Archivos Mensuales: diciembre 2009

ARMANDO PÉREZ PADRÓN SOBRE “EL GRITO”

ALGO MÁS QUE “EL GRITO” DE LA DESESPERANZA.
Por Armando Pérez Padrón

Han transcurrido más de 15 años desde que Fidel Castro, con su habitual inteligencia para sortear las dificultades de cada momento histórico, lanzara aquel GRITO, en el V Congreso de la UNEAC: «Lo primero que hay que salvar es la cultura», y para ello resultaba imprescindible lograr un pueblo con una cultura general integral por encima de cualquier otro país del planeta.

¿Cuánto se ha brindado desde entonces en aras de tan titánica epopeya, pese a continuar el país en la peor de las crisis económicas que pueblo alguno haya resistido y enfrentado con decoro e hidalguía?; ¿cuánto se ha invertido en los telecentros de cada provincia, con la esperanza de que los creadores pongamos todo nuestro talento en función de una cultura audiovisual suficientemente fuerte como para al menos discernir, entre lo que es arte y lo que es banalidad, entre el panfleto y la información oportuna; entre las propuestas norteamericanas con excelentes facturas estéticas, pero con sus siempre bien elaborados códigos del modo de vida norteño y las apologéticas cintas con odas a la violencia sin límites, que pululan en la inmensa mayoría de los espacios a que se enfrentan los espectadores cubanos de hoy?.

Para nadie es un secreto que el siglo XXI es el universo de las imágenes audiovisuales, ya no para el cine, la televisión, y las computadoras; lo es para todo. Hoy no existe actividad humana alguna que no sustente parte de su funcionamiento y hasta la supervivencia en las imágenes audiovisuales; y en medio de esto, nuestro pequeño país, pobre económicamente, pero inmensamente rico en capital humano; ¿y es que ese caudal de talento es patrimonio privativo únicamente de la capital? (por cierto colmada en todos los medios por emigrados del resto de las provincias, de estos mismos rincones que para algunos que tienen en sus manos el poder de acá y de allá, no estamos preparados los artistas para exhibir, promover, discutir y enseñar con materiales, que se puedan prestar a disímiles lecturas y los televidentes no tienen cultura suficiente para asimilar lo que ven los que viven en la Habana o los que pueden asistir a alguno de los eventos de cine que se realizan en el país).

¿Cómo podemos contribuir desde una televisora provincial al conocimiento del lenguaje audiovisual de los televidentes, sin exhibir nada que conlleve a las más mínima motivación a ejercer el pensamiento, sin exhibir nada extranjero, sin exhibir película alguna aunque sea cubana?, ¿hasta donde se ignora el talento de los creadores que no vivimos en la Habana?, ¿hasta donde se ofende a esa parte nada desdeñable de la población que ansía ver en la televisión de su terruño lo más valioso y genuino de la cultura cubana y universal?; ¿hasta cuándo hay que soportar que los mojigatos de siempre, condenen a quienes asumen la sexualidad en el arte sin tapujo alguno; cuando en esencia el sexo es, la fuente inagotable de vida y de placer, instinto primario de los seres vivos y más aún en un país que es sensual hasta en el movimiento de sus palmeras?.

Pienso que efectivamente una de las funciones claves de los tele centros es divulgar la realidad diaria de su territorio, pero considero que parte indisoluble de esa realidad es la cultura que día a día ha ido alcanzando nuestro pueblo, y eso no se puede sustentar solamente con lo que haga la televisión nacional; la batalla por la cultura, que es decir la batalla por la identidad, la batalla por salvaguardar la nación, la independencia y las conquistas del socialismo, no se gana en la capital: se gana en Cuba entera. Y si “El Grito” es una obra de arte en la capital y en algunos eventos de provincias, —¡porque además, lo es! con el mérito añadido, de ser una obra realizada por una mujer joven, sobre unos de los temas tabú de la sexualidad criolla—apreciable por los presentes en esos espacios; entonces también es apreciable por el resto de los cubanos, vivamos donde vivamos, de allí que como miembro de la UNEAC, como intelectual, como cubano y especialmente como ser humano, me adhiero a este GRITO de la razón y la vergüenza, en aras de que todo este proceso concluya con la reposición de los artistas separados de sus cargos injustamente y que el incidente sirva para algo más que “El grito” de la desesperanza.

Armando Pérez Padrón
Camaguey, 20.12.09

MARIO CRESPO SOBRE EL POST “GONE WITH THE WIND”

Querido J. A:

No tenía al alcance tu blog durante noviembre y esa es la causa de que no leyera este interesante post sobre los que no estamos permanentemente, o con los pies sobre la isla. La cabeza, ya sabemos, es muy difícil sacarla de allí, por lo menos a los que salimos algo grandecitos.

Hace unos años, una muchachita que trabajaba en el 6to piso, colaborando en un diccionario de cine cubano, me envió mi bio filmografía para que yo la revisara y agregara aquello que faltara. En un párrafo introductorio decía textualmente: “abandonó el país en 1992″. Antes de enviarle la actualización de mi curriculo, le escribí aclarándole que yo no había abandonado a mi país. Que yo seguía siendo cubano y no porque me obligaran a entrar con el pasaporte cubano o a pedir permiso de entrada o salida, sino porque la palabra abandonar significa, dejar, ceder, desasistir, abdicar y yo ni he dejado a Cuba, ni la cedo, ni abdico de ella y mucho menos la dejaré desasistida, viva donde viva.

La muchacha rectificó el párrafo, aunque no sé si estoy o no en ese diccionario, pues estoy claro que no es culpa de mi país, ni del ICAIC que algunas malas cabezas se empeñen en omitir nombres y excluir gentes de las listas. Y es que en nuestro país nos metieron en la cabeza que vivir fuera de Cuba es casi un delito al punto de que se reúnan cientos de personas a “repudiar” las partidas sin que apareciera personal de orden público a parar “aquello”. Lo triste del caso es que algunos han salido a vivir a otras tierras y se quedaron con el mismo chip incorporado y ahora vemos con tristeza que las exclusiones son también de afuera para adentro.

Pero hablamos de Cuba, el cine cubano y su historia y de vez en cuando afloran intentos de exclusión y censura a la ¿vieja usanza? Por suerte el tiempo pasa y vienen nuevas generaciones y nuevos conceptos… ¡Y EXISTE LA INTERNET! y con la ayuda de éste, ya es difícil tapar la historia, negar existencias y méritos. No se puede ningunear a alguien, por más mal que nos caiga o por estar en las antípodas de nuestra visión del mundo o la política o por haber decidido vivir su vida un poco más lejos.

El carácter democrático de Internet, de los blogs, de los sites debería enseñar entonces a algunos dirigentes y censuradores, la lección. Ya no son poseedores de la verdad absoluta, ahora tienen que lidiar con múltiples criterios y verdades.

