EL MES DEL CINE EN CAMAGÜEY

El mes de marzo suele ser uno de los períodos más complicados de mi vida. Es el mes en el que, desde hace ya casi veinte años, celebramos en la ciudad el Taller Nacional dela Crítica Cinematográfica.El año pasado no se hizo por problemas de presupuesto, y fue uno de los tantos eventos afectados a lo largo del país, si bien el ICAIC nunca dejó de apoyarnos.

En esta ocasión el Taller tuvo lugar la semana pasada, del 13 al 17 de marzo. Las sesiones teóricas estuvieron dedicadas a revisar lo ocurrido con el cine cubano en la década del setenta, y el último día se habló sobre la relación del audiovisual con la gastronomía, un tema que apenas ha sido examinado en nuestro país. Paralelo a ello todavía tenemos en el cine Guerrero y la sala Nuevo Mundo un verdadero banquete de películas, que irían desde las producidas en los años setenta hasta algunas que en la actualidad están alcanzando un éxito resonante.

No me corresponde a mí evaluar la posible utilidad de estos debates. Como parte del comité organizador debo estar más atento a lo que los otros comenten, y sobre todo critiquen, que a lo que uno mismo pueda decir. Pero desde luego tengo mi opinión, y en este caso se inclina hacia la satisfacción.

Ningún evento teórico puede agotar todo aquello que se propuso examinar. La idea, al menos en nuestro caso, no es esa, toda vez que estaríamos decretando la cristalización de “verdades” que sabemos son relativas. Lo que en realidad nos proponemos cuando organizamos este tipo de encuentro, es estimular esa mirada que gusta partir desde la complejidad.

Tratándose de un período como fue ese que vivieron los cubanos en los años setenta, era de esperarse la aproximación crítica (a ratos, ferozmente crítica). Sin embargo, creo que si una virtud lució en el conjunto de intervenciones de Joel de Río, Mario Naito, Luciano Castillo y Gustavo Arcos, es que se complementaron entre sí, y que dejaron abierto el camino para futuras indagaciones. Pienso que la presencia que habíamos previsto en un inicio del cineasta Manuel Pérez habría aportado un mundo de cosas relacionado con esas interioridades que el historiador o crítico muchas veces ignora, o que deja de apreciar por no estar directamente relacionado al hecho fílmico. Esas sesiones tuvieron un brillante colofón con el panel dedicado a la cinta Los sobrevivientes (1978), de Tomás Gutiérrez Alea, y en el que Luis Álvarez Álvarez, Olga García Yero, Armando Pérez Padrón, y un magistral Carlos Ruiz dela Tejera, nos ayudaron a encontrar nuevos ángulos de ese filme que pareciera que fue hecho ahora mismo.

La tercera sesión teórica propició la reflexión en torno al vínculo que se ha establecido tradicionalmente entre el audiovisual y la gastronomía. Una reflexión casi virgen entre nosotros, y que, hay que decirlo con franqueza, no ha generado el mismo interés entre todos los críticos del patio. Por fortuna, Frank Padrón Nodarse acaba de regalarnos un notable libro publicado por Ediciones ICAIC (Co-cine. El discurso culinario en la pantalla grande) que con seguridad va a ayudar a que se sumen interesados a la investigación de un tema que, a juzgar por las intervenciones de la profesora María Esther Abreu, y los ensayistas Desiderio Navarro, Olga García Yero, y el propio Padrón Nodarse, demandan mucho más rigor analítico de lo que a primera vista pudiera sugerirnos la simple percepción de un restaurante como escenario de alguna situación dramática.

Uno de los momentos cumbres del evento fue el homenaje que se le rindió a Luciano Castillo en el hermoso Café Ciudad. Lamentablemente la ausencia de micrófonos, la pésima distribución de las sillas, así como el hecho de que nunca llegaran dos de los libros que se estaban presentando, impidieron que el evento estuviese a la altura que esperábamos. Pero aún así, los amigos y admiradores de Luciano Castillo, los que nos formamos al amparo de su enérgico magisterio, tuvimos tiempo de agradecerle públicamente a ese que, retomando el calificativo que le concede Senel Paz en el prólogo de su libro Trenes en la noche, pudiera ser llamado “el jefe de estación” de la actual crítica cubana (ya sé que esto parece desmesurado, pero ¿qué otro crítico en Cuba ha conseguido publicar cuatro libros en un año?).

Lo otro que persigue y agradece el público en estas fechas es la presentación de las películas cubanas más recientes. En esta ocasión se estrenaron Juan de los Muertos (2011), de Alejandro Brugués, Verde verde (2011), de Enrique Pineda Barnet, y Fábula (2011), de Léster Hamlet, con la presencia de Claudia Calviño, Jorge Molina, Pineda Barnet y Raúl García. Asimismo la artista Ileana Sánchez (una de las colaboradoras incondicionales del evento) nos permitió apreciar su exposición El Mardi Gras o el placer de la gula, que ya desde el título está poniendo en evidencia la profunda conexión con el espíritu de lo que estábamos discutiendo en el Taller teórico.

Con lo que sí me sentí absolutamente frustrado fue con lo sucedido en el panel Sobre la esfera pública en Cuba, que organizamos enla UNEAC a propósito de la presentación del número 37 de la revista “Criterios”. A pesar de que es este uno de los asuntos que más debates está suscitando en el seno de la intelectualidad cubana ahora mismo, en aquella sala (llena hasta el tope) no hubo el más mínimo indicio de que interesara discutir el tema. Y esto sí resulta alarmante, y al menos a mí me multiplica las dudas que ya tenía. Se supone que en ese espacio estuviese parte de la vanguardia intelectual camagüeyana; luego ¿qué significó ese silencio general?, ¿una renuncia a participar en un debate que nos toca a todos, y no solo a los habaneros o a los políticos?, ¿un déficit de credibilidad en este tipo de discusión?, ¿autocensura?, ¿cansancio?, ¿miedo?.

De cualquier forma, ese número de “Criterios” seguirá dando que hablar, porque la esfera pública es algo que está en permanente construcción. Por otro lado, fue también un buen momento para hablar del cuarenta aniversario de “Criterios” (y de la infatigable labor intelectual de Desiderio Navarro, que es decir lo mismo), lo cual fue resaltado de forma inmejorable por Luis Álvarez Álvarez.

Seguro se me quedan mil cosas por comentar. Pero creo que lo esencial está dicho: el 18 Taller Nacional de la Crítica Cinematográficavolvió a convertir al ejercicio de pensar el cine en una fiesta del espíritu. También el público agradeció ese reencuentro con la sala oscura y la pantalla grande, a través de ciclos como Fotogramas de la nostalgia o El cine de verdad (conformado con películas en 35 mm). Y lo más importante: que nos hemos quedado con el deseo de seguir en Taller.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el marzo 20, 2012 en TALLER DE LA CRÍTICA EN CAMAGÜEY. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Maylin de Jesús Pérez Parrado

    Dejo mi sabor cinéfilo para próximas ediciones. Igual estaremos en contacto. El Taller me pareció bueno. HACÍA FALTA. Era necesario respirar cine dentro del cine.

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