ABDALA, EL RETORNO DE LOS SEÑORES DE XIBALBÁ (2011), de Adrián López.
El espectacular ciberpatriotismo de Abdala. El retorno de los señores de Xibalbá
Por: Antonio Enrique González Rojas
La mitología de culturas occidentales como la griega o la escandinava han sido y son, común leiv motiv de disímiles audiovisuales televisivos y cinematográficos, que las aprehenden, bien desde la impecable literalidad, bien desde el libérrimo redimensionamiento terrorífico o sci-fi. Esto ha coadyuvado a una hegemónica jerarquización de personajes, circunstancias y relatos, por encima de tan o más complejos fundamentos épico-míticos de otros pueblos del mundo como el maya y el azteca.
En el enjundioso corpus mítico de las comunidades centroamericanas aparecen motivos curiosamente concomitantes con las más conocidas especulaciones acerca de la muy apelada Atlántida, como superdesarrollada cuna de las civilizaciones humanas, y del Hades y el Niflheim, como reinos infernales, cunas de innúmeras desgracias. Del país de Aztlán provinieron los padres fundadores del poderoso imperio de Tenochtitlán. En el tenebroso Xibalbá de los mayas reinan los malignos Señores de la muerte y la destrucción. Y Aztlán, en abierta conflagración con los inhumanos habitantes de Xibalbá, fue escogido como escenario para la libre y retrofuturista adaptación animada, de explícito sino cyberpunk, que los estudios Anima, de Holguín, hicieron del poema Abdala, de José Martí, originalmente desarrollado en la antigua Nubia norafricana, amenazada por invasores foráneos (quizás los egipcios).
Abdala: El retorno de los señores de Xibalbá (Adrian López, 2011), dotado de una impactante e inusual visualidad de pretensiones realistas, tributaria directa de las atractivas estéticas del anime (Vampire Hunter D: Bloodlust, de Yoshiaki Kawajiri, 2000, Final Fantasy VII. Advent Children, de Tetsuya Nomura, 2007 y Dante´s Inferno, de varios animadores, 2009), de temáticas caras a la space opera (Titan A.E., de Don Bluth, 2000 y Los hijos de la lluvia, de Philippe Leclerc, 2003) y a la aventura fantástica (Atlantis: The Lost Impire, de Gary Trousdale & Kirk Wise, 2001), deviene otro apreciable intento de la animación cubana contemporánea por desafiar preponderantes y reduccionistas concepciones, las cuales, desde disneyanas ternezas e infantilones didactismos, restringen su alcance a públicos de baja edad. El propio diseño antropomorfo de los personajes, la complejidad de sus personalidades, la explícita violencia de las escenas de combate y la trágica densidad de la trama, trascienden todo prejuicioso menoscabo a la animación como arte menor, en franca apelación a zonas etarias más diversas.
Más allá del digno thriller Quietud Interrumpida (Alexander Rodríguez, 2007), que desde estos prismas, buscó reactualizar la temática de la lucha revolucionaria antibatistiana desde dinámicos recursos visuales y un ritmo trepidante, Abdala… intenta ser consecuente con la más ecuménica percepción latinoamericanista de Martí. Salva toda estrecha barda nacionalista, hacia una más ambiciosa revalidación del mythos y el epos de Nuestra América toda, sin hacer ascos de los probos códigos defendidos por las grandes productoras occidentales y niponas de animados y videogames. Guarda más estrecha concomitancia estética con el 100% cyberpunk video clip concebido por Ermitis Blanco y Abel Álvarez, en 2006, para el tema Piedras contra tanques, del grupo español Ojos de Brujo.
La esmerada dirección de arte emplea pródigamente todos los softwares disponibles para componer personajes, ambientes, artilugios y escenarios, donde las estéticas maya y azteca se mixturan orgánica y espectacularmente con los códigos sci-fi de los juegos Halo y Starcarft, los filmes Starship Troopers (Paul Verhoeven, 1998), Wing Commander (Chris Roberts, 1999) y Space Battleship Yamato (Takashi Yamazaki, 2010), pecando los realizadores, por momentos, de excesiva mímesis.
Entra el animado holguinero en cualificada, pero escandalosamente solitaria competencia con la prolífica avalancha foránea, donde productos como este son el pan de cada día, mientras que para Cuba, Piedras…, Quietud… y Abdala… son excepciones, incluso curiosidades relegadas al oneroso terreno de lo “experimental” (¡hasta cuándo!). Tienen pocas probabilidades de sistematizarse, en pos del imprescindible salto estético-conceptual requerido por la animación cubana, para conquistar un nicho privilegiado en el gusto de los públicos mayoritarios.
En tanto búsqueda de una identidad sólida y auténtica, a golpe de riesgosas bizarrías, ruptura de lindes predeterminadas y falsas sacralidades, Abdala… es contundente paso de los estudios Anima, lo suficiente como para haber conformado un largometraje hecho y derecho. Tal se merece la obra de Martí, y las prolíficas mitología y épica de Nuestra América.
Los espectaculares méritos de Abdala…, compensan bastante los deslices narrativos cometidos por una edición algo apresurada, que provoca peligroso desbalance entre las electrizantes escenas de acción y los más calmos diálogos introductorios/conclusivos. Las interpretaciones excesivamente teatrales del texto martiano acusan solemne encartonamiento e inexperta adaptación, para suscitar ciertas disonancias entre el decimonónico libreto y el muy futurista empaque. Esta falta de empaste entre las escenas, entre forma y contenido, atenta contra la efectividad comunicativa del animado, saboteados un tanto los nexos empáticos con el receptor, quien corre el riesgo de no sobreponerse al azoro, durante el velocísimo desfile ante sus narices de toda la parafernalia efectista, sin oportunidad de identificación emotiva con personajes y conflicto.
Tales gajes de la inexperiencia podrán ser superados con el perseverante desarrollo de una línea tan atípica en la animación cubana industrial, como la validada por el nada lamentable Abdala… Una paulatina experticia en la edición, un sentido del ritmo narrativo más aguzado y un orgánico doblaje de voces (frecuente punto flaco del audiovisual cubano), coadyuvarán a la armonía general de futuras obras de este corte.
Publicado el febrero 28, 2012 en DIBUJOS ANIMADOS. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.
Hola d nuevo Juan Antonio, Rachel por aquí, la muchacha de la tesis. He intentado contactarlo luego de su último correo porque perdí su dirección en un “clic-error”, lo siento. Necesito ponerme en contacto con usted, ya que tan amablemente había aceptado colaborar con la investigación. De verdad, es muy necesario.
Le dejo nuevamente mis direcciones: rachel.drojas@gmail.com y rachel@lajiribilla.cu
Por favor, podría volver a escribirme??. Por favor…
Saludos agradecidos,
Rachel