El post de Pancho sobre Yolanda Farr, las semblanzas de Lacosta y la lista que nos entregan tú y Canel, nos vienen a recordar que somos muchos y que estamos en todas partes del mundo y, como dices, cada pequeña o grande historia, viene a conformar la historia grande de una obra, que no es de un hombre ni un grupito de hombres, sino de muchos que deben ser tenidos en cuenta.

Me felicito por tanto, de pertenecer a este gran mundo que es el ICAIC, esta gran obra imperfecta, creada una vez con el entusiasmo y la febril pasión de muchos que están diseminados por el mundo y que aún sin conocerse, podrían identificarse y sentirse familiarmente comunicados, sin importar la generación o el año de entrada o salida, la religión o el color político, con una sola frase: trabajé en el ICAIC.

Mario Crespo

ÁNGEL VELÁZQUEZ SOBRE “EL GRITO”

GRITO, PODER Y EL EGO FEMENINO
Por Ángel Velázquez Callejas

La UNEAC nacional convoca a que contribuyamos al debate sobre lo ocurrido en torno al corto “El Grito”. Dejé plasmado una esquela en “El cine meditativo y El Grito” que para mí no fue suficiente. Ahora retomo la idea no para satisfacerla, sino para enjuiciarla. No estoy por los efectos colaterales del corto, sino por los de sí mismo. Ellos quizás arrojarían luz sobre la intolerancia y el miedo, sobre el fundamentalismo y la exageración.

“A mí no me interesa demasiado el feminismo, me parece algo repetitivo y antiguo, pero sí estoy de parte totalmente de que las mujeres tomen el poder en las relaciones y ejerzan, sin exageraciones y fundamentalismos. La androfobia me parece ridícula, y aunque yo pueda sobrevivir al machismo, no puedo con la posesividad ni con los yugos. No creo en verdad que mi corto sea demasiado erótico, pues la relación sexual que muestro ocurre en la oscuridad, fuera de foco, es rápida, y no necesariamente sugestiva. Me interesa el llamado realismo sucio, y me gustaría mucho, aunque no me ha pasado hasta ahora, que alguien se me acercara y me dijera que aprendió algo sobre cómo mejorar las relaciones hombre-mujer”.

Estas son palabras de un fragmento de entrevista a Milena Almira, realizadora del corto “El Grito”. En sí misma, la toma de poder es exagerada y fundamentalista. La forma del poder es absolutamente destructiva, y esa es la experiencia de todo un siglo que culmina y el que recién comienza: grito, poder y ego. El corto de Milena es extraordinariamente interesante; lo es porque es muy especulativo. Genera una vieja disquisición femenina. Debido a que entre el poder y la especulación no media nada; nada se pierde. Es realismo sucio. Pero este realismo ha sido la desgracia y herencia de un siglo en medio de la era moderna: no haber dejado espacio al crepúsculo. En torno a ello, en lo crepuscular ausente, lo femenino ha derivado una impresionante aptitud psicológica para derrotar a su oponente.

Entiendo perfectamente a Milena, pues ha heredado un mal ajuste feminista y ha intentado devolverle su espada. El machismo debe ser cortado. Cómo entonces tomar el poder, si la esencia femenina es anti-poder. Ahí es donde veo lo ridículo del realismo sucio. La mujer no vino al mundo para luchar, para imponerse; vino para recibir, para poetizar, para cantar y danzar. La mujer es un reto para el hombre en tanto tiene la capacidad de absórbele su locura sexual, su ansia de poder, la ira y el odio. Pero la mujer ha estado haciéndole el juego. ¿Por qué? La respuesta es compleja, pero obedece por entero a una fijación psicología inconciente. La mujer ha sido hipnotizada por el falo; de ahí toda su lucha y agonía. Sin embargo, la naturaleza de la mujer es que es un útero envolvente, no es un modo de lucha. Su lucha ha nacido equivocadamente; persiste debido a la injerencia de tanta ciencia social, de tanto prejuicio especulativo. Si el mensaje del silencio de la protagonista del corto es receptivo, entonces lo crepuscular se manifiesta. Entonces la verdad femenina sale a flote.

Las relaciones hombre-mujer no se pueden mejorar. Este es un falso comienzo. El hecho de relacionarse y no fusionarse hace que no exista una armonía entre dos entidades separadas por el ego. El corto es muy ambiguo, esa es la verdad, pero tiene una mirada crítica, muy sensible. Es para mi algo extraño que siempre una mujer artista toque apasionadamente la problemática del machismo. Esto me recuerda una idea de Nietzsche sobre la voluntad de poder: la mujer no tiene poder, pero si voluntad. Posee lo que el hombre le falta, la voluntad de recibir. Si tiene poder, el ego crece; si tiene voluntad de recibir entonces el ego muere. ¿Quién está dispuesto a que su ego muera?

Milena no parece estarlo. Esa es la experiencia de todo ese siglo XX. Sin embargo, la felicito por atreverse nuevamente a escudriñar en un pasado que nos asombra y nos quita el sueño. Milena ha querido luchar. Lo destructivo se le revela. No es malo, pero no puede ser el fin. Espero que su relato alcance la altura de la voluntad femenina. Con esto no estoy promoviendo el veto; no se mal interprete lo que digo; eso sí, me gustaría que los creadores fueran mas creativos. La creatividad es esencialmente femenina.

DELIO G. OROZCO SOBRE “EL GRITO”

¿DÓNDE ESTÁN LOS ENEMIGOS DE CUBA?

Por: Delio G. Orozco González.

Historiador.

Vice-Presidente UNEAC.

Manzanillo, Cuba.

Ante el agobio de un sinnúmero de obligaciones personales, existenciales y también profesionales; dedicarle tiempo a la sinrazón puede parecer un contrasentido; sin embargo, el cumplimiento del deber radica en hacer en cada instante y lugar lo que cada circunstancia demanda (sentido del momento histórico según Fidel Castro), y levantar la voz, también el alma ante la injusticia para decir lo que se siente, expresar lo que se piensa y solidarizarse con los compañeros en el momento que más lo necesitan, es imperativo moral y obligación práctica, mas no sólo para el hoy; sino, para el mañana por lo que importa para la cultura y el arte cubanos; también para la nación.

Cuando en el telecentro Golfovisión de Manzanillo, perteneciente igual que el de Bayamo a la actual provincia de Granma, le dijeron a Ramón Cabrera Figueredo -creador del audiovisual y también de boca-, que estaba prohibida la exhibición de filmes cubanos, no pude menos que hacerme una pregunta que comparto con ustedes y en esta breve reflexión, honrada hasta la médula, trato de responder: ¿dónde están los enemigos de Cuba?

La isla es el fin, no el medio; el medio es la revolución, y en mi sincera y no comprable ni vendible opinión, es el medio que más ha hecho hasta ahora por el país; ambos tiene muchos y variados enemigos, dentro y fuera, conscientes e inconscientes. «Enemigos blandos» son aquellos que desde dentro y de modo inconsciente -la más de las veces, estimo yo-, matan la fe, dinamitan el espíritu público, quiebran la esperanza y alejan la utopía, por cuanto físicamente viven en Cuba y militan con la revolución; empero, intelectual, emocional y en la práctica diaria comulgan contra ella, en tanto el resultado de su praxis deviene desacierto real y laceración en más de un sentido; lamentablemente, de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. Estos enemigos son los más, y la clasificación de «blandos» también les viene porque de seguro saldrían al ruedo sin temor ninguno a coger el toro por las astas -junto a muchos de nosotros-, si por desgracia la corrida se plantease; los menos -al igual que algunos de nosotros-, buscarían refugio en las paredes de la barrera. No obstante, la rudeza de los errores cometidos por estos «enemigos blandos» puede llegar a ser dramática; no se olvide que por dinero se mata pero no se muere, se muere por ideales, y si el daño inflingido por ellos llegase a ser sostenido y no revertido, logrando erosionar de tal modo las ideas que sostienen el empeño nacional, la experiencia de lo sucedido allende el mar, a 9550 kilómetros del Caribe, nos hablan de un amargo acontecer que la mayoría de los habitantes del verde caimán no queremos compartir.

Una relación sistémica de causales conducen a funcionarios, administrativos y políticos a obrar contra la ínsula y su revolución, o dar lugar a lo que Joel James llamó «el contra sí»: en primer lugar, ignorancia «sobre el estado del arte» de los temas que vetan, acorralan o menosprecian y aquí el llamado del Che en su fundacional ensayo “El socialismo y el hombre en Cuba”, a elevar el nivel intelectual de los funcionarios sigue siendo una asignatura pendiente en muchas de las estructuras de poder intermedias; segundo, la falta de una sistémica cultura del debate impide el natural intercambio entre actores sociales y estructuras de poder; necesitadas estas últimas como nunca antes de recibir, en una realidad tan diversa, polisémica y multiforme como la actual, las resonancias definitivamente esenciales que, proveniente de la masas raigales del pueblo y en este caso de su vanguardia intelectual, les permita, de modo creador, situarse al frente de la conducción nacional; tercero, la persistencia estereotipada del funcionario socialista, el cual, por su condición (relaciones, puesto, influencias, beneficios y estructura de mando), cree no equivocarse y servir ciegamente al país si cumple con las orientaciones emanadas desde «arriba», aún a todas luces desacertadas; y en cuarto lugar, quizás consecuencia o corolario, la creencia altamente tóxica y destructiva de que la libertad individual, la diversidad, la honradez intelectual y novedad creadora, resultan enemigos de Cuba y su revolución y no su baluarte espiritual más firme.

Llegados a este punto y con el objeto de restarle significación al aforismo de Enrique José Varona, quien decía que todo el mundo prevé catástrofes pero nadie ofrece soluciones; habría que empezar por buscar una salida honorable al conflicto, cuestión esta que pasa -antes que todo-, por la restitución incondicional de Juan Ramírez Martínez y Alexander Delgado Sosa a sus puestos de guionista y director respectivamente en el telecentro bayamés.

Deglutir y sacar experiencias de estos infelices acontecimientos, es obligación ineludible de todo político cubano contemporáneo y ello significa iniciar, de forma definitiva y permanente, un sostenido diálogo que derive en aprendizaje continuo entre las estructuras de poder en la provincia Granma, los telecentros de Bayamo y Manzanillo y la UNEAC, como garantía básica para evitar la repetición de lo sucedido; además de que su ejecución sistémica devendrá ejercicio potenciador de buenas prácticas gubernativas, no sólo para esta parte de Cuba; sino, en todo la ínsula.

La selección de regentes para telecentros debiera contemplar, como condición ineludible, la suficiencia probada de los candidatos en el mundo del audiovisual y la TV; no perdamos de vista que nadie da lo que no tiene ni ama lo que no conoce.

Finalmente, la preparación y superación de cuadros, funcionarios y administrativos, especialmente los vinculados al mundo de los audiovisuales, debería contemplar no sólo cursos técnicos; sino, los más importante según nuestra experiencia: aquellos que demuestren que la cultura cubana ha sido y es un proceso de fundación y refundación constante; donde la búsqueda incesante de la libertad, ora individual, ora colectiva, se yergue en su núcleo duro; donde se explique de modo tácito aquel aforismo de Pascal que fijaba de modo inapelable que la unidad que no contempla la diversidad conduce a la tiranía; un curso constante que explane y demuestre en la práctica diaria que revolución es cambio, es transformación, es asombro y no sólo para unos pocos; sino, para todos, porque sólo entre todos será posible construir una nación en la cual la dignidad humana sea algo más que aspiración y postulado constitucional; sea -como quería Martí-fórmula del amor triunfante.

YOLANDA FARR CONVERSA CON FRANCISCO PUÑAL

Me ha conmovido tremendamente esta entrevista a Yolanda Farr que me envía desde España Francisco Puñal. Me conmueve porque sé el empeño que Puñal ha puesto en conseguirla, y porque las respuestas que ofrece la actriz nos demuestra que le debíamos este (por ahora) mínimo reconocimiento, más que todavía no se termina de festejar el cincuenta aniversario de la creación del ICAIC, donde ella jugó un papel relevante en los sesenta.

Si mal no recuerdo, el entusiasmo de Puñal comenzó con aquel post titulado “Gone with the Wind”, en el cual mencioné la dificultad que teníamos los investigadores para acceder a la vida de aquellos que alguna vez trabajaron en el ICAIC, y luego “abandonaron el país”, como se solía acuñar el fin de una carrera artística en otros tiempos. Elaboré una discreta relación de nombres “olvidados”, a los cuales Fausto Canel sumó otros tantos. Allí fue cuando, deslumbrado, Puñal reparó en Yolanda Farr, “la mujer de Sergio en Memorias”, me dijo. Tan fuerte había sido su deslumbramiento, que en aquel momento apenas nos dábamos cuenta que en ese clásico de clásicos, es la voz de Yolanda (y no su imagen) lo que se nos ha quedado grabado en la mente.

Quisiera agradecerles, pues, a Fausto Canel, a Francisco Puñal, y a Yolanda Farr, la gentileza que han tenido con el blog, al ofrecer a sus lectores, en primicia, estas evocaciones que, a la larga, forman parte de la memoria histórica del cine cubano. Ojalá sea el principio de nuevas revelaciones, de nuevas “vidas” redescubiertas.

Juan Antonio García Borrero

ENTRE NOSOTROS
Por Francisco Puñal

Humana y artísticamente estoy muy unida a Cuba –expresa la actriz Yolanda Farr, quien ha accedido a esta entrevista vía correo electrónico, tras el anuncio de la presentación de su libro autobiográfico “Periplo de amor y lucha” el día 21 de diciembre, en la Fundación AISGE, en Madrid, en la colección “Memoria de la Escena Española”, y cuyos beneficios están destinados a ayudar a sus miembros que lo necesitan: actores, dobladores, bailarines y directores de escena.

Yolanda Mariño Farr, conocida artísticamente como Yolanda Farr es una reconocida y aplaudida actriz española del teatro, el cine y la televisión, que desde niña participó en escenarios artísticos junto a sus padres.

Hija de madre alemana y padre gallego, ella es producto de la posguerra pues vino al mundo tras la salida de su padre de un campo de concentración a principios de los cuarenta. Él había sido encarcelado por sus ideas progresistas y su pertenencia al bando republicano.

Mi niñez en Cuba-afirma Yolanda- a donde llegamos en diciembre del 48, dulcificó un poco las cosas. Con ocho años de edad comencé mis clases de ballet con una profesora norteamericana llamada Irma Hart Carrier y a los pocos años conseguí ser admitida en la academia de Alicia Alonso donde tuve la suerte de tener como profesor a Fernando Alonso y, en el último año que allí cursé, de ser compañera de clase de Josefina Méndez, Loipa Araujo y hasta de Alicia, quien asistía a ese grupo para hacer barra. .

Mi adolescencia fue un maratón de estudios. Hacía piano, canto, estudios de secretariado bilingüe y mis queridas clases diarias de ballet, así que poco tiempo había para nada más. A excepción de mis esperados domingos de cine al cual acudía con mis amiguitas del barrio, ya sabéis, matiné, doble sesión y palomitas, generalmente en el cine Metropolitan o el en San Carlos, cercanos a mi casa. Mi amor por el cine venía ya desde España donde había visto películas como Dumbo, Pinocho o Cadenas de Silencio con la perra Lassy, encandilando mi espíritu desde entonces el milagro del celuloide.

Desgraciadamente un accidente que afectó mi columna, me impidió continuar en el ballet. Me sentí muy deprimida, pero en mi ayuda vino el teatro.

Alejandro Lugo y Homero Gutiérrez me dieron nociones de dicción sobre todo para eliminar mi “ceceo” que aun conservaba en parte. Con Ana Lasalle trabajé sobre todo el verso. El resto lo aprendí en escenarios como Prometeo, dirigida maravillosamente por Francisco Morín; en la Sala Arlequín, dirigida por Rubén Vigón; Sala Talía, Sala Hubert de Blanc y en los platos de cine y televisión.

Mi primera participación en una obra teatral en la isla fue “La pequeña cabaña”, representada en la Sala Arlequín, junto a los actores Homero Gutiérrez y Pedro Pablo Prieto. También recuerdo con mucho cariño mi actuación en la obra “La endemoniada”, en 1963.

Lo más difícil de ser actriz es, en primer lugar, la terrible inestabilidad emocional y económica que conlleva esta profesión. En segundo lugar, y quizá más importante, la complicación de desentrañar un texto haciéndote con él un traje que complazca al autor, al director, al público y a ti misma.

Me vinculación a la industria cinematográfica cubana fue algo divertido pero complicado de explicar. Estaba en el patio de butacas de la Cinemateca en el año 1964, esperando el comienzo de la proyección y aún con las luces encendidas, se acercó a mí un joven y hermoso muchacho y me dijo estas palabras: “Perdona que me presente Yolanda, soy Pastor Vega, director de cine y me he fijado en tí para que protagonices mi primera película, “En la Noche”, pues tienes el físico perfecto y me han dicho que eres una buena actriz de teatro. Piénsalo y respóndeme mañana en el ICAIC.” Aunque en esos momentos yo estaba trabajando en el cabaret Tropicana de presentadora y vedette en el show “Tentaciones”, por supuesto mi respuesta fue de aceptación y mi recuerdo, de ese mi primer rodaje agotador, es entrañable, ya que tanto Pastor como mi coprotagonista, Juan Cañas y el equipo técnico, fueron encantadores. Nunca llegué a ver ese corto dramático experimental en la isla pues no se exhibió, pero muchos años más tarde, estando ya aquí en España, recibí una gratísima llamada de Pastor Vega diciéndome que estaba en el país y que iban a proyectar ese filme en la Casa de América. Allí lo visioné por primera vez, en compañía de mi querido amigo Roberto Fandiño, que en paz descanse. Con anterioridad a esto había participado en un documental de Manuel Octavio Gómez titulado “Cuentos del Alhambra” (1963), un homenaje al teatro vernáculo cubano, rodado durante la representación de la revista costumbrista de los años veinte “La isla de las cotorras”, dirigida por Francisco Morín en el teatro Amadeo Roldán.

En 1965 tengo un nuevo proyecto fílmico: “Desarraigo” … Lo consideré una gran oportunidad, trabajar de protagonista junto a Sergio Corrieri y a Reinaldo Miravalles, bajo la dirección de Fausto Canel y con guión de Mario Trejo… Era una ocasión única. La filmación se desarrolló, prácticamente toda, en las minas de Nicaro, Oriente. Fue una labor dura pero muy satisfactoria. Generalmente, por la noche trabajábamos los diálogos del día siguiente y los rodajes en las minas duraban cada día hasta que se hacía de noche. Fausto estaba entusiasmado con el trabajo y nos apoyaba al máximo en nuestras actuaciones, con flexibilidad y al mismo tiempo, rigor. Ahora sé que para él como para mi, aquella película era una prueba de fuego. Este film, que fue retenido, tras un efímero estreno, lo he visto ahora cuarenta y cuatro años después, ya que Fausto tuvo el detalle de enviarme una copia en DVD por medio de mi gran amiga Mequi Herrera, después de que el mismo fuese exhibido en un festival de cine en Miami. Fue una experiencia muy conmovedora y mi juicio crítico fue positivo.

El rodaje del filme “Memorias del Subdesarrollo” se hizo en 1966, justo al terminar el show del Hotel Capri, “Los Tiempo de Mamá y Papá”, que duró más de un año y en el que compartí la pista, entre otros, con enormes figuras como María de los Ángeles Santana, Germán Pinelli, Manolín Álvarez, Joseíto Fernández, el creador de la Guantanamera. Mi trabajo con Gutiérrez Alea fue muy fructífero. Yo interpreto a la mujer de Sergio, que abandona el país. Había varias secuencias entre ellos dos. Durante la filmación Titón me convenció para hacer el primer desnudo del cine cubano y, por supuesto el mío. Una experiencia muy dura pero mucho más duro fue cuando, al ver el filme ya aquí en España, me encontré con que casi todo lo que había rodado había sido eliminado en imagen, y puesta mi voz en off sobre la imagen de Sergio, personaje que interpretaba Corrieri.

A finales del 66 decido salir del país, creyendo que al ser española el permiso me lo darían de inmediato, pero el mismo tardó un año. Realmente en Cuba se me trató siempre como a una cubana más, para bien y para mal. Finalmente el 22 de diciembre del 67 tomé el avión de Cubana que me devolvía a España. Pero una cosa había cambiado. En mis planes nunca había estado el exilio. Mi única pretensión había sido probar fortuna en España y volver a mi familia y a mi querida isla. Pero eso ya no sería posible. Poco antes de mi salida recibí una llamada del director Humberto Solás, pidiéndome que participara en su película “Lucía” en una escena de la segunda historia que trascurre durante el machadato. Era una especie de gran orgía de la alta sociedad. Se rodó en el 67. En ese rodaje participaron, desinteresadamente, casi todas las figuras artísticas del país en esos momentos, actores, pintores e intelectuales. Aquello fue una auténtica gozada y una conmovedora última experiencia artística en la isla. Humberto sabía lo de mi solicitud de salida pero, puesto que ninguno de aquel grupo saldría en los créditos ni figuraría en nómina, consiguió el permiso para que yo participara. Nunca se lo pude agradecer suficiente.

En España el cambio fue complejo y difícil, pero recibí el apoyo de Adolfo Marsillach, a quien había conocido en la isla, e ironías de la vida, tuve que dar un curso de dicción para tratar de atenuar mi acento cubano. El teatro ha sido mi sitio natural. En los años 80 y 90 compartí papeles protagónicos con actores de la categoría de José María Rodero, Fernando Delgado, José Luis Pellicena, Arturo Fernández, Pedro Osinaga, Juanjo Menéndez, Luis Prendes, Chicho Ibáñez Serrador, entre otros. He actuado en muchísimos escenarios teatrales de la geografía española.

En el cine considero que mi participación más relevante ha sido en los siguientes filmes: “El perro” (1976) de Antonio Isasi Isasmendi; “Gulliver” (1979) de Alfonso Ungría; “Hijos de papá” (1980) , de Rafael Gil; “Violines y trompetas”(1984), de Rafael Romero Marchent, y “Matar al Nani” (1988) , de Roberto Bodegas.

En la televisión he colaborado en programas como Estudio 1; El Hotel de las mil y una estrellas, Policías en el corazón de la calle; y ¿Se puede?, entre otros.

Pero mis sentimientos siempre vuelven a la isla. Mi carrera se sembró y dio sus primeros frutos en Cuba. Todos mis estudios se hicieron allí y solo buenos recuerdos tengo tanto de mis compañeros de trabajo como de mis colaboraciones en teatro, cine, cabaret y televisión. En el año 63 fui nombrada mejor actriz de teatro por mi trabajo en “La Endemoniada”, bajo la dirección de Francisco Morín y en el 65 mejor actriz cinematográfica por “Desarraigo”, de Fausto Canel. ¿Qué más se le puede pedir artísticamente a mi patria de acogida?

PD: MARIO CRESPO SOBRE ESTE POST

DEJAR VER, DEJAR DISCERNIR, SACAR DE LAS SOMBRAS

Querido J.A:

También yo me he conmovido con esta entrevista que nuestro querido Pancho hace a Yolanda Farr. No la conocí. Sólo la vi en los filmes que mi generación pudo ver en Cuba. Pero su presencia en “Momorias… ” es imborrable, sus escenas se recuerdan como clásicas.

Pero lo que me interesa destacar de esta entrevista es el amor de esta mujer por Cuba, la ausencia de resquemores y los buenos recuerdos que nos descubre de una carrera, unos compañeros y una nación que hizo suya, a pesar de las películas escondidas y las zancadillas puestas por gente a la que ella inteligentemente prefiere olvidar.

Quiero además pedir a Pancho que siga con ese trabajo de rescate de memoria, que podría contribuir a las “memorias del desarrollo” de una cinematografía, de una escuela de actores, de una época luminiosa y llena de esperanzas. Pancho cuenta con una guía excelente, que es la lista que tú y Fausto hicieran.

“Honrar, honra” dijo Martí y en estos momentos en que los retrógrados ( defensores de puestecitos y pequeños privilegios, que actúan a nombre de un pueblo que desconcen y de una revolución que sólo está en sus cabezas) todavía pretenden seguir censurando, acallando y escondiendo; sacar a la luz la historia de nuestro cine, nuestros actores y directores es el verdadero acto de amor a la cultura nacional. Aportar luz es revolucionario; tapar, engavetar en las sombras con falsa moral es conservador y retrógrado.

Dale, Pancho, no te detengas.

Mario Crespo

GILDA VILLA SOBRE HUGO DEL CARRIL Y CUBA

HUGO DEL CARRIL Y CUBA
Por Gilda Villa

En los años 40 del pasado siglo XX, comenzaron a viajar a Cuba grandes artistas argentinos como Hugo del Carril, Libertad Lamarque, Héctor Palacios, Mercedes Simone, Charlo, Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo, Alberto Gómez y Agustín Irusta.

Piero Bruno Hugo Fontana, verdadero nombre de Hugo del Carril (30 noviembre 1912 – 13 agosto 1989) tuvo sus comienzos en la radio, primero de locutor, después de cantante y en 1936 pasa a las filas del séptimo arte donde sería actor y director de varias películas, convirtiéndose en una de las principales estrellas del cine latinoamericano.

Su gira más importante fue en 1941. Llega en avión a La Habana procedente de New York el 16 de julio invitado por el Circuito Radial CMQ, para que se presentara en el programa “La Corte Suprema del Arte”, uno de los de mayor radio audiencia, donde obtuvo un rotundo éxito. Sus fotos fueron publicadas en la prensa de la época y su voz, la más importante del tango después de Carlos Gardel, deleitó a un público conocedor de sus canciones y películas. Era siempre acompañado en La Habana por el guitarrista Cuco Vila. En Cuba grabó “Cubanita” de Emilio Bohr y el bolero “Ave sin vuelo” de Andrés Falgas.

De su amplia filmografía que abarca alrededor de 47 películas, es de destacar en relación con Cuba, la tercera versión cinematográfica de la novela “El negro que tenía el alma blanca”, del autor Alberto Insúa (La Habana, 1885- Madrid, 1963), drama musical realizado en 1951 donde interpreta a Peter Wald, el personaje central, acompañado por la actriz María Rosa Salgado.

Muchas fueron sus visitas a nuestro país. Se hospedó en el Hotel Nacional y en el Hotel Sevilla, visitó los principales cabarets de La Habana, actuó en radio en CMQ y en televisión en el programa Cabaret Regalías.

Por otra parte, en diferentes momentos de su vida, compartió escenarios con artistas cubanos como Rosita Fornés, Rey Díaz Calvet y el Trío Taicuba, entre otros. Armando Bianchi, en un tiempo, cantaba tangos imitando a Hugo del Carril.

A finales de la década del 50 visita nuevamente Cuba.

José Rodríguez Calderón, fundador de la Sociedad Cultural Cine Club Visión, nos cuenta en 1989 la anécdota:

“El Visión tenía una sección de cine donde se exhibía lo mejor del séptimo arte internacional y se hacían cine debates. Nos enteramos que Hugo del Carril estaba en La Habana y decidimos invitarlo a que diera una charla sobre el cine latinoamericano a nuestros asociados.

Yo estuve entre los designados a cumplir la tarea. Averiguamos los lugares que frecuentaba y una noche fuimos a verlo. Fue muy difícil, porque varios hombres nos impedían acercarnos a él. Decidimos quedarnos afuera a esperar a que saliera. Nuestra situación allí no era fácil, recuerde que estábamos en plena tiranía batistiana y el estar en una esquina un grupo de jóvenes, podía hacerse sospechoso… Pero, mereció la pena, al cabo de varias horas vimos que salía del cabaret, lo abordamos y le explicamos nuestro interés en que asistiera a la Sociedad y nos hablara sobre cine. El fue muy amable, nos escuchó y aceptó, quedamos que iría un día determinado.

Ese día, hicimos una gran movilización invitando a los asiduos a las actividades de la Sociedad y a los vecinos del barrio. Todos estábamos muy nerviosos pensando si el cumpliría su promesa y asistiría. Era un caballero, esa noche, a la hora señalada se presentó y, a salón lleno, expuso sus ideas de cómo veía la situación del cine latinoamericano en esos momentos. Fue una charla excepcional, ahí están las fotos de recuerdo, testigos de lo que sucedió esa noche en la Sociedad Cultural Cine Club Visión…”

Por sus canciones, por sus películas, por su carisma, Cuba amó a Hugo del Carril. Muchos años después, veríamos en Youtube la canción “Cuando salí de Cuba”, de Luis Aguilé, interpretada por Hugo del Carril como un homenaje a un país que lo admiró y siempre lo tendrá en el recuerdo

INFORMACIÓN DE LA UNEAC SOBRE “EL GRITO”

INFORMACIÓN DE LA UNEAC

Fecha de publicación: 17/12/2009

“Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea”

José Martí en Nuestra América

“Se busca entonces la simplificación, lo que entiende todo el mundo, que es lo que entienden los funcionarios. Se anula la auténtica investigación artística y se reduce el problema de la cultura general a una apropiación del presente socialista y del pasado muerto (por tanto, no peligroso). Así nace el realismo socialista sobre las bases del arte del siglo pasado”.

Ernesto Guevara en El socialismo y el hombre en Cuba

Desde el pasado fin de semana, circula por la red la declaración emitida en Bayamo por el ejecutivo de la UNEAC de la provincia Granma, a propósito de hechos acaecidos en el Telecentro de esa provincia.

La Asociación Nacional de Radio, Cine y Televisión, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, informa que por sus vías habituales de trabajo, analiza y dialoga con las instancias correspondientes del ICRT acerca de estos acontecimientos.

Amén del avance, tanto en Bayamo como en La Habana, de estos procesos, aún no concluidos, consideramos pertinente, en nombre de la UNEAC, dar espacio al debate que ha desatado, pues el mismo apunta a varios problemas presentes en el quehacer institucional de nuestro país.

Nos llama la atención la socorrida vuelta del argumento de que a un determinado material fílmico –en este caso El grito, de la joven realizadora Milena Almira, con producción y circulación nacionales – le está vedada su proyección porque “el pueblo no lo entiende”.

A ese pueblo, segmentado – como todos – en sectores diferentes de públicos (una noción mucho mejor para el análisis de estos problemas), habría, cuando menos, que preguntarle por sus expectativas, normativas y aspiraciones estéticas y, de paso, indagar por cómo y cuánto se cumple en su territorio.

Pero podríamos apostar, sin esos resultados en la mano y alejándonos de criterios simplistas, que el pueblo granmense, o lo que es lo mismo, sus masivos sectores de público, es de una riqueza palpable y muy capaz de disfrutar el arco de propuestas estéticas y culturales que el arte cubano muestra hoy.

Sobre estos temas, convocamos a nuestros miembros de la UNEAC, y a otros interesados, a contribuir con sus opiniones en este sitio web. Justo la riqueza y profundidad de esas reflexiones servirá para conjurar actitudes erradas.

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A PROPÓSITO DE “EL GRITO”, DE MILENA ALMIRA, UNA POLÉMICA

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ROLANDO PÉREZ BETANCOURT SOBRE “EL GRITO” Y LA POLÉMICA

ÁNGEL VELÁZQUEZ SOBRE EL “CINE MEDITATIVO” Y “EL GRITO”

PD: Otro punto de vista en el blog de Gaspar el Lugareño

CONSTANTE DIEGO SOBRE “EL CORAZÓN SOBRE LA TIERRA” (1985)

“(…) Todos los conflictos de la película están en función de marcar el drama interno de los personajes y su soledad. Creo que en este sentido hay momentos logrados, como la asamblea y la inauguración del pueblo, y momentos en que, por realización, esta relación conflicto objetivo-subjetivo se pierde, como la fiesta de la inauguración de la cooperativa. Me parece que en general esta relación entre los personajes y sus conflictos objetivos está bien apuntada en el guión, y si al analizar el resultado final notamos un cierto desbalance, se debe a que en la puesta en escena no supe darle el valor requerido.

(…) Pretendí transmitir lo que sentí, lo que experimenté cuando conocí la historia y los personajes. Traté de comunicar una emoción utilizando el lenguaje cinematográfico que es el que conozco. Es obvio que toda utilización consciente de cualquier lenguaje es -puede ser- una forma de manipulación. Pienso, por ejemplo, que los tres puntos suspensivos, los dos puntos y las negritas que tú utilizas en esta entrevista también lo son…La clave de la película está en que las situaciones personales no se resuelven: Aguilera ha hecho una cooperativa, pero le sigue faltando el hijo; el Gallego se incorpora a la CPA pero su drama personal tampoco desaparece…Es decir, que estos seres no cambian mágicamente. Por supuesto que los hombres cuando deciden cambiar sus vidas comienzan a cambiar su conciencia hasta inconcientemente.

(…)

La cinta está llena de señales aunque muy pocas veces están explícitas las intenciones de las secuencias. Hay, o debe haber, una participación cómplice del espectador porque es un filme que está pensado por y para él. Es decir, que el diálogo con el público es un proceso conciente. Hacer arte, pienso, es el resultado de la necesidad de expresar un mundo, un universo. Creo que el problema más serio de esta obra es su falta de coherencia estilística. Y la incoherencia formal puede ser un estilo -no lo discuto- pero en este caso, en mi caso, considero que es un defecto. Se me fueron actuaciones de las manos y, en lo fundamental, hay problemas con la concepción del encuadre. En algunos momentos el protagonista es el paisaje y son coherentes los planos generales. Pero en otros lo importante es lo que sucede en el mundo interior de los personajes y ello requería un acercamiento al rostro. Confundir los encuadres, haberlos confundido, es imperdonable. Yo los confundí.”

Constante Diego.

Tomado de: Plasencia Hernández, Azucena Isabel. “Diego Constante: la necesidad de comunicar”. Bohemia 77 (15): 26; 12 abr ’85 (Entrevista al realizador)

Ficha técnica:
EL CORAZÓN SOBRE LA TIERRA
(1985)/ 102’/ D: Constante Diego/ P: Miguel Mendoza/ G: Eliseo Alberto Diego, Constante Rapi Diego/ F: Livio Delgado/ E: Roberto Bravo/ Son: Germinal Hernández/ Actúan: Reynaldo Miravalles, Nelson Villagras, Annia Linares, Tito Junco, Argelio Sosa, René de la Cruz, Lillian Llerena, Luis Alberto García, Samuel Claxton, José Ramón Marcos, Oneida Hernández, Alejandro Lugo, Raúl Eguren, Luis Caleiro, René de la Cruz (hijo), Dayron Orta, Rini Cruz, Marlen Castells, Elvira Valdés, Felipe Dulzaides (hijo), Pedro Fernández.

Un campesino, marcado profundamente por la muerte de su hijo, decide fundar una cooperativa campesina en el corazón de la Sierra: una verdadera revolución en la zona. Pero sólo después de un difícil proceso de enfrentamientos con su familia y los que le rodean, comprenderá que no basta cambiar las formas de vida en la montaña si al mismo tiempo no se aspira a transformar a los hombres que vivirán en ella.

PREMIOS: Premio compartido a la mejor actuación masculina (R. Miravalles) en XXV Festival de Cartagena, Colombia (1985); Premio del Público en I Festival de Cultura Cubana en Burdeos y Leognan, Francia (1986).

ÁNGEL VELÁZQUEZ SOBRE EL “CINE MEDITATIVO” Y “EL GRITO”

En los artículos “El cine puede ser también meditativo” (1, 2, 3, y 4) nunca he planteado la idea de hacer “tabla rasa” con los más de cien años de experiencia de cine. A lo sumo, es el propio cine que corre el encargado de hacer de sí mismo tabla rasa. Es muy extraño que el cine experimente hoy un cansancio de cien años de lógica y voluntad de poder.

Sin embargo, la base de los fundamentos de estos artículos ha estado fijada, si se le entiende correctamente, en los resultados fílmicos, teóricos y estéticos de las más grandes filmografías mundiales. Mi amigo Ángel Lago, que suscribe la nota y provoca este quinto artículo, también pide que ejemplifiquemos “cómo pretende lograr” y “en qué consiste” el cine meditativo.

De hecho, el cine meditativo no puede “ser ejemplificado”. Esa es su paradoja y al mismo tiempo su virtud. El cine meditativo “puede ser”; y en mi opinión puede ser “realizado”, pero no “ejemplificado”, porque el cine que corre “no ha sido aún”. Pretenderlo lograr y en qué consiste es un falso experimento. Obsérvese que los títulos con que he nombrados los artículos no varían, a no ser su numeración. El “puede ser” es muy significativo: trata de abrir un “si” y negar un “no”. El cine hasta hoy ha estado negándose; niega la responsabilidad.

De modo que no mal interpretamos la realidad de una larga experiencia visual a través de un juego lingüístico, porque, en verdad, lo que ha sido “ejemplificado” ha sido por el cine que corre, el cine que conocemos y que de hecho ya está muerto. Siempre me ha llamado la atención el concepto de “realización” en el cine y en el audiovisual como una paradoja. Y es que el hombre, producto de la sociedad, para mi no realiza nada que pueda llamarse creativo y estético; todo lo que va haciendo, y entre ello el cine que corre, es ejemplificar, demostrar y argumentar una vieja tarea. La vieja astucia de la mente de echarle la responsabilidad a otro.

La “ejemplificación” es un viejo hábito argumentativo para cederle la responsabilidad humana a otro. Primero a Dios, después a la historia, luego al Estado, de pronto al inconciente y ahora no se sabe a cuántas cosas, incluyendo la propia meditación. Entonces la vida se pierde en una “estética de las ejemplificaciones”. ¿Puede ser concebido un proyecto estético en profundidad desde la ejemplificación y la demostración, es decir, echándole la responsabilidad a otro?

En profundidad no, pero en meditación si. La estética profunda no depende de la razón, de lo que podamos argumentar entre conceptos y palabras, sino de un modo de sentir la realidad, amarla y fusionarse con ella. A todo esto, Ángel Lago nos pide que ejemplifiquemos cómo puede ser el “cine meditativo”. En “Suite Habana”, uno de los grandes proyectos de la filmografía cubana, se trata de burlar esa experiencia ejemplificadora y argumentativa. No puedo decir más, sólo sugerir que la vean, sólo que la “vean”, porque allí por primera vez el cine “pudo ser”.

En uno de los libros más agudos que haya conocido la literatura occidental, “Así habló Zaratustra”, de Nieztsche, el problema del lenguaje cobra uno de los tópicos de mayor relevancia. Nieztsche fue un gran filólogo y le concedió una importancia capital al funcionamiento del lenguaje. Al lenguaje le debemos, y es una apreciación finísima de Nieztsche, todas nuestras deformaciones creativas y destructivas. Deformaciones porque con el lenguaje solo podemos demostrar, argumentar y ejemplificar. Con el lenguaje sólo se puede ir arrojando responsabilidades a otros. La filosofía y la teología se basan en el lenguaje, en un juego lingüístico de palabras y conceptos, en concederle responsabilidades a Dios, a la historia. Con el lenguaje nada se puede “realizar”. El hecho mismo de que el cine abriera las puertas a un lenguaje cinematográfico no es verdad. Pero el lenguaje ha convertido muchas mentiras en verdad.

El cine asumió una nueva responsabilidad, o mejor dicho, el cine se ha hecho eco de viejas responsabilidades. En un momento dado fue de la historia (cine clásico), en otro momento del inconciente (cine surrealista); en otro momento de la realidad objetiva (cine neorrealista). Esa es otra realidad a dilucidar. Las profecías de Zaratustra son enigmáticas: el lenguaje, las palabras, los símbolos, los signos, son la barrera que separa al hombre de la realidad. Y en este sentido el cine que corre ha estado separando al hombre de la realidad, le ha estado robando su responsabilidad. En virtud del cine que corre el espectador ha continuado cediéndole la responsabilidad a otro. Nunca es él el responsable. Si sufre un divorcio la responsabilidad es del otro; y Dios el mayor responsable de todo lo que sucede; bueno o malo es el responsable.

