“DOCUMENTAL”, UNA PUBLICACIÓN DEL PRIMER ICAIC
Aunque la llamada “escuela documental del ICAIC” ha recibido una amplia atención por parte de críticos e historiadores, hasta donde tengo entendido se ha estudiado poco la formación de las ideas que inspiraron al movimiento.
Por lo general, el estudioso ha preferido ir al texto fílmico ya acabado, desplegando estrategias interpretativas que casi siempre hablan de lo estético, en franco olvido del contexto que originó el producto, o de los dispositivos técnicos que condicionaron el modo en que se filmó o dejó de filmar. En este tipo de lectura se privilegia el análisis de los efectos que provoca ver el filme, por encima de la indagación en las interioridades del filme mismo, y las circunstancias que hicieron posible su existencia.
La tendencia de la mente humana a percibir el mundo como algo que ya está dado ante los ojos, simplificando así la descripción de lo que sería una red compleja de eventos y relaciones sumergidas (todo el tiempo en construcción), muchas veces nos ha dejado con la impresión de que ese corpus documental alcanzó relevancia desde un principio. Y peor aún: la impresión de que los cineastas agrupados en el ICAIC jamás discutieron entre sí el proceso creativo, toda vez que parecían guiados porla Providencia, o por un ente superior a lo humano, el cual les permitía ganar el reconocimiento público aún sin contar con una tradición creativa.
El primer número del folleto “Documental”, publicado en marzo de 1961 con el fin de ser distribuido “entre el personal del Departamento de Cortometraje del ICAIC”, puede ayudarnos a desmitificar ese lugar común. Ya en su primera página podía leerse:
“Los objetivos básicos de esta publicación son los siguientes:
- Ampliar la cultura y el conocimiento del personal de Departamento de Cortometrajes en todo lo que se refiere al documental: historia de esta forma de expresión cinematográfica, desarrollo de las distintas tendencias, conocimiento de los más importantes documentalistas, indicaciones sobre lo que se está haciendo ahora en ese terreno en los distintos países, etc.
- Servir de vehículo para la crítica, la polémica y la discusión sobre las realizaciones de cortometraje dentro del ICAIC.
- Servir de vehículo para que nuestros realizadores expongan sus ideas y experiencias y las sometan a discusión en un ámbito más amplio.
- Mantener a todo el personal del Departamento informado sobre las actividades que desarrollan sus compañeros en el campo del documental”.
Lo interesante de una publicación como “Documental” (que aparecía en formato de página de 8×10 y en copias mimeografiadas), es que nos deja ver una enfática voluntad intelectual en el seno de los creadores de aquel momento. A diferencia de la revista “Cine cubano”, donde lógicamente se priorizaba la exaltación de aquello que se estaba realizando, en estos folletos los cineastas se criticaban entre sí. Gracias a ese sano hábito, hoy podemos contar con las impresiones críticas de Manuel Octavio Gómez sobre Escuela rurales, de Néstor Almendros, las de Faustino Canel sobre El negro, de Eduardo Manet, Asamblea General, de Tomás Gutiérrez Alea, y Parasitismo, de Joe Massot, las de Octavio Cortázar sobre Congreso de juventudes, de Fernando Villaverde, y las del propio Villaverde sobre Parasitismo, las de Humberto Solás sobre Napoleón gratis, de Eduardo Manet, las de Fernando Villaverde sobre Enciclopedia Popular Nro. 1, las de José Massip sobre Natación, de José Limeres, las de Roberto Fandiño sobre La montaña nos une, de Jorge Fraga, o las de José Hernández sobre Muerte al invasor, de Tomás Gutiérrez Alea y Santiago Álvarez.
El folleto no tenía un editor fijo. El primer número fue conformado por Antonio Henríquez, Manuel Octavio Gómez y Octavio Cortázar; el segundo por Jorge Fraga, Roberto Larrabure y Faustino Canel; el tercero por Alberto Roldán, Humberto Solás y Fernando Villaverde; el cuarto por Manuel Pérez, Oneido Ríos y Rigoberto Águila; el quinto por José Massip, Pastor Vega y Luis López, mientras el sexto, publicado en agosto de 1962 (un año y un mes después que el quinto) no concede crédito de edición.
