ANTI-HÉROES

Kant afirmaba que los grandes hombres sólo brillan en la distancia, como las estrellas. En lo personal, creo más en las grandes metas que se imponen los individuos que en los grandes hombres. Al menos, no me interesa pensar en estos últimos tal como me lo pretenden vender aquellos para quienes la suerte bélica suele ser la única medida de las cosas (los perdedores, los débiles, los que viven en constante tensión debido a sus propias contradicciones y angustias, por supuesto, jamás figurarán en el inventario de lo heroico).

Por eso sí creo en las grandes metas que se puede imponer uno como ser humano (Martí para mí es un paradigma óptimo en ese sentido, como también lo son Virgilio Piñera o José Lezama Lima). Son las metas asumidas por el individuo (aunque no se consiga llegar a ellas) las que sirven de podio a quienes han sobresalido a lo largo de la Historia. Podios engañosos que nos causan la impresión de que esos héroes nunca fueron seres humanos, seres imperfectos, seres que se equivocaron o hicieron daño (a veces por omisión) a terceros.

He estado pensando en esto a propósito de las preguntas que me hace un joven estudiante en torno a la representación del anti-héroe en el cine cubano. Tema arduo de pensarse toda vez que ha sido más bien la glorificación de los héroes nuestra constante. A excepción de películas como Memorias del subdesarrollo, Papeles secundarios,  Alicia en el Pueblo de las Maravillas, Adorables mentiras, María Antonia, o Suite Habana, por mencionar algunas de las pocas, nuestro cine se ha dedicado a encumbrar lo que debería ser el Hombre Nuevo, el hombre libre de pecados y “vicios”. Un anti-héroe en el protagónico del cine cubano es sencillamente una quimera.

Recuerdo que hace algún tiempo publiqué en este mismo blog las polémicas reflexiones de Zavattini sobre este asunto de los héroes. Las reproduzco porque me siguen pareciendo igual de provocadoras y lúcidas:

Todos somos personajes. Los héroes crean complejos de inferioridad en los espectadores. Ha llegado la hora de decir a los espectadores que son ellos los verdaderos protagonistas de la vida. El resultado será una llamada constante a la responsabilidad y a la dignidad de cada ser humano”.

La convocatoria anti-heroica de Zavattini está en la base del neorrealismo italiano, que más que un movimiento estético fue un programa moral. El cine del ICAIC (que ha sido la producción audiovisual hegemónica) se inspiró en ese credo, pero la tendencia en Cuba en ese instante se inclinaba a la exaltación épica.

De allí que la representación del cubano como un personaje complejo, no haya sido nuestro fuerte en el cine. No es que los conflictos no estuviesen presentes en la pantalla, pero casi siempre han estado en función de describir la supuesta superioridad de una moral colectiva, de una ideología en teoría humanista. El individuo, con todas sus agonías, desaparecía en medio de tantas pretensiones mesiánicas. El temblor, la angustia que experimentamos en la existencia cotidiana, bajo el peso de la dictadura de un sentido común que no ha contado con nuestro voto, apenas se ha tomado en cuenta.    

En lo personal, admiro a los héroes (esos sujetos que se han propuesto en sus vidas metas extraordinarias), pero admito que los anti-héroes me brindan un mapa más confiable de lo que es mi vulnerable vida cotidiana. En ellos logro identificar una parte del ser más privado y frágil que habita en mí.

Creo que la verdadera autenticidad comienza cuando uno consigue reconocerse de modo integral: como la suma total de sus contadas virtudes y sus infinitas miserias.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el abril 30, 2012 en REFLEXIONES. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Roberto Arada Velázquez

    Juan Antonio, coincido plenamente con lo que dices sobre los antihéroes en el cine cubano, no obstante, y partiendo de tus propias ideas sobre el concepto cine cubano/ cine nacional, me parece que por lo menos en esa zona que has llamado en algunos de tus ensayos como “cine al margen”, sí se han despertado las motivaciones suficientes (y la libertad, claro) para poner en los primeros planos, como verdaderos protagonistas, a los antihéroes. La verdad colectiva que el ICAIC ha querido (o debido) multiplicar en sus películas, ya no es tal…la duda, estamos en la cosecha de las dudas, ya nada puede ser afirmado con categoría, es la riqueza de la ambigüedad la que ha de prevalecer, supongo, en un tiempo en que el cine nuestro se desprende de los lazos de la industria “oficial” para nacer en cualquier esquina de cualquier ciudad donde haya un cubano con una cámara y una idea. Ahí es donde el antihéroe resucita, porque como dices, antes se ha asomado tímidamente en los filmes que mencionas, e incluso un poco más atrás, ¿acaso no es un antihéroe el personaje de “Manuel García o el Rey de los campos de Cuba”?
    Es cierto que el reciente cine cubano se ha “teatralizado” tanto que asusta, pero indudablemente aporta nuevas visiones menos ortodoxas de nuestra realidad, aborda descarnadamente aquellos temas que hasta hace poco eran señalados con el mismo dedo de tapar el sol. ¿No es eso lo que ocurre en películas como “Chamacos”, “Fábula”, “Verde verde” o “Juan de los muertos”?
    Considero que es en el territorio del cortometraje donde más se ha acentuado el protagonismo del antihéroe, lo vemos en las obras de Jorge Molina (quien me ha confesado que él mismo se siente como el antihéroe del cine cubano, en tanto creador a contracorriente), en la popular saga de Nicanor O´ Donnell, de Eduardo del Llano y en otras obras realizadas por estudiantes de la EICTV o de la Facultad de Medios Audiovisuales del ISA.
    Es muy probable que ese ascenso lento, pero ineludible, de las figuras del antihéroe (que no es una sola como creen algunos que limitan ese arquetipo al oponente del héroe, o lo confunden con una analogía del villano, el antihéroe ofrece tantas posibilidades narratológicas como individuos con sus historias existen en el universo), ese influjo de humanidad, llegue definitivamente al cine que se supone sea “el grande”, no por viejo, no por recursos, sino por la experiencia y el mayor alcance estético, ético e ideológico.
    Juan Antonio, yo mismo soy quien te habló de este tema y ojalá fuera tan joven como me supones, estudio en la filial holguinera del ISA pero ya navego el mar de los 40 años, soñando, sin dudas como un realizador veinteañero, con probarme alguna vez haciendo de un antihéroe el protagonista mi película…un abrazo

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