De ahí que hemos hablado de una discontinuidad, no de un rechazo tajante: el cine que corre deberá dar a luz al cine meditativo; y el parto está por llegar. Eso no implica, desde luego, deshacernos de toda una herencia y patrimonio cinematográfico; servirá para distinguir el recorrido por el cual se separa una vieja etapa de una nueva. Ahora bien, cómo puede ser esta nueva etapa; no lo sabemos en absoluto. Es una incógnita aún por dilucidar desde los más sutiles puntos de vistas. Que uno de los más grandes teóricos del cine, el francés Christian Metz, se haya suicidado a la edad de 61 años es muy revelador. Dejó una impresionante obra, en la que se destacan varios ensayos “Sobre la significación en el cine” y “El significante imaginario: psicoanálisis y cine”. Este maestro era apasionante y un verdadero sabio; trasladó mejor que nadie elementos de la historia de la mentalidades, la teoría lingüística, la semiótica y el psicoanálisis para crear una teoría del cine. De ahí vino el suicidio. Cuando se dio cuenta de su responsabilidad, perdió el sentido por la vida; entonces la lucha desapareció, entonces el suicidó se le apareció.

El cine no puede seguir suicidándose lentamente. Aprovecho, no para ejemplificar, sino para meditar en torno al corto “El Grito” que tanto revuelo ha causado por estos días en las páginas del blog. Vi el corto, pero aquí no me interesa lo sucedido en torno a su puesta; me interesa lo que ejemplifica y argumenta. Todo lo sucedido colateralmente al corto depende de la ejemplificación: el juego intimo de echarle la responsabilidad al otro: dos egos luchando a través del sexo. ¿Quién gana? Y no es que esté esquivando esta lucha, porque realmente se desarrolla todos los días, sino que para mi es fea y no es artística. En el sexo es donde mejor el ser humano ha ejemplificado el ego, la voluntad de destrucción. Y el cine de alguna manera ha coadyuvado a ejemplificar la lucha, la lucha incluso por echarle la responsabilidad a Dios. Ojo con la lucha. El cine es un medio poderoso para luchar, pero al mismo tiempo se puede convertir en el instrumento visual para trascender. Por eso en alguna parte he dicho que al cine le ha ido faltando “receptividad”.

Ahora podrán entender un poco mejor que quiero decir con “cine meditativo”.

Ángel Velásquez

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT SOBRE “EL GRITO” Y LA POLÉMICA

Un saludo, mi estimado Juan Antonio, luego de bastante tiempo sin encontrarnos, aunque se te lee. Publicas unas líneas de Alexander Delgado Sosa en torno a la polémica causada por “El grito” (que no he visto) y en ellas el realizador del programa del Telecentro de la provincia Granma ––al que no se le permitió pasar el corto–– hace referencia a la película “300” y a un artículo mío publicado en Granma que, según puede inferirse, sirvió de pretexto a un funcionario de la provincia para prohibir la exhibición del filme con lo cual se me monta, en carambola subjetiva, en el siempre difícil carro de los censores.

Vislumbro, sin embargo, que la referencia de Delgado Sosa no tiene ninguna intención torcida hacia mi persona ni mucho menos y es exacta en cuanto a fechas, pero no obstante deseo aclarar algunos puntos: en abril del 2007 salió efectivamente el trabajo en Granma analizando el filme y dándole hasta con el cubo, pero diciendo también que si se exhibía (y ya yo tenía la intención de pasarlo en “La séptima Puerta”) había que servirse de él para demostrar cómo Hollywood no había cambiado muchas de sus esencias.

Para sorpresa mía ese artículo fue ampliamente difundido en INTERNET y, ¡caite patrás!, hasta el gobierno iraní, cuyo pueblo era agraviado en la película, lo colgó en un sitio oficial, es decir, comprendieron perfectamente los ofendidos la intención del escrito acerca de que la cinta era tan burda que había que servirse de ella para desenmascararla.

Menos de tres meses después abrí la programación de verano del 2007 exhibiendo “300” con la advertencia de que ese día pondría “un veneno” (literalmente), “una toxina ideológica, política, racista, belicista, xenófoba, eurocentrista y defensora de esa eugenesia reaccionaria que grita a los cuatro vientos que la raza blanca es superior, la mejor de todas y de ninguna manera debe dejarse contaminar por otras razas “de poca monta”.

Este es mi insignificante bocadillo dentro de una trama mayor, “El grito”, corto que trataré de ver. Te remito copias tanto del artículo publicado en Granma como del guión del programa relacionado con el filme “300”.

Un abrazo,

Rolando Pérez Betancourt

PD: DE ALEXANDER DELGADO A ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

Estimado Rolando:

Leí con interés su comentario sobre los antecedentes de “El Grito” que yo había escrito, y ante el evidente desencuentro me explico de una mejor manera. En primer lugar cuando se publicó su crítica sobre “300” en el Granma, habíamos decidido poner la película con el mismo enfoque de la burda manipulación de la Historia. Sus comentarios corroboraron la idea que teníamos, e incluso utilizamos el último párrafo de su trabajo para finalizar el programa. Esa misma semana estaba todo listo para que “300” saliera al aire.

En ningún momento impugnamos nada de su crítica ni lo montamos en el carro de los censores. Lo que quise decir fue que la persona que censuró “300” no tenía otro vínculo con el filme que los criterios vertidos por Usted, y la interpretación que resultó de la lectura fue hizo aquel fue que “300” no se debía poner. Ni siquiera la había visto. Esa fue la interpretación que ÉL hizo. La mía fue que sí podía publicarse la película, algo que habíamos decidido al margen de su crítica.

Dos valoraciones de un mismo fenómeno que a esa persona sirvió de pretexto para censurarla. Tampoco interpretamos que Usted estuviera en contra de la publicación de “300”. Todo lo contrario. He seguido su obra y considero que coincidimos en el hecho de que censurar no es la solución para el crecimiento espiritual. Es necesario confrontar criterios y apreciar el arte en todos sus matices sin tener miedo a que el público vea lo que algunos piensan que le pueda hacer daño. Subestimar al Respetable nunca ha sido mi estilo de trabajo y creo que tampoco ha sido el suyo.

Puedo decirle que lo que el censor quiso evitar fue precisamente lo que ocurrió. Al otro día y durante una semana completa, los bancos de películas de Bayamo no podían suplir la demanda del público que fue a buscar el filme que le habíamos escamoteado. Hacía años no veía una sala de una casa llena de personas alrededor de un televisor viendo la película alquilada. Muchos se tragaron el veneno racista, reaccionario y manipulador sin el antídoto que la televisión proponía. Es cierto que muchos no sabían que la Persia de ayer es el Irán de hoy, ni conocían que Jerjes nunca fue una loca de carroza; pero la información se incorporó impunemente al pensamiento de personas que quizás no conocen de Historia Antigua y que buscando acción, patá y piñazos o simple entretenimiento fueron manipulados tan burdamente. Con el programa pretendíamos que ese público escuchara el criterio del especialista, viera la película y al final se formara su propia idea.

Como puede ver, no hay disonancia alguna. Espero que sigamos en debates como estos que no hacen más que enriquecer la obra.

Saludos,

Alexander Delgado Sosa

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