En “Documental” uno puede apreciar el esfuerzo por indagar en las posibilidades epistemológicas del género. Veían en el documental mucho más que ese paso previo a la filmación de un largometraje de ficción, que es a lo que se suele asociar todavía este tipo de ejercicio fílmico. De allí que se entienda con bastante claridad lo que se afirma en un segmento del editorial del primer número:
“Las circunstancias que condicionaban toda manifestación cinematográfica en nuestro país antes de la Revolución, no han sido propicias para el desarrollo de un cine nacional. Pero particularmente en el terreno de los documentales, la desolación ha sido total. Tuvimos una visión bastante limitada de lo que se hacía en el resto del mundo en largometrajes. En cuanto a documentales nos mantuvimos siempre dentro de la mayor ignorancia. Para producir largometrajes en Cuba se realizaron algunos intentos, verdaderamente muy pobres, pero que permitían descubrir en algunos puntos el brote de una inquietud, de algo que estaba por nacer. Los pocos documentales que se produjeron no salieron nunca del ámbito de la más vulgar propaganda comercial o politiquera. Mientras en otros países de nuestra América las inquietudes de muchos jóvenes se encauzaban hacia el documental y, aunque la producción de los mismos se mantuviera todavía en estado embrionario, tenían acceso, quién sabe cómo, al conocimiento directo de las obras más significativas del documental en todas las épocas y en todos los países, en Cuba sólo conocíamos de la existencia de valiosos documentales a través de referencias en libros y revistas. Es comprensible que si el documental se nutre directamente de la realidad, necesita un mínimo de libertad para poder desarrollarse. Por otra parte, ese contacto directo con la realidad social de un país implica posiciones morales más o menos definidas pero generalmente en contradicción abierta con el espíritu colonizado y reaccionario que desde el poder servía a intereses extraños a costa del bienestar de nuestro pueblo durante toda su historia”.
(…)
“Las circunstancias son propicias para la aparición de una verdadera “escuela” de documentales en nuestro país. La discusión, la confrontación de ideas, nos debe ayudar a encontrar los caminos más apropiados para que nuestros documentales alcancen el valor, la importancia y la significación que merece tener cualquier obra que se realice en Cuba en estos momentos”.
(…)
“Porque mucho se ha recorrido ya por estos caminos del documental, y nosotros apenas empezamos ahora a descubrir el cine”.
No debe perderse de vista que el primer folleto aparece en marzo de 1961. Todavía no ha tenido lugar la reunión de Fidel Castro con los inteelctuales a propósito de la censura de PM, corto documental de Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez Leal. Pero la sociedad se polarizaba cada vez más, y hacer cine documental en esos momentos, era, definitivamente, hacer política.
Juan Antonio García Borrero
Publicado el abril 23, 2012 en DOCUMENTALES CUBANOS. Añade a favoritos el enlace permanente. 4 comentarios.
¡Felicidades por este hallazgo! Solamente te faltó explicar cómo fue que llegaste a estos folletos…
Gracias Juan Antonio por compartir con nosotros estas reflexiones. Estos textos de Documental se consiguen por internet o de alguna manera?? Nos resultaría muy interesante leerlos para así ampliar nuestor horizonte sobre el cine cubano, quizás más apegado a la cultura Icaicista (si se aplica la palabra) que a estas variables que expones.
Saludos, Ana Laura
Es el proceso azaroso, menos meditado de lo pensado, de la construcción de una voluntad colectiva. El ICAIC no era monolítico aunque se blindara ante el CNC, Blas Roca, Mirta Aguirre.
Algun dia habrá que escuchar la versión de Edith G Buchaca, aun viva, sobre esa época nada light.
Resulta interesante el temprano deseo de “una escuela cubana de documentales”…..en las Artes Visuales y la literatura se pedia la expresión de la Revolucion, de la epopeya………
Este folleto es un fragmento “arqueológico” en la reconstrucción posible de una dinámica humana –mas que puramente estética- que cuajó en una institución. Habria que ver como se desarrollaban los debates en las “salitas”, si uno quiere bucear en otros espacios de interaccion dentro ICAIC. Es curiosa la poca, escasa memoria que sus fundadores y continuadores han producido sobre el origen y evolución del ICAIC. Tenemos las cartas cruzadas de Titon y Guevara, quizás textos de Almendros, Canel, Manet, pero no mucho mas. Aun entre nosotros la memoria es un articulo de lujo. Los premios, galardones internacionales recibidos por el ICAIC son apenas un iceberg de una complejidad humana casi inabarcable.
Sabes si existe un archivo de los guiones nunca filmados desde el inicio?