,excepto en producciones televisivas,que es mejor ni mencionar o en los “Cómics”,por lo que yo no lo veo
    (a Diego),ni presentado,ni concebido, ni “sentido”,como “antihéroe”,para nada.

  3. Roberto Arada

    Permítanme la fijeza (como diría Lezama), a mi modo de ver, Diego califica como una de las variantes de antihéroes. Por ejemplo, si nos basamos en los arquetipos que menciona Aleksandr Mitta, Diego sería uno de “nuestros conocidos” o lo que Jauss pudiera enunciar como antihéroe corriente. Por otra parte existen autores como José Luis González Escribano quien en su ensayo “Sobre los conceptos de héroe y antihéroe en la Teoría de la Literatura” afirma que:
    (…) el antihéroe no necesita ser el que «encarga los valores contrarios a los del héroe », sino que puede ser también «el que subscribe los valores asociados con el héroe sino otros», que no tienen que ser «negativos», sino que pueden ser simplemente «distintos», aunque igual de «positivos», o al menos igual de positivos desde otros puntos de vista.
    En esta pequeña trampa lógica están las fuentes de la gran confusión que reina en el uso del par héroe/antihéroe. No es, pues, contradictorio hablar de «antiheroísmo heroico»
    Diego es un sujeto que se debate en la dualidad permanencia/escape, amor/renunciamiento, y aquí representa un sector marginado de nuestras pantallas hasta entonces, por lo menos no recuerdo ahora mismo ningún homosexual protagonista (positivo) en un filme cubano anterior. Todo eso lo aleja de la noción del héroe “clásico”, del tradicional personaje “integrado”, “normalizado” a la usanza de los años 60-70 (aún cuando noto en el fondo cierto patriotismo-lírico que busca forzosamente el reconocimiento por parte de la “oficialidad” encarnada en David).
    Decir que Diego es un antihéroe (para seguir con la idea de Juan Antonio) para nada lo descalifica, por el contrario, es asegurar que el sujeto es más humano, más real, más auténtico, más nosotros.

  4. Bueno,yo sólo pretendí hacer un comentario,aunque reconozco que es muy buena reflexión la anterior; pero no estoy en condiciones ahora mismo de hacer un ensayo sobre el tema y aclaro de manera muy superficial,que creo no se deben “encasillar” héroes y antihéroes,junto con positivo o negativo.La discusión hoy por hoy en todas esas áreas que mencionan anteriormente y sin olvidar los clásicos sobre el tema,pero ubicándonos en el siglo en que vivimos,andan por rumbos diferentes.Trataré de planificar la redacción y análisis de un post más sustancioso y sustentado.Saludos

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 581 seguidores

%d bloggers like this: