TONY SOMOZA Y SUS RECUERDOS DE “CECILIA”
Gracias J.A.
He leído – como capítulos de novelita – las anotaciones que Mario Crespo, ha colgado en tu blog sobre el asistente de dirección. Mario consiguió revolverme los recuerdos, las vivencias, que, como las penas, se agolpan unas a otras….
Van pa’lla:
Recién salido de asistente de producción del Noticiero ICAIC, llegué a CECILIA, también, como asistente, de lo mismo. Nada que ver. Perdido, me enfrentaba por primera vez a lo que siempre quise.
Con apenas 13 o 14 años, una película me había sacudido los instintos: Yo voy a hacer eso, lo pensé. Lo juré. Por primera vez, esa noche entendí que se podía llenar una pantalla. Era LUCIA.
Cambio de página.
Entré a CECILIA, como delegado de actores, encargado de apoyar a Mario en la selección de extras y figurantes “para lo que se avecinaba” Mi tarea, consistía en llenar papeles de aspirantes – a cualquier cosa – en jornadas interminables que comenzaban a las 6/ 7 de la tarde y terminaban bien entrada la noche. Las filas y los tumultos de toda aquella gente en los bajos del edificio de producción del ICAIC eran interminables.
Ahí, empecé a conocer el rock and roll del cine: en la medida que iba descubriendo todo, descubrí también como se lee un guión y lo que dice, que no está escrito. Me lo enseñó Mario. Aprendí, por ejemplo, que el desglose del guión es la primera prueba de fuego del asistente. Lo que no pidas en la pre- filmación, será muy difícil obtenerlo después. Desde el candelabro hasta el juego de tazas. El departamento de utilería se rige por ese “documento institucional e inquebrantable” y, a ultima hora, es decir, en el set, el día de filmación, es muy difícil obtener lo que se olvidó, y, un poco menos, lo que surgió en la impronta de la creación. Solo con un buen ambientador, o jefe de utilería que sea muy profesional y cómplice además, puedes salvarte. Héctor Ramírez fue uno de esos hombres necesarios y tan útiles como ese departamento. Salvador de los patinazos de muchos primeros asistentes y directores. Ahí, también aprendí una cosa, quizás la mas importante: el asistente que se faje con el equipo, es HOMBRE MUERTO. No duras una semana en el set: al camarógrafo le molestan los extras que “no hacen nada”, que ensucian su pantalla, que lo limitan en los movimientos; el departamento de vestuario te exige que cuiden más la ropa, porque no hay tiempo para lavar tanto; las maquillistas te dicen que los extras después de almorzar ya no tienen maquillaje y no hay tiempo para tanto, y así, así, así…hasta “el explote”. Vi a algunos salir con la misma velocidad que entraron.
Por suerte, por sabiduría, talento y mucha paciencia, Mario pudo llevar hasta el final, la película mas grande y compleja de la historia del cine cubano, como me confesó aquí en Miami una noche Humberto Solas. Lo recuerdo como si fuera ahora: tomábamos una copa de vino y caímos en lo mismo de siempre, el cine, las películas, los amigos. Y fue cuando me dijo, sabes, yo tengo una deuda: agradecerle a Mario lo que hizo en “Cecilia”, y nunca se lo he dicho.
Nunca se lo dijo, y ya no va a poder, pero ahora estoy yo, para hacer el cuento.
Tony Somoza.
Publicado el diciembre 13, 2009 en OFICIOS DEL CINE. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.
Tony! No se quién debe agradecer a quién. Humberto me llamó a hacer Cecilia sin conocerme, no sabía nada de mí, no habíamos cruzado palabra y esa confianza depositada, no tiene precio en la vida profesional de una persona.
Una vez le dije a H.S que sin tí, sin Alina, Tania y Regino y la callada pero empecinada Lourdes, no habría podido hacer nada. Cecilia fue un equipo y una escuela muy grande desde todos los puntos de vista.
Aprendimos mucho y no sólo de cine. Agradeceré siempre a H.S esa película y todo lo que me enseñó y a tí ahora que hagas pública esta confesión de Humberto que por no dicha, no quedó menos demostrada en su afecto y amistad desde que hicimos Cecilia.
Los que conocimos a Humberto Solás, tuvimos la suerte del alma.Los que intentamos, aún, poner alguna cámara y decir algo, tenemos esa deuda.
Yo no tendría la salud y el talento que tuvo Mario Crespo pa asistir a Humberto en Cecilia…, trararía de que todo Cayo Hueso, les diera las palmas y entendiera que esa es una pincha enorme.
Recordar -y eso es parte de tu blog, Juani- a alguien como Tony Somoza, es un volver a sentirse joven: él es la juventud misma.
Después de muchos años, cuando vi el “making” de Cecilia; cuando uno recuerda ese documental de Mario y María Santucho; cuando uno se acuerda de Silvia Planas, uno dice que todas esas personas: el Mario y el Tony y muchos demases, siguen sentados en el ventrículo izquierdo de la bomba que me hace vivir.