LA FOTO
Han pasado muchísimos años desde que fue tomada esa instantánea. Hablo del durísimo 1994, cuando Titón estuvo por Camagüey en pleno “período especial” con el fin de rodar algunas secuencias que jamás figurarían en Guantanamera. Creo que fue la segunda vez que anduvo por allí buscando locaciones para una de sus películas, pues antes, en los sesenta, el periódico de la ciudad anunció su presencia, a propósito del inminente rodaje de Cumbite, y el interés del cineasta por aprovechar los asentamientos de haitianos.
Mirando aquella foto tuve la impresión de que, no obstante el tiempo transcurrido, nada había cambiado. Allí estoy yo con Titón, igual de flaco, tal vez aceptando con resignación que lo mío no son las libras, sino los libros. Allí está de fondo una ciudad donde la arquitectura colonial pareciera condenarnos a vivir por siempre en una pecera de aguas viscosas, recicladas desde hace cinco siglos, que es la edad que le impusieron los españoles cuando la conquistaron y exterminaron a sus aborígenes, y la llamaron Santa María del Puerto del Príncipe. Todo parece igual que antes, como congelado en el tiempo, y sin embargo, uno sabe que nada de aquello siguió siendo lo mismo. Bergson mediante ya sabemos que una foto “no es más que una instantánea tomada sobre una transición”.
Es de ese fluir silencioso, inocente en su devenir devastador, que me gustaría ocuparme en la biografía que escribo. Lo cual me permitiría retomar, como si no hubiese existido transición alguna, las mismas preguntas que acosaban a Titón, y que en definitiva cada individuo puede hacerse de modo independiente: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿qué se ha hecho de nuestros sueños?
Algo raro sucedió con aquella foto porque de repente la imagen terminó intrigándome, como si de pronto observara a dos extraños que hasta ayer me fueron familiares, pero que nunca alcancé a conocer bien. Y de pronto sentí que no era yo quien espiaba aquel retrato, sino que un tercero (tal vez el Sergio de Memorias del subdesarrollo con el mismo telescopio que utiliza en la película) fiscalizaba cada uno de nuestros movimientos. Peor aún: nuestros pensamientos más íntimos. Y me vino a la mente Lezama con aquella enigmática confidencia: “Es como si al avanzar por el aire que cubre la tierra, mirásemos hacia atrás y al encontrarnos con su mirada se nos diese ya el fragmento que nos falta para llegar a donde se comienza”.
Entonces surgió la idea de éste relato biográfico donde asumo este imprevisto rol de detective de esas emociones intocables que terminan por configurar las arquitecturas de las épocas (en esta oportunidad, mi época); el rol de alguien empeñado en rastrear las huellas secretas de ese fluir (sigiloso, devastador, e indiferente) de los acontecimientos que nos sacuden sin nosotros notarlo, en este caso tomando como punto de partida a Gutiérrez Alea, y ese grupo de amigos al cual pertenecía, dividido de modo brusco porla Revoluciónde 1959.
Juan Antonio García Borrero
Publicado el abril 19, 2012 en REFLEXIONES, TOMÁS GUTIÉRREZ ALEA. Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.
Juan, soy fotógrafo y aunque sabemos que una foto vale más que mil palabras, a veces prefiero las palabras a las fotos, las palabras también te dejan un enorme espacio a la imaginación, a la intuición y a muchos otros sentimientos, sobre todo si están muy bien colocadas como es casi siempre en este blog, por ti y por otros. Pero, ¿ donde está la foto?, me he quedado con verdadera gana…
Un abrazo.
Gracias, hermano, por tu comentario. Probablemente este sea el único blog con más de cinco años de existencia que nunca ha colgado una imagen. Y es algo paradójico porque aborda precisamente el audiovisual. Si no lo hago es básicamente por razones técnicas, aunque confieso que me atrae muchísimo jugar con las palabras en eso que yo llamo “el postíbulo” (la orgía de esas P que me enloquecen, léase P de palabras, es algo delirante). En cuanto a la foto, pues la utilicé en la contracubierta de la Guía crítica del cine cubano de ficción. Creo que en Cubacine se puede ver. Te abraza,
JAGB
Me ha encantado este post. El principio pensé que escribir de una foto cuando los lectores no pueden verla iba a terminar por restarle encanto a las ideas. Sin embargo, es esa elipsis la que logra ese efecto mágico que engarza aquel acontecimiento con las ideas que modelas en tu esperada biografía.
Un abrazo
Reynaldo Lastres